sábado, 7 de noviembre de 2009

REGALO DE CUMPLEAÑOS PARA MI HIJA.

Solo cosas buenas tengo que agradecerte como padre.. Te quiero con todo el corazón.. y te deseo solo buenas cosas para hoy y siempre..
Debes saber que seguiremos juntos el camino, vos un poco delante mió. Pero sabes que siempre estaré cerca por si me necesitas.
Que el camino salga a tu encuentro.
Que el viento siempre esté detrás tuyo y la lluvia caiga suave sobre tus campos.
Que vivas por el tiempo que vos quieras, y que siempre quieras vivir plena y apasionadamente.
Recuerda siempre olvidar las cosas que te entristecieron, pero nunca olvides recordar aquellas que te alegraron.
Que el día más triste de tu futuro no sea peor que el día más feliz de tu pasado.
Recuerda siempre olvidar a los amigos que resultaron falsos, pero nunca olvides recordar a aquellos que permanecieron fieles.
Recuerda siempre olvidar los problemas que ya pasaron, pero nunca olvides recordar las bendiciones de cada día.
Que nunca se caiga el techo encima tuyo y que los amigos reunidos debajo de él nunca se vayan.
Que siempre tengas palabras cálidas en un anochecer frío, una luna llena en una noche oscura, y que el camino siempre se abra en tu puerta.
Que vivas cien años, con un año extra para arrepentirte.
Que tus bolsillos estén pesados y tu corazón ligero.
Que la buena suerte te persiga, y cada día y cada noche tengas muros contra el viento, un techo para la lluvia, bebidas junto al fuego, risas para que te consuelen de aquellos a quienes amas, y que se colme tu corazón con todo lo que desees.
Que veas a los hijos de tus hijos, que el infortunio te sea breve y te deje rica en conocimientos.
Que no conozcas nada más que la felicidad.
Te reconozco como una persona alegre –o sea, naturalmente dotada de buenas ondas- y considero que nadie puede reprocharte amarretismo, debes saber que te bastará proponértelo para que tu alegría se reproduzca en otras personas.
Donar alegría es uno de los más baratos gestos de generosidad, pero, aun así, se trata de una actitud humanamente rara, con muy pocos cultores. La alegría es contagiosa, se reproduce de la nada y no hay individuo que se haya visto privado de ella por el hecho de haberla despilfarrado. En serio, vos podes comprobar que cuanta más alegría despilfarres, más rápido ha de incrementarse tu capital de buenas ondas.
Desde luego, la alegría de buena calidad es difícil de conseguir, tal vez porque eso de regalarla sin esperar recompensa sólo está en la mente y en la naturaleza de seres humanos como vos, bastante raros. El mercado pone a disposición de los consumidores toda clase de alegrías de rezago, gruesas y chapuceras, pero las que verdaderamente halagan el espíritu suelen escasear tanto como cualquiera de los sentimientos importantes.
Declárate desconfiada de las personas apasionadamente inclinadas a la amargura.
La distribución de alegrías de buena leche es escasa por distintas razones: porque no se cultivan y porque, a diferencia de las tristezas, no tienen prestigio ni ratings. Ningún artista o escritor que ha inspirado sonrisas mereció la fama de los que hicieron sufrir o llorar, y ningún político alcanzo alguna cumbre sin apelar al ceño fruncido, al discurso duro y al dedo acusador siempre apuntando.
Es lamentable, pero también la angustia es contagiosa. Y, debe uno reconocerlo, sabe ingeniárselas para cosechar socios y simpatizantes.
Debes saber que compartir un dolor es dividirlo y compartir una alegría es multiplicarla. Olvidar cosas malas, también es tener buena memoria.
La mayor parte de las veces recibiremos de las otras personas lo que les damos y por eso debes tener cuidado. Recuerda siempre que sembrar es opcional, pero la cosecha es obligatoria, por eso debes tener cuidado con lo que siembras.
Me he propuesto ser feliz, porque se que no hay nada mejor para los hijos que recordar padres felices.
En cuanto a las decisiones que vas a tomar, debes saber que el que no está dispuesto a perderlo todo, no está preparado para ganar.
La pobreza no es una virtud, salvo que favorezca tu libertad. El conquistador por cuidar su conquista, se convierte en esclavo de lo que conquistó. Es decir, que jodiendo se jodió.
Espero haberte enseñado que la vida es el presente, por eso siempre te exijo que seas feliz hoy.
Pero no hay que ser pobre para alegrar al Barba, porque él no tiene problemas sociales. Por eso el sol y la lluvia son para todos. Dichoso el que no cambia el sueño de su vida por el pan de cada día.
Lo mejor de uno son los otros. Esa gente que le pone alas a nuestra vida, imagen, que te transforma en lo que somos, inmensamente ricos, en la condición que sea y donde sea. Siempre, con lo que tengas, se puede, se debe empezar de nuevo. Tenemos el deber de ser felices.
El Barba no nos va a preguntar que hicimos con la guita, sino qué hicimos con la alegría, inevitable para vivir. La vida es hambre o comilona. Vos elegís.

Querida hija mía, ojala mis viejos me hubieran regalado el día de mi cumpleaños, un día de sus vidas, espero que lo hayas disfrutado tanto como yo lo hice, me siento orgulloso de quien sos.
Te quiero mucho.Tu Padre.

sábado, 31 de octubre de 2009

El Carnet Vencido.

Mi hijo Toni estaba viajando desde Bahía Blanca y me pidió que lo fuera a buscar a la terminal de Choele Choel, distante unos diez kilómetros de mi pueblo.
Como a las 20 hs, monte en mi chiva vieja y salí. Ya llegando a Choele, a la altura de la calle Avellaneda por la ruta 250, me detiene un control policial en operativo. Se acerca un uniformado y me solicita la licencia de conducir y la documentación del vehiculo, llámese Tarjeta Verde.
Se lo entrego y me comunica que se encuentra vencido el carnet desde el 16 de noviembre del año pasado, es decir, que no tenia carnet, según me dijo el policía actuante, porque tener el carnet vencido equivale a no tenerlo.
La verdad no me había percatado del detalle por varios motivos. En principio se podría decir que soy de poco salir y luego cuando lo hago, lo mas lejos que voy es hasta Choele por algún tramite o como en esta oportunidad, a dejar o buscar a mis hijos en la terminal y este tipo de operativos son bastante esporádicos y mas de una vez no me detienen por ser un viejo conocido de la zona.
Lamentando el incidente, le solicito que me haga la correspondiente infracción, reconociendo que el carnet estaba vencido y de esa manera poder continuar con mi cometido de buscar a mi hijo a la terminal.
Fue entonces cuando el policía me dice que debo ir hasta el destacamento que se encuentra vecino a la Sociedad Rural a unos cinco kilómetros de donde nos encontrábamos. Inmediatamente le dije que si, que pasaba por la terminal a buscar a mi hijo y de allí al destacamento. Dijo que no había ningún problema, y arranco.
Un patrullero me sigue, y pienso que casualmente iba para el mismo lugar que yo, llegando a la terminal enciende la sirena y veo que por la Calle Kennedy, venían dos patrulleros más y una moto patrulla, todos con sus respectivas sirenas y luces encendidas. Ingreso a la playa de estacionamiento de la terminal y veo con asombro que todo ese despliegue policial también ingresa detrás. Estaciono y me bajo tratando de ver que es lo que estaba pasando porque no es muy común, digamos mas bien extraordinario, que se produzca una persecución policial de tal envergadura en la zona.
Es entonces cuando me sorprendo rodeado de al menos tres patrulleros y una motocicleta sumando en total unos ocho policías uniformados, armados y mostrando una hostilidad insospechada hacia mi persona.
Pregunto que paso, que fue lo grave de mis actos?.
A lo que me responden que estaba incurriendo en una resistencia y desobediencia a la autoridad, y me mencionan el Art. 239 del código penal, que por mi ignorancia desconocía, aunque es deber de cada ciudadano conocer cada uno y recordar de memoria los artículos del código penal.
Explico la situación y les digo que ni bien pueda encontrarme con mi hijo me presentaría en el destacamento sin ningún problema, ratificando mi identificación y mi domicilio, como para que no pensaran que era mi intención fugarme en una Chevrolet 89 mas conocida que la ruda, para nunca mas ser visto por la zona. En ese momento por medios radiales se comunican con el jefe del operativo quien llega al lugar en otro patrullero con tres policías más a bordo.
Yo me sentía como en Expreso de medianoche, un traficante de drogas, un asesino, un ladrón, pero en realidad estaba tranquilo porque sabía que mi falta se limitaba a tener el carnet vencido. El jefe del operativo entiende la situación y me permite esperar el arribo del micro pero con la custodia de dos policías. Yo voy hacia los andenes, entre al menos un centenar de personas sorprendidas y asustadas por el operativo al mejor estilo Hollywood, y averiguo que el micro llega en unos diez minutos. Vuelvo y les comunico a mis custodios policiales que me demoraría ese tiempo porque era lo que el micro tardaría.
Es entonces cuando uno de ellos me increpa diciendo a viva voz que me estaba declarando en rebeldía por lo que debía llamar nuevamente pero esta vez al jefe del destacamento quien vendría en persona para que yo le explique porque aun no iba a concurrir al destacamento.
Mientras lo espero decido tomar un café en la confitería de la Terminal y me hubico en una mesa en el interior de la misma. A los pocos minutos veo que un gran despliegue policial se esta produciendo en la puerta, donde ahora si, un gran numero de policías se mezclaban con la gente esperando mi resistencia porque tenía el carnet vencido. Un oficial se acerca a la mesa donde tomaba mi café y le pregunto si todo ese operativo era por mi falta gravísima de tener el carnet vencido.
-Me va tener que acompañar- dijo con tono autoritario el gorrudo.
Y salgo con él de la confitería donde inmediatamente me rodean al menos seis uniformados y camino entre ellos hacia la playa de estacionamiento. Nuevamente me ordenan que en forma inmediata debo ir al destacamento y les pregunto si no podíamos esperar a esta altura unos dos minutos mas para no desencontrarme con mi hijo. A lo que me respondió que no. Que ya mismo debía acompañarlo en calidad de detenido y ya sinceramente pensé en el valor que tiene el carnet de conductor vencido.
Pero accedí al pedido y me subí al patrullero y desde allí pude ver hacia la Terminal como la gente en gran numero presenciaba el espectáculo, de la detención del peligroso delincuente que había cometido el horrible crimen de no darse cuenta que tenia el carnet vencido.
Con las luces y las sirenas de dos patrulleros y una motocicleta soy llevado al destacamento donde me preguntan nuevamente mi nombre y apellido, domicilio y numero de documento. Grande fue mi sorpresa cuando escucho al oficial decir que iba a comunicar del acontecimiento al fiscal Flores con quien habla por te. Y aparentemente este le indica que se me notifique de mi procesamiento por el artículo mencionado.
En ese momento mi hijo era traído con su equipaje en el patrullero también al destacamento el que había sido notificado por dos policías, en cuanto bajó del micro, de que debía acompañarlos, todo esto frente a la misma cantidad de publico presente en la Terminal, entre los que, obviamente por ser una persona que ha vivido siempre en la zona, me conocen y también a mi hijo y que segura y tranquilamente pueden estar pensando en cualquier clase de delito grabe menos en que tenia el carnet vencido.
Así las cosas, me notifican del procesamiento y la causa penal que ahora me inician y que para retirar el vehiculo de la playa de estacionamiento de la Terminal tendría que buscar a alguien con el carnet en condiciones. En esto llega mi hijo…
-¿Que cagada te mandaste?- Preguntó.
- Se me venció el carnet.-
- ¿Y por eso todo este quilombo?
- Parece que es grave che. Me van a procesar-
- No jodas…
El oficial que escuchaba nuestra conversación comenzaba a llenársele de colores la cara.
- No te jodo. Se me venció el carnet y ahora tenemos que pedirle a alguien con uno en condiciones para que nos saque. Estamos los tres presos…
- ¿Quiénes tres?...
- Vos, yo y la chiva en la terminal… No la viste?
- Si, allá estaba, custodiada.
- Puedo usar el teléfono para llamar a alguien que nos venga a buscar?- Pregunte al colorido Oficial.
- No. No se puede usar el teléfono para cosas particulares.- Respondió el Oficial, con la vena yugular que le explotaba en el cuello.
Por suerte mi hijo tenía un celular y llamamos a un amigo de Luis Beltrán para que nos vaya a rescatar del mal trance. Si no hubiera contado con un celular seguramente aun estaríamos caminando por las instalaciones de la rural para ver si alguna vaca tenía el carnet actualizado. En conclusión después de dos horas de idas y venidas podemos recuperar la libertad… los tres.
Cuando llego a casa comienza a sonar el teléfono, muchos de mis amigos querían saber que era lo que me había pasado, con la lógica preocupación que produce este tipo de despliegues policiales y en el cual yo estaba involucrado, pero nadie sabía que se me había vencido el carnet. Agradecí la preocupación y lamente haberlos inquietado con mi carnet vencido.
Uno piensa… bueno, aquí termina la historia. Pero no. Error.
Como a los dos meses me citan a declarar en los tribunales penales.
Parece que la justicia también andaba sobrada de tiempo y personal y se dedicaron a investigar porque se me había vencido el carnet.
- ¿Sabe usted que esta procesado por infracción al artículo tal y tal del código penal, etc, etc. ¿Y que tiene derecho a que lo acompañe un abogado de su elección y si no tiene uno el estado se lo provee?...- Dijo la gordita que me atendió, disfrazada de abogada pero que apenas termino 5to, picoteando en una PC desvencijada por el traqueteo de tanto papel gastado al pedo.
- Yo no tengo recursos para un abogado que me defienda del carnet vencido.- Respondí- Así que nómbreme uno nomás…
- Bueno va a tener que ir a tal dirección en el segundo piso arriba del Banco Patagonia y pregunte por el Dr. Fulano de Tal que yo lo voy a llamar para que lo atienda.
A pata, el tipo salio pateando piedritas, o sea yo, a ver a mi abogado que no conocía, pero como era gratis, me causaba mucha gracia, con todo lo que he pagado de honorarios de estos cuervos por fin tenia uno gratis. Y andaba con tiempo para defenderme del carnet vencido.
Subí las escaleras y le di unos golpes a la puerta que me había indicado la gordita.
Me atiende la secretaria de la secretaria de mi abogado, que estaba para atender la puerta y cebar mates, pero disfrazada de abogada.
Le dije quien era y a lo que venia y dijo que enseguida me atiende el Dr.
Te hacen esperar un poco, como para disimular que están al cuete y al rato me hace pasar.
Me indicó por donde tenia la oficina el Dr. Y entré.
- Buenos días Dr.
- Pase, tome asiento- indicándome la silla y revolviendo los papeles amarillos de viejos que tenia cosidos con hilo choricero sobre el escritorio.
Me acomode y escuche que ya estaba al tanto del problema y haciéndose el simpático me dijo…
- Bueno este tema se puede resolver fácilmente.
- Me parece bien- dije yo, pensando que por fin alguien la tiene clara.
- Con cien litros de Gas Oil, nos olvidamos del tema y no te quedan antecedentes.
- Bueno- le dije- el tema es que yo uso una camioneta naftera. ¿No habrá una posibilidad que en vez de Gas Oil sea nafta?. Aunque sea común no importa…
- No, usted no entiende –me dijo- Usted es el que tiene que pagar cien litros de Gas Oil.
Entonces me puse serio. Estos tipos chuparon algo fuerte a la mañana temprano, pensé. Y allí nomás, haciéndome el caliente le dije que yo no tenia nada que pagar porque no había cometido ningún delito como para una condena semejante y que mas vale que me defendiera como corresponde porque para eso era mi abogado defensor, que no se abusara de mi pobreza porque había recurrido al defensor del estado, porque estaba dispuesto a vender lo que sea para pagar un abogado que le hiciera juicio a él, por incompetencia, si no me defendía como corresponde de mi carnet vencido.
Pidió que me tranquilizara y pregunto si quería declarar, de lo contrario podía negarme, que él me recomendaba no hacerlo y con eso no pasaba nada. Yo, la verdad, no entendía nada. ¿Porque no iba a declarar si tenia razón? Además lo que yo quería era declarar, así le daba trabajo a la gordita y de paso aprovechaba el viaje a Choele, ya que estaba. Me ordeno entonces que volviera al 30 y si tenía ganas de declarar que declare.
A pata, el tipo salio pateando piedritas, o sea yo, de vuelta al 30.
Pregunte por la gordita y me hicieron pasar a una oficina. Me senté al lado de la vieja computadora donde había estado antes y al ratito apareció la gordita.
- ¿Va a declarar?- preguntó.
- Si. –le dije y acomodándome en la silla, saque un cigarrillo y le pedí un cenicero.
- ¿Va a declarar? – Volvió a preguntar la gordita, mirando el reloj que marcaba casi el mediodía y ella seguramente quería tomarse el piojo a seguir descansando en la casa.- ¿El abogado le aconsejo que declare?- indagó.
- No. El me aconsejo que no lo hiciera, pero yo tengo ganas de declarar y voy a declarar – porque se me da la gana pensé, pero no iba a buscar bronca con la gordita que cumplía ordenes.
Cuando dispuso la vieja computadora, me aviso que empiece a declarar lo que había ocurrido la fatídica noche del carnet vencido. Me recomendó que lo hiciera despacio así podía escribir todo como yo lo contara.
Me hice hacia atrás cruzando las piernas, le di una pitada a mi cigarro y empecé…
- Resulta… que yo estaba en mi casa en Beltrán, cuando suena el teléfono. Atiendo y era mi hijo que esta estudiando en Bahía Blanca junto con su hermana y que como tenia unos días libres se venia a casa, por lo que me solicito que lo fuera a buscar a la terminal…
- No son necesarios los detalles.- dijo molesta la gordita.
Pensó que yo le estaba tomando el pelo, entonces le exprese que en realidad yo quería contarle como se sucedieron las cosas para que el juez entienda cuando lea el expediente que yo no iba a buscar un cargamento de drogas a la terminal, no pensaba fugarme, que no tenia intención de causar tantas molestias a la policía y menos a la justicia y mucho menos me había dado cuenta que tenia el carnet vencido.
La cuestión que después de una hora y media termine con mi declaración y la gordita la imprimió para que la firmara.
- Listo –dijo acercándome las cinco hojas de mi declaración- está tal y como usted lo declaró…
- Bueno pero yo acostumbro leer antes de firmar, así que si me disculpa quiero ver que todo este como corresponde a los hechos.
La gordita volvió a mirar el reloj y me apiade de ella y firme al pie de cada hoja.
- Esto es todo –pregunte-
- Si. Después lo va a citar seguramente el juez para que ratifique o rectifique su declaración.
La salude y me fui.
Ahora ustedes piensan… acá termina la historia. Pero no. Error.
Después de dos o tres meses, nuevamente recibo una citación al 30. El día y hora establecido, me presento y me comunican que el fiscal Flores me va a atender en unos minutos. Ya saben, la maniobra de siempre, te acomodas, esperas y cuando ya disimularon bastante, te hacen pasar.
- Buen día Dr.
-Buen día Norberto. Acá tengo el expediente del tema tuyo. Yo creo que con cien litros de Gas Oil arreglamos todo para que no te queden antecedentes. –comento como para que agarre viaje y terminar con el tema ridículo en que lo habían metido, según él, los milicos boludos.
- Yo ya le dije a mi abogado defensor que mi camioneta es naftera y si lo quieren arreglar así que me conformo con nafta común, que la chiva no es delicada.
- Pará que vos no estas entendiendo. El que tendría que poner el Gas Oil sos vos. –como si yo no me hubiera dado cuenta como venia la mano.
Me hacía pero no era.
- ¿Ya me condenaron entonces?. –pregunte-
- No. Esta citación es para que ratifiques o rectifiques todo lo declarado. –mientras iba pasando las cinco hojas de mi escueta declaración.
Le iba a pedir la declaración para revisarla nuevamente y después me dio lastima, ya había visto pasar mi firma en cada una de las hojas y simplemente me limite a decirle que ratificaba todo lo dicho.
- Bueno –dijo Flores- estos pelotudos encima han declarado que rectifican todo lo dicho. Si serán boludos.
Y agrego otros adjetivos, con los que yo estaba totalmente de acuerdo, pero no se lo dije.
Dado por finalizado el acto me despido deseándole buena suerte y que fue un gusto saludarlo.
Después de al menos tres años recibo una notificación del 30 en la que por motivos de caducidad de la causa se me exime de culpa y cargo en los autos caratulados Norberto Pirri s/infracción al art 239 del código penal bla bla.
Esta es la anécdota hasta aquí para todos aquellos que piensan que la policía y la justicia realmente no se ocupan de las cosas importantes que suceden en el Valle Medio.
Deben saber, que es tan vertiginosa en la resolución de los casos de asesinatos, robos a mano armada, tráfico de drogas y otros crímenes menores, que aun les queda tiempo y recursos para destinar varios efectivos y unidades móviles en la captura, detención y posterior procesamiento, a un vecino común sin antecedentes que tiene el carnet vencido. La justicia Señores… anda sobre ruedas, lo que quiere decir que además de ciega, es paralítica

viernes, 30 de octubre de 2009

No creas que siempre lo ves todo...

A veces la apariencia no es todo.
Me levante del banco, estire la chaqueta de mi uniforme de soldado y estudie a la muchedumbre que hormigueaba en el Centro Cívico de Bariloche observando el mejor ángulo para la foto. Buscaba a la chica cuyo corazón conocía, pero cuya cara no había visto jamás, la chica con una rosa en el pelo. Mi interés en ella había empezado trece meses antes en una biblioteca de Bariloche. Al tomar un libro de un estante, me sentí intrigado, no por las palabras del libro, sino por las notas escritas a lápiz en el margen.
Uno escuchó muchas veces anécdotas de la colimba y seguramente muy pocas tienen que ver con mujeres, normalmente uno se acuerda de aquel cabo o sargento que nos pegara un buen baile por dormir en la guardia o por no hacer como corresponde el cuerpo a tierra sobre el barro que deja la nieve.
Recuerdo haber estado tres días en el calabozo de la guardia por quedarme a pasar el primero de año en Las Grutas, pero la playa estaba hermosa y el sol doraba mi piel mientras hacia fiaca panza arriba y miraba las minas que pasaban, unas mas buenas que otras, cruzaba seriamente por mi mente la posibilidad de hacerme desertor.
De todos modos no me quejo, pasaron muchas cosas interesantes en ese año.
Mi carácter extrovertido y calentón siempre me destaco del resto de la tropa, eso me trajo algunos bailes extras y algunos beneficios. Al poco tiempo de haber terminado la instrucción en el campo y habernos instalado en el cuartel, me designaron presidente del club de soldados. De nuestro magro, casi ridículo, sueldo de soldado, nos descontaban unas chirolas para el club. Con eso había que comprar desde pelotitas de ping pong hasta algunos libros, que servían en los momentos de ocio. Mi antecesor en el cargo, un colimba de la 59, se destaco por ser muy conservador y cuando me hice cargo del inventario me encontré con unos cuantos mangos depositados en caja de ahorro en un banco de la ciudad.
Hice una lista de las cosas que hacían falta en el club y el resto decidí invertirlo en algunos libros. Mientras seleccionaba los que pudieran ser de interés me detuve en uno que llamo mi atención por aquellas notas en lápiz. La suave letra reflejaba un alma pensativa y una mente lucida. En la primera pagina del libro, descubrí el nombre de la antigua propietaria del libro, Ana Schumm. Invirtiendo tiempo y esfuerzo, conseguí su dirección.
Ella vivía en Buenos Aires. Le escribí una carta presentándome e invitándola a cartearnos, hoy le hubiera pedido el msn o el celu, pero tengan en cuenta que esto fue en la prehistoria, recuerdo haberme sorprendido con un radiograbador, imagínate, dos en uno, increíble proeza de la tecnología.
Durante el año y el mes que siguieron, ambos llegamos a conocernos a través de la correspondencia. Cada carta era una semilla que caía en un corazón fértil; un romance comenzaba a nacer. Le pedí una fotografía, pero ella se rehusó.
Ella pensaba que si realmente estaba interesado en ella, su apariencia no debía importarme.
Yo la imaginaba de distintas maneras, según las cartas que me escribiera y pensaba si algún día la conocería en persona. Seguramente hoy pasan estas situaciones con aquellas personas que se conocen en un chat del Internet. Pero en esos tiempos todo era mas lento, tan lento como el correo, la vida era mas lenta, quizás por eso se tienen mas recuerdos, hoy todo es tan rápido y efímero como el amor mismo. Te ibas a la cama con alguien después de meses de haberte conocido y hoy se van a la cama a conocerse. Algunas veces escuchas que tuvieron sexo pero no daba para preguntarle el apellido.

Cuando finalmente llego el día en que me daban la baja, fijamos nuestra primera cita a las siete de la tarde en el Centro Cívico de Bariloche.
Ella escribió: "Me reconocerás por la rosa roja que llevare puesta en el pelo." Así que a las siete en punto, estaba en el Centro, buscando a la chica cuyo corazón amaba, pero cuya cara desconocía.
Una joven venia hacia mi, y su figura era larga y delgada. Su cabello rubio caía hacia atrás en rizos dorados; sus ojos eran tan azules como flores. Sus labios carnosos y rosados, dejaban ver una dentadura perfecta, enfundada en su traje verde claro, era como la primavera encarnada. Comencé a caminar hacia ella, olvidando por completo que debía buscar una rosa roja en su pelo. Al acercarme, una pequeña y provocativa sonrisa curvo sus labios.
-¿Hola soldado?- murmuro.
Casi incontrolablemente, di un paso para seguirla y en ese momento vi a Ana Schumm. Estaba parada casi detrás de la chica. Era una mujer de más de cincuenta años, con cabello entrecano que asomaba bajo un sombrero gastado. Era bastante rellenita y sus pies, anchos como sus tobillos, lucían unos zapatos de tacón bajo.
La chica del traje verde se alejaba rápidamente. Me sentí como partido en dos, tan vivo era mi deseo de seguirla y, sin embargo, tan profundo era mi anhelo por conocer a la mujer cuyo espíritu me había acompañado tan sinceramente y que se confundía con el mío. Y ahí estaba ella. Su faz pálida y regordeta era dulce e inteligente, y sus ojos grises tenían un destello cálido y amable. No dude más. Mis dedos se apoyaron en las tapas gastadas de color azul del pequeño libro que haría que ella me identificara.
Esto no seria amor, pero seria algo lindo, algo quizás aun mejor que el amor: una amistad por la cual yo estaba y debía estar siempre agradecido. La salude y le extendí el libro a la mujer, a pesar de que sentía que, al hablar, me ahogaba la amargura de mi desencanto.
-Soy Norberto, y usted debe ser Ana Schumm. Estoy muy contento de que pudiera venir a nuestra cita. ¿Puedo invitarla a cenar?...
La cara de la mujer se ensancho con una sonrisa tolerante.
-No se de que se trata todo esto, muchacho –respondió- pero la señorita del traje verde que acaba de pasar me suplico que pusiera esta rosa en mi pelo. Y me pidió que si usted me invitaba a cenar, por favor le dijera que ella lo esta esperando en el restaurante que esta cruzando la calle.
Dijo que era algo así como una prueba.

No es difícil entender y admirar la sabiduría de Ana Schumm. La verdadera naturaleza del corazón se descubre en su respuesta a lo que no es atractivo. "Dime a quien amas, y te diré quien eres."

miércoles, 28 de octubre de 2009

Carta de una madre a su hijo.

Desde que se empezaron a conocer mis escritos, a muchos vecinos y amigos, les ha entrado el deseo de que se conozcan sus historias también. Algunos me cuentan episodios realmente increíbles y es verdad que la ficción jamás podrá superar a la realidad. Uno puede tener una brillante imaginación, pero les aseguro, al menos en mi pueblo, hemos superado lo imposible.
Hace un tiempo me encontré con un amigo de la infancia, que por motivos de trabajo se fue de Beltrán, en principio me agradeció por hacerle recordar su infancia y después me dio una carta que recibiera de su madre, como para que yo escribiera una historia. Después de haberla leído creo que hay cosas que no deben modificarse, porque son obras de arte y si las retocas es muy posible que la estropees. Me limito entonces a transcribírselas para que la disfruten.

Querido hijo:
Te pongo estas líneas para que sepas que te escribo. Así que si recibes esta carta es porque te llegó, si no, avísame y te la mando de nuevo. Te escribo despacio porque sé que no puedes leer de prisa.
De todos modos te cuento que nos han cortado el te, pero tu padre recién fue hasta la casa del vecino para llamarte desde allí, pero no te preocupes porque llevo nuestro aparato para que no gaste.
El otro día tu padre leyó que según las encuestas, la mayoría de los accidentes ocurren a un kilómetro de casa, así que nos hemos mudado más lejos. La casa es preciosa; tiene hasta una lavadora que no estoy segura si funciona o no. Ayer metí ropa, tiré de la cadena y no he vuelto a ver la ropa desde entonces, pero bueno.
El tiempo aquí no es tan malo; la semana pasada sólo llovió 2 veces.. La primera vez por 3 días y la segunda por 4.
Con respecto a la chaqueta que querías, tu tío Pepe dijo que si la mandábamos con los botones puestos pesaría demasiado y el envío sería muy caro, así que le quitamos los botones y los pusimos en el bolsillo.
El médico vino a la casa para ver si estábamos bien y me puso un tubito de vidrio en la boca. Me dijo que no la abriera por 10 minutos y tu padre se ofreció a comprarle el tubito. Hablando de tu padre, qué orgullo, te cuento que tiene nuevo trabajo con cerca de 1000 personas a cargo. Lo han ocupado de sereno en el cementerio del pueblo.
Tu hermana Julia, la que se casó con su marido, por fin dio a luz, pero como todavía no sé de qué sexo es, no te sé decir si eres tío o tía. Si el bebé es una niña, tu hermana va a nombrarla como yo. Se nos va a hacer muy rarollamar a su hija 'Mamá'.
Tu padre le preguntó a tu hermana Pilar que si estaba embarazada, ella le dijo que sí, de 5 meses ya; pero ahí tu padre le preguntó que si ella estaba segura que era de ella.. La Pilarica dijo que sí. Moza de hierro tu hermana Pilar, qué orgullo, de tal palo tal astilla.
No sabes lo contento que esta desde que tenemos en la Asociación Española, nuestro propio Circulo Italiano.
Por cierto, que tu primo Paco se casó y resulta que le reza todas las noches a la esposa, porque es virgen.
No se si sabias que tu padrino se ahogó en la cooperativa de vino en un tanque de Reserva Choele Choel, varios hombres trataron de salvarlo, pero él luchó valientemente contra ellos. Tardaron 3 días en apagar el fuego cuando lo cremamos.
Debo decirte que el tío Noé esta cada día mas bruto, lo encontré el otro día y le pregunte como anda eso y de muy mala manera me respondió que no sabe, que el vende YPF
A quien nunca hemos visto más por aquí es al tío Venancio, el que murió el año pasado.
Y tu hermano Juancho no puede ser mas despistado… Cerró el coche y dejó las llaves adentro cuando lo acompañe a comprar una batería porque le dijeron que tenía que traer la vieja. Tuvo que ir hasta la casa a buscar el duplicado para poder sacarme de adentro del auto.
Todos te extrañamos mucho, pero mucho más desde que te fuiste. Tienes que escribirnos contándonos que tal te va con tu nueva novia extranjera, no sabes como nos pusimos de contentos cuando nos dijiste que estabas en la cama con Hepatitis, ¿es acaso griega? pues no nos lo aclaraste aún.
Bueno mi hijo, no te pongo mi dirección en la carta, porque no la sé. Resulta que la última familia gallega que vivió por aquí se llevó los números para no tener que cambiar de domicilio.
Esta carta te la mando por Manolo que va mañana por allí. A propósito, ¿puedes ir a buscarlo a la terminal?
Si ves a Doña Remedios, dale saludos de mi parte; si no la ves, no le digas nada.
Tu madre que te quiere.

Isabel Martines de Hernández

P.D. Te iba a mandar 100 pesos, pero ya he cerrado el sobre.

domingo, 4 de octubre de 2009

Cuando apagas mas de 40 velitas.

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.
No hace tanto mi mujer lavaba los pañales de los chicos. Los colgaba en el tendal junto a otra ropita; los planchaba, los doblaba y los preparaba para que los volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas tengan sus propios hijos se encargaran de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales). ¡Se entregaron con patas y todo a los desechables!
Si, ya sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así andamos aun por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores. Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban como podían con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad.
¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por donde se entra.
Lo más probable es que lo de ahora está bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.
¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo los envases de tergopor del helado para guardar cositas! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!
Es que vengo de un tiempo en que las cosas se compraban para toda la vida.
¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza. Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.
¡Nos están fastidiando!¡¡Yo los descubrí. Lo hacen a propósito!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.
¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las Nike?
¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa?
¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?
¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se desecha y mientras tanto producimos más y más basura.
El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.
El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era chico por mi casa no pasaba el basurero!!¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de 50 años! .Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los chanchos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII). No existía el plástico ni el nylon.
La goma solo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan. Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban.
De por ahí vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el "guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo" pasarse al "compre y tire que ya se viene el modelo nuevo".
Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y la misma camioneta.
Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.
Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?
¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con que se consiguieron?
En casa tenemos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón es para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardamos...
¡¡Como guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡Guardábamos las chapitas de las gaseosas! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela.
¡Tooodo guardábamos!
Las cosas que usábamos: camisas de faroles, ruleros, jeringas y agujas. Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carretéeles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón. Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar.
Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón.
Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor. Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables.
Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del pateé de foad, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que una rosa.
Las cosas no eran desechables. Eran guardables.
¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver!!. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne! Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos.
Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con que intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía "este es un 4 de bastos".Los cajones guardaban pedazos izquierdos de perchas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una percha.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden "matarlos" apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada. Ni a Walt Disney.
Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: "Cómase el helado y después tire la copita", nosotros dijimos que sí, pero, ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas.
Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, los pistones del jeep en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella. Y me muerdo para no comparar valores que se desechan y los que preservábamos. Ah ¡ No lo voy a hacer!
Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable. Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.
Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer.
No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los viejos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.
Esto sólo es un comentario que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva.
Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la bruja me gane de mano y sea yo el entregado.

EL DIA QUE SARA CONOSCA A WALTER

El invierno ya daba sus últimos estertores, cuando Walter entro en aquel restaurante de renombre.
Un viejo cartel de madera en el fondo del local, como un homenaje a su fundador, iluminado apenas con dos faroles de jardín, indicaba que estaba en el lugar correcto.
Le habían dicho que en el restauran del alemán Shulember, encontraría lo ideal para calmar su apetito. Tomo una mesa junto a la ventana y aprovechando la luz natural de aquel día de primavera, se dispuso a hojear detenidamente el menú que estaba dispuesto en cada una de las mesas. Pensó que era el tiempo justo de cambiar su dieta de carnes.
Después de decidir por uno de aquellos manjares de vegetales perfectamente descritos, se quedo mirando el patio donde las rosas multicolores se combinaban con enormes cipreses que daban al lugar una hermosa vista que invitaba a la relajación. Sus cotidianos problemas con los cultivos y el clima que lo tenían preocupado fueron dando paso a una hermosa sensación de paz y tranquilidad.
Se sorprendió cuando una voz femenina lo rescato de sus pensamientos preguntándole si ya tenía decidido su pedido.
Una hermosa mujer de ojos tristes y de sonrisa fingida, parada junto a su mesa, esperaba distraídamente su respuesta mirándolo fijamente a los ojos. Después de tomar nota, la vio dirigirse a donde supuestamente se encontraba la cocina.
Pasaron escasos minutos y no pudo retirar sus ojos de aquella mujer que se acercaba con su comida en una bandeja.
- Mi nombre es Sara –dijo como respondiendo al interrogante de aquella mirada- Si desea algo, por favor, solo llámeme por mi nombre.
Dejo en la mesa lo que traía.
Walter no podía disimular que se sentía atraído por Sara. Bebió un pequeño sorbo de la gaseosa dietética y antes que se retire se animo a pedirle -viendo que era el único cliente del lugar- si podía compartir su mesa, que no estaba acostumbrado a comer solo y que se sentiría muy a gusto si charlaba con él. Sin decir nada, Sara dejo la bandeja en la mesa mas cercana y se sentó. Walter agradeció mientras retomaba el lugar en su silla después de amagar levantarse a modo de cortesía.
- ¿Usted no hace mucho que ha venido al pueblo? –pregunto Sara demostrando algún interés que Walter noto rápidamente.
Pero imaginó que aquel interés seguramente lo tendría con todos los clientes del lugar y que seria parte de las atenciones que lo habían hecho famoso.
Walter contó su historia reciente en el pueblo y se interesó por la vida de Sara.
Eso la sorprendió. A los clientes les gustaba hablar de sus proyectos y su vida pasada.
Ninguno se había interesado por la vida de la mesera. Se sintió alagada.
Cuando llego la hora del postre ya eran amigos. Conocían sus gustos y sus temores, algunos compartidos, como la lectura. Mientras compartían el café comentaron las novelas que estaban leyendo. Y Sara se lo imagino en el claustro junto a la chimenea, acortando las largas noches de invierno.
A la hora de pagar Walter no pudo disimular su perturbación. Dejo el dinero sobre la mesa y se despidió de Sara rápidamente con la promesa de volver otro día porque todo había estado a su gusto, la comida y fundamentalmente la conversación.
Cuando estaba girando sobre sus pasos para irse, Sara le dijo que no era necesaria la propina, que con los trece pesos de la cuenta era suficiente.
No la escucho y se fue. Sara se encogió de hombros y se dispuso a terminar la tarea del día mientras recorría en su memoria las compras para el siguiente. Cuando se percato que era viernes, miro la puerta por donde algunos momentos antes había salido aquel personaje. Después de haberle comentado muchas cosas de su vida, tomo conciencia que ni siquiera sabía su nombre.
Retomo el trabajo pero no pudo quitar de su mente aquel hombre amable con el que se sintió tan importante y su imaginación comenzó a tejer diversas historias posibles que fueran responsables de la superstición del cliente.
No pudo menos que sonreír por las contradicciones de los hombres.
De un golpe desplazo el carro de su vieja Olivetti y continúo transcribiendo el texto que le habían encomendado. El sol se desplomaba detrás de los cipreses, el aroma de las rosas penetraba desde el jardín y se dispuso a tomar un merecido descanso. Estiro sus dedos adoloridos y cerro los ojos.
Walter entro al restauran tomo una mesa junto a la ventana y aprovechando la luz natural de aquel día de primavera, se dispuso a hojear detenidamente el menú que estaba dispuesto en cada una de las mesas…

viernes, 2 de octubre de 2009

El Velorio de Kuwait.

Desde muy chico tuve algo especial con los velorios, en realidad con la muerte misma. Me detuve a pensar si es normal que se cuenten chistes mientras se le hace el aguante al finado. Y llegue a la conclusión que uno trata de restarle importancia a la muerte, de ningunearla, aunque inconciente, sabemos que es inútil ir mas rápido por la vida, ella en algún momento te alcanza.
Así que desde ese día cuando saludo algún deudo solo lo abrazo, no digo nada, total ya sabe porque vine. Es como si te acusan, todo lo que digas puede ser usado en tu contra.
Y como pasa la vida naturalmente viene la muerte y en el medio depende de vos lo que hagas con ese tiempo.
No recuerdo cual fue mi primer velorio, pero hay uno que nunca podré olvidar.
En el pueblo seriamos seis los que siempre estábamos juntos en el camino de la vida.
Fueron muchos años de compartirlo todo. Pero ya te dije. La parca te alcanza en algún momento. Y lo alcanzo primero al negro Calfin, que le decían Kuwait porque estuvo 150 días tomado.
El negro era un buen tipo y más ahora que estaba muerto. Porque hasta los más jodidos cuando mueren se convierten y todos se acuerdan de lo bueno que era el finado.
Pero este era bueno en serio. Pero chupaba. Nos enteramos que había muerto porque en el hospital no lo reclamaba nadie y se acordaron de nosotros, sus amigos de siempre.
Nos juntamos en el taller y decidimos que Kuwait merecía un velorio con los que el hubiera querido estar.
Fuimos a buscarlo y organizamos todo para estar solo nosotros con el. Total quien se podría ofender si no le prestaron atención en vida.
Compramos asado, pan, bastante vino y lo llevamos al taller.
Kuwait siempre andaba de traje con un sombrerito petitero que le daba pinta de malebo del 900.
Lo acomodamos en una silla cerca del fuego donde siempre charlábamos mientras se hacia el asado y al principio nos pareció extraño que no dijera nada, pero después de media hora era normal que quedara mudo. El chupaba.
Cuando estuvo listo el asado, como de costumbre, lo arrimamos a la mesa.
Comimos. Contamos las mismas anécdotas de siempre y Kuwait… callado nomás.
Después pensamos que Kuwait, merecía un velorio como la gente.
Pero eso cuesta plata y no estábamos para gastos.
- El Salón Comunitario del Santa Cristina te lo prestan para estos casos.- comento José Salinas.
- Que hacemos con Kuwait? – pregunto el Ruso.
-Y lo llevamos – le dije- Quien se va a dar cuenta que esta muerto?
Lo sentamos detrás del asiento del conductor en la combi, le pusimos el cinturón de seguridad y partimos.
Cuando llegamos nos atendió doña Carmen. Nos dijo que no tendría ningún problema en que lo veláramos allí pero que tenia que ser en un cajón y que ella no lo preparaba, que lo tendríamos que hacer nosotros. Y donde conseguimos un cajón a esta hora pensé.
El único que tenia guardia para estos casos era Valentíni, pero en Choele.
Le dije a doña Carmen que acomodara el Salón que volveríamos enseguida y salimos.
Íbamos llegando a Choele cuando nos paró la cana.
-Buenas noches- dijo el milico- carné de conductor, tarjeta verde…
Miraba de reojo a Kuwait.
-¿Parece que esta muerto el amigo? – Bromeo el milico.
- Si, se tomo todo el vino- comento el Ruso. Y no estaba equivocado porque en tantos años de curda era mucho lo que se había tomado.
- No lo dejen manejar a la vuelta – recomendó. Y ordeno que continuemos.
Efectivamente en la funeraria pudimos comprar un cajón donde calculamos que estaría cómodo nuestro amigo.
Regresábamos y otra vez la cana. El mismo milico nos reconoció y nos dijo sonriente…
- Ah, disculpen muchachos ustedes son los del muerto… sigan nomás… pero pónganlo a dormir la mona porque esta duro el hombre.
- Este no se despierta más. –Comento el ruso-
Cuando nos alejamos un poco, José Salinas que no era de mucho hablar concluyo lo más tranquilo…
- Si tenes el carné vencido te procesan, pero podes dedicarte a pasear los muertos que estos encima te dan consejos.
En el Salón doña Carmen tenía todo listo. Había acomodado en una pared del costado un crucifico, dos candelabros grandes uno a cada lado, dos caballetes de las mesas que usaban en el comedor para que pusiéramos el cajón y varias sillas contra la pared.
Al fondo y a un costado había una mesita con caramelos y ya tenia listo el café.
Bajamos a Kuwait entre dos y dos mas acomodaron el cajón en los caballetes. Lo metimos como pudimos lo peinamos un poco le cruzamos las manos y arriba el sombrerito petitero. Nos quedamos mirándolo un momento y doña Carmen pregunto…
- ¿Van a estar ustedes solos muchachos?
Cruzamos miradas pensando en quien faltaba, pero estábamos todos.
Entonces doña Carmen dijo que alguien tenía que rezar y que no era bueno que nadie lo llore porque se podía ofender el espíritu del muerto.
Ninguno de nosotros estábamos en condiciones de hacer la tarea. Doña Carmen entendió con nuestro silencio que debería ocuparse de esos detalles. Se calzo un ponchito y salio.
Nosotros nos servimos café.
Al rato llegaron varias viejas que se acomodaron en las sillas rodeando el cajón. Una, se encargo de los padres nuestros y otra de los Ave María.
Desde donde yo estaba alcanzaba a ver a las viejas con el cajón en medio y la puerta de entrada.
En eso se abrió la puerta de un golpe y entro Antibiótico, un compañero de curdas de Kuwait, que le decían así porque se tomaba cada ocho horas y se veía que estaba bajo los efectos de uno muy potente.
Parece que ya se había notado la ausencia de Kuwait y por supuesto primero en los bares conocían la noticia.
Antibiótico se arrimo despacito al cajón y haciendo gestos pretendía aclarar la vista y se tambaleaba.
- No somos nada. – Comento resignado- Te dije que no chuparas más, ¿viste lo que te paso? – le reprochaba a Kuwait.
Se quedo un momento allí como esperando respuesta de Kuwait y caminó hacia donde estábamos nosotros.
-¿Qué tal muchachos? – saludo. Y sobre la pata agregó…
-Si tuvieran algo fuerte para pasar el mal momento, se los agradecería.
Estaba muy claro que el daba consejos pero no los ponía en practica.
Las viejas seguían rezando y yo me preguntaba si alguna vez Kuwait lo había echo.
El chueco Roldán comentaba que en esos días había perdido un caballo, que lo estuvo buscando por todos lados y que sospechaba que se lo hubieran comido.
Antibiótico escuchaba y enseguida acuso a Firulete porque lo había visto con plata y ahora entendía todo.
Ya estaba aclarando cuando llego La Marta, la campera de lana al revés para que no se viera la mugre, una media de cada color, alpargatas bigotudas en chancletas y barbuda como nunca. Miraba para todos lados buscando con quien llorar pero todas rezaban.
Se paro al lado del cajón, moqueó un rato y se arrimo para el fondo.
Cuando la vi venir decidí que era un buen momento para salir a fumar un cigarrillo, no vaya a ser cosa que me agarre justamente a mi para desahogarse, no se de que porque a Kuwait apenas lo conocía. Pero conociéndola sabía que siempre andaba con ganas de llorar y de babosear a alguien. La esquive con lo justo y salí.
Ya estaba de día. Lindo sol de primavera. Una vieja pasaba en bicicleta y pregunto quien era el finado. Le dije y voleo la pierna. Recostó la bicicleta en una planta de la vereda y se metió. Ya era un velorio exitoso pensé.
Estaba dando la última pitada a mi cigarro cuando lo veo a Cochengo que viene en el Rastrojero. Lo paro y le pregunto si tendría algún problema en venir como a las diez para llevar a Kuwait hasta el cementerio así las viejas podían ir en la combi y nosotros caminando. No puso ninguna excusa porque tenía tiempo de dormir un rato ya que él venia del bar de Fuentealva y estaba enterado de la desgracia.
Recien cerraba Fuentealva y cada borracho a su casa. Cuando miro la puerta del Salón veo que entran dos al velorio. Me apuro y entro detrás de ellos. Sorprendidos los curdas que pensaban haber encontrado otro bar para seguir chupando.
Uno le dice al otro:- Ramón, mira la vieja esa como llora.El otro le contesta:- Cállate, y vamos a escuchar que dice...Y la mujer dice:- Se lo llevan donde no hay agua, donde no hay comida, donde no hay luz, donde no hay mujeres...Y el borracho preocupado le dice a Ramón:- Ramón, rajemos que lo llevan pa' tu casa !!!!
Como pueden giran sobre sus pasos y salen.
Me corro hasta el fondo, veo que ya había llegado el cura para despedir a Kuwait y estaba sentado al lado de Antibiótico que leía el diario.
El cura finge que Antibiótico no existe y disimula su incomodidad. Al rato, Antibiótico mira al cura y le pregunta:- Oiga buen hombre! Puede decirme qué cosas causan artritis?El cura, molesto, le responde en tono sarcástico…- Ciertamente la vida relajada, el andar frecuentando mujeres mundanas, los excesos con el alcohol y todas esas porquerías...!!!- Dios me libre!!!! -responde Antibiótico volviendo a su lectura-.El cura, pensando en lo que dijo al pobre infeliz, decide disculparse y le dice en tono comprensivo…- Disculpe usted, no quise ser tan rudo... ¿Desde cuándo sufre de artritis?.- Yo, nunca la padecí, padre! Sólo estaba leyendo en éste diario que el Papa la sufre hace unos meses.
Yo a estas alturas pensaba en el pobre Kuwait, que si no hubiera estado muerto lo bien que lo hubiera pasado en su velorio. Pero de cualquier forma sentí satisfacción, supe en ese momento que todo estaba como hubiese querido Kuwait.
Llego el momento de llevarlo al cementerio y por allá apareció Cochengo que ya había dejado el rastrojero en la puerta del Salón.
El cura dio el último responso, nos despedimos de nuestro amigo y cerramos el cajón.
Cada uno de nosotros tomo una manija y Antibiótico se prendió también.
Cuando salíamos trastabilló y una vieja le dijo que fuera con cuidado a ver si se caía el cajón. Antibiótico la mira y le dice…
- No se preocupe señora el que va adentro esta muerto.
Cargamos el cajón en el Rastrojero, subieron las viejas en la combi y nosotros caminamos atrás camino al cementerio.
Habíamos salido del pueblo cuando veo que el chueco Roldán se sube a un terraplén de un desagüe y mira con mucha atención para adentro de una chacra.
Al rato se nos une en la procesión. Veo que ha cambiado el semblante y le pregunto…
-¿Que mirabas allá chueco?
- Desgracia con suerte –me dice muy serio- Murió Kuwait pero encontré el caballo.

La Imaginación.

Por estos días estoy preocupado por algunos de mis amigos, que son los amigos de mi hijo, con los que estaré siempre agradecido por dejarme ser parte, por no hacer la diferencia que muestran los años.
Yo se, por experiencia que nos es fácil encontrar el camino cuando tenés veintipico.
Cuando la Argentina se debate en manos de incapaces y ladrones.
Cuando no podes programar mas allá del día a día.
Cuando un funcionario tiene el gobierno soñado y la realidad muestra que cada día hay menos posibilidades para los jóvenes que quisieran vivir dignamente algún día.

Estaba pensando en estas cosas y recordé una antigua leyenda de la Edad Media en la que un
hombre muy virtuoso fue injustamente acusado de haber asesinado a una mujer.
En realidad el verdadero autor era una persona muy influyente del reino y por eso desde el primer momento se procuró un chivo expiatorio para encubrir al culpable.
El hombre fue llevado a juicio ya conociendo que tendría escasas o nulas oportunidades de escapar al terrible veredicto... ¡ la horca !

El juez, cuidó no obstante de dar todo el aspecto de un juicio justo, por ello dijo al acusado:
"Conociendo tu fama de hombre justo y devoto del Señor vamos a dejar en manos de él tu destino."

Vamos a escribir en dos papeles separados las palabras culpable e inocente, tú escogerás y será la mano de Dios la que decida tu destino.

Por supuesto el mal funcionario había preparado dos papeles con la misma leyenda 'CULPABLE', y la pobre víctima aún sin conocer los detalles, se daba cuenta que el sistema propuesto era una trampa. No había escapatoria.

El juez le dijo al hombre que tomara uno de los papeles doblados. Éste respiro profundamente, quedó en silencio unos cuantos segundos con los ojos cerrados y cuando la sala comenzaba ya a impacientarse abrió los ojos, y con una extraña sonrisa hizo su elección, tomó uno de los papeles y llevándolo a su boca... se lo tragó rápidamente.

Sorprendidos e indignados los presentes reprocharon airadamente: "¿Pero qué hizo?, ¿y ahora?, ¿cómo vamos a saber el veredicto?"

-"Es muy sencillo"- respondió el hombre. "Es cuestión de leer el papel que queda y sabremos lo que decía el que yo elegí".
Con rezongos y enojo mal disimulado debieron liberar al acusado y jamás volvieron a molestarlo.

Por eso amigos, cuando todo parezca perdido, usen la imaginación.

SABIA REFLEXION

Muchas veces... cuando Llorás... nadie se percata de tus lágrimas...
Muchas veces... cuando estás triste... nadie se percata de tu tristeza ...
Muchas veces... cuando estás preocupado, nadie se da cuenta de tu preocupación...
Muchas veces... cuando estás deprimido nadie nota tu depresión...
Muchas veces... cuando estás feliz... nadie se percata de tu sonrisa...
Pero...tirate un pedo, aunque sea chiquito,
o sacate un moquito, haciéndote el disimulado...
y no es joda, vas a ver que por lo menos 2 ó 3 hij*s de mil p*t* se dan cuenta de lo que estás haciendo!!!

viernes, 18 de septiembre de 2009

Filosofias Callejeras.

- Mi amigo Chijete fue comunista hasta que el capitalismo le dio una oportunidad. Y es comprensible: el joven que no es socialista no tiene futuro y el adulto que no es conservador es que no tiene cabeza.

- Yo siempre dije que el dinero no hace la felicidad, pero la pobreza menos, así que decidí pasar esta desdicha que es la vida, con comodidad.

- Un día le dije a mi hijo: “ Siéntate ahí que vamos hablar del sexo.” Mi hijo, con doce años, se quedó mirandome y me dijo: “ ¿Qué quieres que te explique, papá?”

- La maestra de mi pueblo se llamaba Dorotea. Era muy respetada por todos. ¡ Por eso se marchó del pueblo, para ver si tenía más suerte!.

- Mi abuelo persiguió a las mujeres hasta los noventa años. Pero ya no se acordaba para qué.

- Usted bebe mucho, le dijo el médico a mi abuelo que tenía el mal de Parkinson. Y mi abuelo le dijo: no crea se me cae bastante.

- Si la revolucion es el orgasmo de los pueblos, entonces somos el pueblo de nunca acabar.

- Hubiera preferido que me educaran sexualmente, a que me enseñen logaritmos, porque de los logaritmos hago poco uso.

- No votes, tu voto es tu coartada.

- El Congreso sirve para algo. Las Palomas.

- Vive cada día como si fuera el último, un día acertarás.

- Las leyes son como las salchichas, mejor no ver como las hacen.

- A los que estan de acuerdo con la pena de muerte, habria que fusilarlos.

- Volvere y sere remeras. El Che.

- Argentina dentro de poco será un paraiso. Vamos a andar todos en bolas. Chijete.

- En Luis Beltrán no faltan cloacas. ¡¡¡ Sobran Cagadas!!!

- Mas vale pájaro en mano que enfermedad venerea.

- La justicia Argentina anda sobre ruedas, o sea que ademas de ciega, es paralitica.

domingo, 13 de septiembre de 2009

UN VIAJE AGOTADOR

Del repollo que trajo la cigüeña con la semillita que había puesto mi papá en la panza de mi mamá…. La cuestión es que aquí estoy. Una vieja se acerco y me entere que mi viejo se parecía a mi, seguro por la cabeza pelada del Sr. Que lloraba cuando me vio. Yo me asuste porque no le había hecho nada para que se pusiera así y el perro fue el que volteo la olla.
Me preguntaron si quería -Aaajjooo Aaaajjooo- y lo guarde por si aparecía ese tal Drácula mostrando los dientes nuevos que el pobre ratoncito debe haber echo mucha fuerza para llevar y anda a saber cuanto abría tenido que pagar.
Pero después me entere que Ali Baba había venido con los cuarenta ladrones y menos mal que estaba Cachabacha y le dijo a la Cabra que abra la pata, pero ella no hizo caso entonces el Gordo le pego al Flaco en la nariz y le empezó a crecer porque estaba mintiendo. Dijo que lloraba porque el Príncipe se enamoro de una chica toda sucia con ceniza que había perdido un zapatito de vidrio, eso no se lo cree nadie. Menos Don Sherlok que vino a buscarlo con una lupa acompañado de Watson, yo me reí mucho porque pensaban encontrarlo sanito después de caer por la escalera. Cuando llego lo estaba esperando Batman y Robin para preguntarle si su asistente era pariente del Guason. El payaso que se robo las pinturas de la vieja y tenia una sonrisa muy fea. Pero mas feo era pisar caca descalzo por eso me subí a la alfombra de Aladino que le había prestado el Genio que dormía adentro de la lámpara. Desde arriba veía como los Enanos ataban a Gulliber. Yo les grite que liberen a Willy, pero no me hicieron caso. Ya que estaba fui hasta el polo Norte y le pregunte a Superman si me daba una mano, pero estaba ocupado acomodando la criptonita en la calabaza para llevar a una fiesta a la Princesa que se había comido una manzana que le había dado la serpiente y tenía frió porque en el otoño se le cayo la hoja de parra. Me despedí y en la otra cuadra lo encontré a Papá Noel alimentando a los camellos porque tenía que ir a visitar a un chico que estaba en un pesebre. Le pregunte por los otros dos y me explico que estaba confundido que él trabajaba solo y que los camellos no tienen cuernos y viven en el desierto y son mas lentos que los renos, por eso los tres salieron antes siguiendo un Lucero, pero llegaron como 12 días después. Yo no le dije nada, pero estaba convencido que tardaron tanto porque venían mas cargados y además el niño todavía no tenia zapatitos para poner en la ventana. Tire una piedra y caí en el Cielo, menos mal que mi vieja estaba equivocada y no te vas al infierno por tirar piedras, volví saltando en una pata y cuando llegue a la Tierra me dieron las bolitas, la japonesita y la tiradora, dos de mis preferidas que perdiera en el hoyito. Casi me agarra la soga y tuve que seguir saltando hasta que vino el lobo que se estaba vistiendo después de comerse a la abuelita. Caperusita nos convido con chocolates Jacks y el Sr. Neurus lo encerró a Larguirucho en la jaula de la lechuza, mientras Serrucho cantaba…
- ¡¡Chi qui ti taaa dime porqueeeee !!
Con Hijitus nos cruzamos en frente para decirle a la vecinita que no le diga a Oaki que estaba locoloto porque de día tira besitos y de noche sueña con ella. Oliver nos atendió muy atento pero la vecinita no estaba. Yo había dejado estacionada la alfombra en la calesita y me la habían pisoteado los caballos. Me subí al primer barco que paso pero no los pude alcanzar porque se hundió cuando choco con un témpano. Yo creí que me ahogaba cuando a mi lado paso el Corcel Negro y me prendí de su crin. En la playa el sol me quemaba. Entre corriendo en el mar y una ola me envolvió, el Capitán Nemo me subió al Nautilus, un submarino que no era amarillo como el de los Beatles, y me llevo a pasear como 20.000 Leguas debajo del mar. Cuando me dejo en el cine Los Tres estaban Chiflados y el pelado se parecía a mi viejo, pero nunca le dije nada. En el intervalo me compre una Rodhesia y me fui a mi casa. Justo cuando el Pato Donald terminaba de contar alcance a esconderme y encontré la piedra libre en el momento que descubrían a Popeye comiendo espinacas porque Brutus le estaba dando un besote a Olivia.
En ese momento me acorde que no había hecho los deberes que me daba la Maestra Ciruela y estaban redifíciles, menos mal que Petete siempre me ayudaba y pude hacerlos rápidamente. Las Carabelas de los ingleses que vinieron a invadirnos se las llevo Cristóbal Colon y descubrió que el huevo podía quedarse parado. La Reina Catolica le presto unos pesos a Don José de San Martín y se fue de vacaciones a esquiar a la cordillera. Cuando le pregunte a mi viejo donde estaba la cordillera de los Andes me dijo que le pregunte a Mamá que es la que guarda todas esas cosas.
A esa hora del día tenia que bañarme, cenar e irme a la cama. Antes le dije a mi mamá que le diga a Colorín que a mi el colorado no me gusta y a este cuento lo pinto de alegría.
SAFARIZANDO LA VIDA

Fue en ese momento, cuando la adrenalina explota en la sangre, cuando te inundas de olores….
Aceite.
Calor.
Campo.
La bandera Argentina cayo….
Los leones rugieron y dio comienzo la vida.
La ignorancia de lo que vendrá freno mi exaltación, tenia una vida a recorrer.
Sabía que no era una paloma y que no seria el cielo quien me diría como llegar.
Se cruzo un sinnúmero de Jarillas que me vieron pasar y otras que sufrieron, por estar aferradas al suelo que yo debía pisar, mi arrogancia no les presto atención, no eran fuertes, limitadas a su suerte.
Deje de gatear cuando vi el primer cañadón, me puse de pie y el Matasebo estallo en mi mente descubriendo el poder que tenia en mis manos.
Aun soberbio me dio a pensar que nadie con ese nombre me detendría y lo cruce.
Y me encontré con la angustia, nadie lo había vencido.
Suspiro.
Sabor amargo vencer lo virgen con arrogancia y soberbia.
En adelante conocí el respeto. Fue el Piquillín, cuando estaba perdido y me dijo, mostrando el musgo de su lado oscuro, donde estaba el norte y madure.
El camino se torno más suave, plano, limpio, verde, perfumado, sediento y grande, muy grande.
Solo.
Monte.
Sol.
Arena.
Chañar.
Amigos.
Asados.
Luchas.
Grasas.
Sudores.
Miedos.
Luces.
Sonidos del silencio.
Bandera a cuadros.
Palmas.
Euforia.
Brindis…….. y la calma.
* El Velorio de Don Jacinto.

Estaba de visita en la casa de un amigo, cuando apareció un paisano con cara de circunstancia.
- ¿ Que te pasa che que andas con cara de perro que a perdido al dueño? – Le preguntó Rosendo, que así se llamaba mi amigo.
- Se murió Don Jacinto…
La noticia se corrió de boca en boca a una velocidad extraordinaria. En pocos minutos todos estaban enterados en las cuatro cuadras de Ramos Mexía, pero también todos dudaban que fuera cierto.
- Se murió Don Jacinto…
- No puede ser, si ayer estuvo acá lo mas bien; si era joven, no llegaba ni a los cincuenta todavía.
Era difícil creer que Don Jacinto ya no era alma de este mundo.
Lo más trágico era que Don Jacinto había sido una especie de benefactor de la gente de Ramos y la Colonia Yaminué. Le hacía un favor a cualquiera que lo necesitara sin esperar recompensa. Prestaba pequeñas cantidades de plata sin interés, daba carne de oveja a las ancianas pobres, le compró zapatos a muchos pibes descalzos, daba remedios a muchos enfermos sin recursos. En fin, Don Jacinto tenía un gran corazón. Y mira vos como son las cosas, justamente Don Jacinto había fallecido del corazón. Un fulminante ataque cardíaco, sin previo aviso, que no dio tiempo de hacer nada por él, le arrebató la vida. Como bien dijo doña Maria Salim…
-Lo bueno… o se va… o se muere. Todos fuimos pasando de la sorpresa a la tristeza, de la tristeza a un sentimiento de desgracia, y de la desgracia a la resignación.
- Dios sabe lo que hace. - Sentenció Don Ángel Antenao.
Ahora lo único que podíamos hacer por él era acompañarlo en su velorio. Pero ir al velorio de Don Jacinto requería que todos nos pusiéramos de acuerdo y nos organizáramos, porque vivía en el campo fuera del pueblo.
Don Jacinto vivía a unos cinco kilómetros de Ramos por una picada polvorienta que conducía al Bajo.
Muchos decían que caminar de noche por esa picada era peligroso porque asustaban los malos espíritus.
Había que pasar una quebrada donde aseguraban que salía la luz mala. Por eso nos organizamos en dos grupos, los que nos iríamos a pie, y los que se irían en el camión de Antenao.
Se recomendó que nadie se fuera solo después de las seis de la tarde. Yo me anote para ir a pie, no lo conocía mucho al finado, pero no iba a dejar que mi amigo fuera solo. Y en el camión de Antenao solo irían las personas mayores, que por su edad tienen dificultades para caminar. De todos modos nos juntamos todos en la Estación del otro lado del boulevard de la ruta 23 que cruza el pueblo y empieza la picada polvorienta que nos llevaba a la casa de Don Jacinto .
El camión llegó puntual a las siete de la noche y se subieron todos los viejos. Costó trabajo subir en la cabina a doña Dominga Pallalef por su avanzada edad y las dificultades que tenía para moverse, pero entre tres hombres la subieron al camión. El resto del grupo, que éramos más de cincuenta personas, comenzamos a caminar. Cuando pasamos por el lugar donde espantaban los malos espíritus las mujeres comenzaron a rezar el rosario, luego llegamos a la quebrada donde aparecía la Luz Mala, allí hicimos un alto, nos quitamos los zapatos y las medias, nos enrollamos los pantalones y pasamos el arroyo, al otro lado repetimos la operación al revés, nos pusimos de nuevo las medias y los zapatos. Por suerte a nadie se le apareció la Luz Mala. Cuando llegamos a la casa de Don Jacinto, ya había bastante gente en su velorio.
El gran patio de tierra de la casa de campo había sido iluminado con una extensión eléctrica que tenía más de veinte focos, allí habían puesto varios bancos que habían pedido prestado en la iglesia católica y la evangélica y la gente se juntaba en grupos, sentados charlando sobre la vida del difunto.
En el alero de la casa había mas de 20 pollos colgados, recién pelados, y un capón colgado que lo habían abierto en canal, toda esa carne lista para la parrilla que seguramente pondrían a la madrugada.
En la cocina ya estaban listas varias docenas de empanadas y jarras grandes de café, amontonados en una esquina un montón de bolsas con pan de galleta y tortas fritas. Todo parecía que hasta después de muerto Don Jacinto iba a hacer su última obra benéfica, dándonos de comer a tanto hambriento que llegábamos a despedirlo. En el interior de la casa, habían quitado las cortinas de arpillera que dividían la sala de los dormitorios, con lo cual quedaba un gran salón, donde estaba el cajón que contenía el cuerpo de Don Jacinto y varios bancos ocupados todos por mujeres que rezaban el rosario, dirigidas por una rezadora profesional, contratada para esos efectos. Después de dar varias vueltas por el patio y recorrer el alero, yo me paré en la puerta desde la que se distinguía bien el cajón y las rezadoras al mirar para adentro, y una panorámica del patio al mirar para afuera. Allí estaba yo paradito, observando con curiosidad el cajón de Don Jacinto, cuando pasó algo que me heló la sangre. Comencé a ver que muy despacito se iba abriendo la tapa del cajón y una mano comenzaba a asomarse. Quería pegar un grito pero la lengua se me puso gruesa y tiesa y no emitía ningún sonido. Quise correr pero no me respondían las piernas, las tenía como congeladas o pegadas al suelo. Con horror me di cuenta que todas las rezadoras que tenían los ojos cerrados por la devoción, no se daban cuenta de lo que sucedía, miré angustiado al patio y allí todo pasaba con la normalidad de un velorio. Logré observar que al final del patio, en el alambrado que daba hacia los corrales, había una pequeña salida en forma de Y pero no me servía de nada porque no podía moverme, ni hablar de correr.
Un sudor helado y abundante me había mojado toda la camisa, el corazón me rebotaba con tanta fuerza que sentía que se me saldría por la boca.
De pronto Don Jacinto empujó con fuerza la tapa del cajón abriéndola de un solo golpe, se sentó, y ante la mirada horrorizada de todas las mujeres que con el golpe abrieron los ojos Don Jacinto exclamó
-¡¡Qué pasa acá!!.
El grito de Don Jacinto me devolvió la movilidad en las piernas y salí corriendo como loco hacia el final del patio donde había visto la salida en forma de Y. En mi carrera choqué con una vieja que servía empanadas, la que cayó de panza encima de un grupo de personas que estaban sentadas.
Una vieja me dijo
-Gringo tonto…ya andas en pedo.
Pero yo no estaba para pedir disculpas, seguí corriendo como en una carrera de obstáculos hasta que llegué a la pequeña salida. Al llegar al alambrado me sentí un poco mas seguro y miré hacia atrás. Ya en ese momento todos en el patio se habían parado y veían lo que pasaba en la entrada de la casa. Todas las mujeres se habían atorado en la puerta queriendo salir al mismo tiempo, algunas lo lograban a gatas y comenzaban a correr como condenadas dando gritos…
-¡¡Se levantó don Jacinto!! ,¡¡Se levantó don Jacinto!!.
En un primer momento, nadie en el patio sabía que pasaba, algunos se rieron y pensaron que las mujeres son cagonas y hacen escándalo de cualquier cosa. Pero cuando terminaron de salir las histéricas mujeres, detrás salió don Jacinto, quien volvió a exclamar a todo pulmón.
-¡¡Qué pasa acá!!. En ese momento hubo una locura colectiva, todos empezaron a gritar y a correr, chocaban unos con otros, muchos se caían al tropezarse con los bancos. Alguien en la carrera se enredó en la extensión eléctrica y cortó la luz. La oscuridad aumentó la confusión y los gritos. Un señor corriendo en lo oscuro chocó con el capón que estaba colgado, y ambos cayeron al suelo, el señor gritaba…
-¡¡Ay Dios mío… me agarró el muerto!!.
En la confusión le dieron vuelta a la olla de las empanadas, y varios se resbalaban y se caían reventando muchas de ellas. Los pollos pelados rodaban por el suelo y una vieja gritaba que había pisado la cabeza del muerto.
Poco a poco todos saltaron el alambrado de púas, varios pedazos de pantalones y de polleras quedaron enredados, pero a nadie le importaba.Pocos momentos después, más de doscientas cincuenta personas corríamos como almas que pierden el poncho, por aquella picada polvorienta, con el único objetivo de alejarnos de allí y llegar al pueblo. Algunos se tiraron por los jarillares y corrían por los cerros. Doña Dominga Pallalef, que con tanto esfuerzo la habían subido al camión, era la que iba corriendo adelante, y no la podíamos alcanzar, es increíble la fuerza que da la adrenalina cuando se tiene miedo. Ni nos dimos cuenta a que hora pasamos por el arroyo, ni a nadie se le ocurrió sacarse los zapatos y las medias para no mojarse. Yo corrí sin parar hasta la casa de mi amigo, a pesar de que a mis cuarenta años, hacia rato que no practicaba ningún deporte, no me sentía cansado. Toqué la puerta del zaguán del boliche con desesperación, ya que sentía que don Jacinto me arañaba la espalda. Gracias a Dios que Cristina, que era la mesera del bar de mi amigo, me abrió rápido, así pude entrar y contar lo sucedido. Al principio nadie me creía, pero poco a poco la noticia de que don Jacinto había vuelto del mas allá se comenzó a regar.
Pude dormirme después de que me tomé una gran taza de Tilo, que me prepararon para que me pasara el susto. Pero tuve pesadillas toda la noche. Al día siguiente temprano, espontáneamente se fue organizando una gran peregrinación para regresar a la casa de don Jacinto, y saber exactamente que había pasado y en que había terminado todo. Al llegar, todavía con un poco de miedo, nos encontramos a don Jacinto tomando mates, sentado tranquilo en una silla petiza de paja, recibiendo las visitas que llegaban a darle la bienvenida, por estar de regreso en el mundo de los vivos. Nos explicó con mucha paciencia que había tenido un ataque de catalepsia, que es una enfermedad por la cual la gente se muere aparentemente, pero en el fondo están vivos, y de repente vuelven a resucitar. Que él no sabía que padecía esa enfermedad, pero que ahora, ya sabedor, había hecho jurar ante Dios a su familia, que la próxima vez que se muera lo tendrían que velar durante tres días y tres noches, para asegurarse que estaba muerto de verdad y evitar la desgracia que lo fueran a enterrar vivo. Después nos contó que había devuelto el cajón a la funeraria, con el reclamo de que le devolvieran el dinero, porque él de organizado había pagado con anticipación un cofre Presidencial, pero le dieron uno que no llegaba ni al de un concejal suplente. Nos dijo además que esa tarde iría al juzgado, porque ya lo habían borrado de la lista de los vivos y lo habían anotado en la de los muertos, y era necesario reinscribirse, porque no es ninguna gracia estar naturalmente vivo y legalmente muerto.
A los pocos años volví a Ramos Mexía y todavía don Jacinto seguía vivo.Ahora ya no se que sucedió con él. Pero siempre le he deseado larga vida o buena muerte.

* Para escribir esto la consigna era “una experiencia cómica en un velorio”, obviamente esto es ficción.
* TE QUIERO

Seguro fuiste quien estuvo conmigo en este sitio, no existe otro motivo que ilumine mi sendero como el brillo de tus ojos, que tengo en mí como un recuerdo divino.
Esos dos luceros negros estupendos como el mismo cielo.
Sin proponérmelo, me encontré recorriendo esos hermosos momentos que vivimos juntos, donde es imposible esconder nuestros sentimientos, donde no existe rincón triste, solo inconvenientes de los que obtenemos un inmenso conocimiento.
Posiblemente no encuentre un modo mejor de vivir. ¿Como descubrirlo si no lo busco?.
¿Como lo busco si no lo quiero descubrir?. ¿Como vivir sin perseguir un deseo?. ¿Como ser todo esto sin ser ingenuo o sometido, o peor… presumido?.
Hemos sido imprudentes sin titubeos y eso fue discutido, sin un juicio y sin origen. Pero igualmente vivimos y somos felices, es nuestro modo.
Dos chicos sin cuentos, que hoy vemos lo construido y nos sorprendemos.
Quiero que no ignores mi respeto, sos mi mujer y por consiguiente un segmento de mi mismo ser. Si soy lo que soy y estoy donde estoy, es porque vos estuviste siempre conmigo.
Si tenemos los hijos que tenemos, es por vos.
Por eso es hoy un tiempo exclusivo, un momento tuyo, mi expresión de deseo…
Voz que lo cubre todo y que no se puede escribir de otro modo…Andrea.

* Para escribir esto la consigna era no utilizar la letra “a”, al final aparece mi rebeldía.
Capitulo XVI: POR ALGO SERÁ.

Ese verano pasó sin darme cuenta. Se confundieron los exámenes con el inicio de clases y de un golpe me encontré con mis nuevos compañeros que ya eran mis amigos.
Aquel colegio, Comercial Nro. 5, tenía fama de ser la arena entre la dictadura de las “Profesoras de Tiempo Completo”, un título inventado para jubilarse con el máximo haber posible, y los que me antecedieron en los cursos superiores, que buscaban la libertad, mezcla de San Martín y Guevara.
Y Dante Rapari, que como no lo dejaban fumar, dejo la secundaria en segundo año.
O alguno que, como el “papi” tenía plata no necesitaba estudiar.
Yo me quedaba azorado escuchando sus anécdotas en los asados, o en la casa de Elisa donde nos juntábamos a timbear o hacer un rato de tiempo para ir al boliche.
Pensaba que para dejar un recuerdo es ese colegio había que mandarse una cagada más grande, y sino... pasabas sin pena ni gloria. Ya habría tiempo, recién llegaba.
Había que recuperar el tiempo perdido y me anotaba en todas. Aunque no pasaba un día sin que mi viejo me mandara al campo o me diera alguna tarea.
Yo hacia el tiempo para, ir a entrenamiento de fútbol, jugar a las cartas en lo de Elisa, tomar mates y charlar en casa de Mabel Menchetti.
Salía al boliche de Martes a Domingo, hasta que el dueño un poco cansado nos preguntó si lo queríamos administrar. La sociedad tomo forma con Tito Marante en las compras y la atención de la barra, Pocholo Hockuart se encargó de la música y las luces, y yo en las relaciones públicas y otras actividades de promoción.
Ganábamos buena guita. Una medida del mejor costaba la botella. La plata dulce, cualquier peón pagaba la vuelta o tenía una de escocés con su nombre.
--Dame del mío, flaco...-
Mientras... ABBA preguntaba ¿Chiquitita dime porqué?....
De estudiar ni hablar.
En las madrugadas, me cruzaba con mi viejo. Él ya estaba preparando la carne para el reparto y yo llegaba arrastrando la resaca y el olor a pucho.
Más de una mañana dormí en la escuela o me hacia la rata en lo de Elisa, aprovechando que ella salía para trabajar en Agua y Energía y no volvía hasta pasado el mediodía.
En la hora de mecanografía, dormía o estudiaba matemática, total yo iba a ser veterinario y... ¿para que quería saber escribir a máquina?.
Me llevé solo cuatro materias, entre ellas Literatura. No me llevaba bien con Don Quijote ni con la Pochi Escudero, directora y “profesora de tiempo completo”; pero fueron suficientes para repetir aquel cuarto año de bachiller.
Insistí el Marzo siguiente, pero el aburrimiento pudo más, a la semana del comienzo de clases me pasé a Comercio, que se dictaba en el mismo colegio.
Hasta tercer año todos juntos y después, tenías la opción del bachiller o el comercial.
Pasaron los días y yo me había habituado, nuevas materias y nuevos amigos. Pero como no le había comunicado a nadie mi intención de mudarme de sección, quedé nuevamente libre. Ahora ya sabía lo que esto significaba y cambió mi vida. No podía repetir y tampoco podía perder otro año.
Las cosas con mi viejo se habían endurecido y empecé a tomar compromisos con el campo y la chacra para aflojar la bronca.
Me reincorporaron y me puse las pilas. Trabajaba y estudiaba, ni yo lo creía.
Recuperamos la buena relación hasta que Italia nos ganó 1 a 0 Y nos obligó a jugar en Rosario. Mundial del 78. Mirábamos el partido en la casa de mi abuela, que estaba enfrente de la Carnicería. Mi viejo desde el dintel, vigilaba si venía algún cliente. Cuando los tanos nos vacunaron, gritó el gol y yo no lo podía creer, voló un zapato y se fue cagandose de risa. Me las ingenié para estar en el Luna, cuando le ganamos a Perú y en el Monumental para la gran final.
Con 17 años y Ricardo Alvarez que tendría 15 o 16, en el 78, solos por las calles de ese Buenos Aires, el de los desaparecidos. Que locura.
Pero mi viejo estaba convencido que nada podía pasarme porque yo no estaba metido en nada y los que desaparecían, “por algo será”.
Capitulo XV: ASISTENCIA PERFECTA.

Si hubiera entendido la necesidad de ir a estudiar afuera, quizás lo hubiera aceptado. Pero es tan difícil, creer que eso era lo mejor para un chico de catorce años. Hoy tengo un hijo de esa edad y no me imagino viviendo lejos de él. Me va a doler cuando mis hijos se vayan, cuando la vida los separe de mi, cuando les crezcan las alas y echen en vuelo, ¿porque adelantarse a la naturaleza?, ¿con que derecho y con que motivo válido?...
El verano llegó y la esperanza de torcer la voluntad de mis viejos se renovaron. Tenía unos meses para demostrar que podía ayudar, si estuviera en casa. Me dedique a atender el campo y la chacra y a cumplir todas las órdenes del viejo.
Marzo implacable llegó y otra ves el calvario. Las despedidas y el bolso.
Pero este año sería diferente en muchos aspectos. Ya no viviría en la casita de Viamonte, ahora sería en un departamento de Zelarrayan al 600.
Desde el sexto miraba los techos y me imaginaba el monte, la jarilla, el piquillin, el matasebo, el campo; y sabía que este año sería diferente.
Doña Mercedes ya no nos acompaño y sería una hermana virtual la que debía controlar mis movimientos. Nuestros horarios no coincidían y nunca nos encontrábamos en casa. Algún mensaje escrito y pegado en la puerta de la heladera, me recordaba que no estaba solo.
Los fines de semana, Beltrán. Los lunes empecé a faltar y después serían contados los días que concurría al cole.
La primer reincorporación la firmé imitando a mi viejo. Don Manuel García era el secretario y quien me pedía que le dijera a mis viejos que el director deseaba verlos, claro las cosas no iban bien.
Yo seguía la rutina, el cine, el club, la tele con mandarinas que devoraba diariamente, y los libros iban y venían del cole, en la mochila sin ver la luz del día, creo que hasta olor a humedad tenían.
Algunas veces cocinaba algo más de chuletas y ensalada, recordará toda su vida mi hermana la primer tortilla de papas, cuando entró al edificio la baranda de la cebolla frita le pego entre los ojos.
-¿Quien será el animal que está de fritanga? –Se pregunto, como para dedicarle a alguien, semejante puteada.-
Los vahos aumentaban cuando el ascensor llegaba al sexto.
-Lo mato. ¡Hoy lo mato! –Murmuraba con los dientes apretados-
Cuando por fin llegó al B aún no lo podía creer. El animal era yo.
-¡¡Norberto!! –Grito cuando abrió la puerta-
-¡Callate boluda y vení a ayudar! –Le dije con las lágrimas que me empapaban, entre el humo del aceite y las cebollas quemadas.
La cuestión es que el pegote no se pudo comer.
Otra vez, intentamos hacer ñoquis. Quedamos de harina, como ratón de panadería, y los cascotes en la basura. No era fácil.
Lo que más me impresionó en la cocina por aquellos tiempos fue el arroz. Me dispuse a preparar una zopa, con mucho cuidado, elegí una cacerola del tamaño de mi apetito, puse agua en abundancia, porque sabia de la sed de estos desgraciados. Cuando creí conveniente y tal como me había asesorado mi vieja, agregue un pocillo de arroz. Estos desaparecieron en aquel recipiente, conociendo a mi vieja estaba seguro que esa era la porción que comía yo cuando tenía dos años, y no podía haber crecido tanto. Vertí un nuevo pocillo y pensé que si sobraba un poquito se lo guardaría a Graciela, y agregue dos pocillos más. Al cabo de unos minutos la espuma quería salir de la cacerolita y le puse más agua. Los bichos ya estaban más grandes pero aún mantenían cierta dureza.
El fuego y el agua los hincharon hasta que salieron del recipiente y colmaron mi paciencia, ya no los aguante más y a patadas fueron a dar al incinerador. Y otra vez, chuletas y ensalada.
La segunda reincorporación también la firmé como haría el viejo. Dn. Manuel insistía en ver a mis viejos.
-No pueden venir Dn. Manuel. Ud. Sabe..... mucho trabajo.
Cuando sumé la inasistencia número 75 injustificada, ya Dn. Manuel no me pudo salvar y me quede libre.
Yo no sabia bien de que se trataba, en primer momento pensé que era libre para irme a mi casa, pero era libre para rendir todas las materias. Hasta los recreos me parece que estaban en los dos ejemplares de permisos de exámenes, que había logrado llenar.
Cuando le botonearon a los viejos, en menos que canta un gallo la tuve a la vieja en Bahía, cagandome a pedos. Después lloró un rato y dijo que yo no la quería y que lo había echo a propósito y todas esa yerbas. Finalmente se tranquilizó y largué mi oferta, que tenía pensada desde hacía tiempo.
--Me llevas a estudiar a Beltrán y te rindo todas esas materias de mierda para no perder el año.
La espada y la pared encontraron a mi vieja en el medio.
Sonó su nariz y rugió...
--Ganaste, pero como no sea como vos decís, preparate para la pateadura que te dará tu padre.
No podía demostrar la alegría, pero el zurdo me iba a mil. A los pocos días preparé el bolso por última vez.
Unas quince materias me separaban de la prometida pateadura y me puse las pilas.
En una semana pasaron todas, de a tres por día. Ya estaba en Beltrán. En cuarto año de secundaria. Y esta es otra historia.
Capitulo XIV: DE ITALIA Y ARGENTINA.

Yo no recuerdo muchas vacaciones compartidas con mis viejos y menos en el exterior. Las comunicaciones no eran muy fluidas con el viejo continente y las cartas se habían echo muy espaciadas. Yo sabía que tenía abuelos paternos, pero no conocía sus caras. Las fotografías en blanco y negro y con veinte años encima, no me ilustraban para nada.
Pero los preparativos empezaron y la ansiedad fue alterando a la familia.
Los pasajes, los pasaportes, los encargues, los regalos para los parientes, el encargado del negocio, la recomendación para los empleados y los indescriptibles sentimientos de mi viejo al acercarse el tan esperado momento de presentar su familia. Vino solo y volvía con su mujer, dos hijos y un baúl cargado de anécdotas, afectos, nostalgias y la avidez de abrazar a sus padres y hermanos.
Veinticinco años habían pasado desde el momento de su partida. El menor de su sangre tenía apenas dos y se encontraría con un hombre desconocido, al que ya casi no podría cargar en hombros como lo hacía habitualmente.
Para mi vieja tampoco era sencillo, debía conocer a sus suegros y cuñados después de veinte años de matrimonio. Aunque algunos hoy digamos, que podría ser desgracia con suerte, creo por experiencia, que no debe haber mejor suegra, que suegra desconocida y a doce mil kilómetros de distancia.
Partimos para Buenos Aires. El vuelo no tenía día ni horario fijo. Conflicto en Aerolíneas, baya la novedad. Nos alojaron en un hotel en Ezeiza. Para mi la aventura había comenzado.
Antes del embarque un nuevo repaso, tenemos todo, no olvidamos nada.... los nervios traicionan a mi viejo y los pasajes no aparecen, revisa sus bolsillos, mira a mamá, deja todo en el piso, levanta los brazos y exclama...
--Allora si ce la cumbenamo.-
Cagandose de risa Graciela le dice..
--Yo los tengo, yo los tengo.
Chistes negros, característicos de mi hermana.
Finalmente el Boing 707 con destino a Madrid, haciendo escala en Río de Janeiro y las Islas Canarias, surco el cielo cobrizo de lluvia y frío. Doce horas interminables de vuelo nos dejaron en Madrid. Cuarenta y dos grados de temperatura y una sensación térmica de sesenta en las pistas, nos chocaron los sobretodos y toda la ropa de invierno que traíamos puesta.
Una nueva escala y estaríamos en Roma. Allí mi vieja perdió una valija con todo su ropa. Vamos Aerolíneas todavía.
En Roma nadie nos esperaba porque no teníamos día fijo de arribo.
Poder entendernos con los tanos, fue un poco complicado, mi viejo con su dialecto siciliano argentinisado, no entendía lo que hablaban en italiano. Después de un rato logramos llegar al aeropuerto nacional y volamos casi de inmediato a Messina, que es una ciudad muy importante en Sicilia. De allí, a las doce de la noche, tomamos un taxi hasta Barcelona.
La dirección que tenía mi viejo aparentemente ya no existía, pequeño detalle, nadie se había percatado que también en Italia en 25 años las cosas cambian.
Preguntando habíamos llegado a Roma y nos metimos en un café cerca de una plaza, cuando dijimos que éramos los Pirri de Argentina, rápidamente nos indicaron como encontrar la dirección que buscábamos.
Calle angosta, edificios viejos, paisaje diferente, Sicilia... Una reja con candado y a unos treinta metros, la casa de dos pisos, donde abajo vivían mis abuelos y arriba, la tía Vasilia y su familia.
Sin estar muy seguros de que sea la casa que buscábamos, mi viejo golpeó fuerte las manos.
En un pequeño balcón, apareció un joven, que sabríamos después, se trataba de nuestro primo Giovanni.
--¿Qui e?- Pregunto, como diciendo, son las dos de la mañana.
--Francesco- Respondió mi viejo.
Fue suficiente para que se desate la más maravillosa escena de amor que han visto mis ojos.
A medio vestir, entre llantos y gritos, salían de aquella casa, mis abuelos, tíos y primos.
Un manojo de llaves giraba interminablemente en las manos temblorosas de un anciano, que no lograba encontrar la correcta, mientras sostenía sus pantalones, más allá por entre las rejas mi viejo abrazaba a su madre. Y allí estaba yo, parado, quieto sintiendo como me temblaba el mentón y una lágrima me corría en la cara. En este momento le pido a Dios la lucidez suficiente, para poder escribir, lo que aún al recordar, estoy sintiendo.
Finalmente la reja se abrió, un abrazo eterno con sus padres su hermana y nosotros todos bajo ese cielo nuevo.
Sentí un alivio muy grande cuando, por fin, adentro de la casa encontré donde sentarme, las piernas me temblaban y miraba a mi viejo y estaba henchido de felicidad por él. Por eso que veían mis ojos y sentía mi corazón. Como puede un hombre ser tan duro y tan frágil. Dios, que gran poder has demostrado tener, al crear semejante criatura.
Como sin querer, la madrugada me encontró abrazado a mi abuelo y mi abuela. Cuanta ternura me despertaban esos dos ancianos, que acababa de conocer.
Con el día llegaron los vecinos, antiguos amigos.... y sus hermanos. Como verse en el espejo, y decir tantas cosas sin hablar.... porque te juro que no podes.... no tenés fuerza, más que para abrazarte con ellos, y darle rienda suelta al llanto, el mejor, el de la emoción y la felicidad.
Ya más tranquilos, pero sin dejar de tocarse, de acariciarse, de mirarse, llegaron las presentaciones y las preguntas, la ansiedad por recuperar tanto tiempo de lejanía, de tener el corazón apretado, atado, porque no era posible ser débil.
Yo veía a mi viejo, y debo ser sincero, sentía un poco de celos, pero sabía que estaba bien prestárselo a su mamá y a su papá. Que ellos deberían haber sufrido esa distancia, como una herida abierta, que en ese momento, después de veinticinco años, dejaba de sangrar un poco.
Con el día también pude ver el establo, con las dos vacas que alimentaba y cuidaba mi abuelo. Las conejeras y la quinta que atendía mi abuela.
Un patio sombreado de parrales y la mesa grande, la de la familia completa, después de todo.
¿Sabrán los que hacen las guerras y los que se corrompen, que pueden causar tanto dolor?.
El almuerzo, con mi abuelo en la cabecera, al menos por unos días tendría a mi viejo a la derecha y a mi vieja a la izquierda, y el resto de la familia, el aroma de la pasta, del aceite de olivo y del vino, los llevo guardados en lo más profundo de mi corazón.
Una vez ubicados, mi abuela, le acercó otro platito a mi viejo....
---Cuesto piato é il tuo, tu mangia qui. –Como un tesoro, había guardado el plato donde comía mi viejo, como para tener algo cerca, aunque fuera solo un plato.
Después, con mi viejo caminamos, por los lugares donde sus recuerdos lo estaban esperando, para que los compartiera conmigo.
Su casa natal y el monte de olivos, el molino y el galpón donde trabajara engordando terneros por primera vez siendo todavía un niño.
Recorrimos todo y en ese viaje admiré la historia y la belleza diferente de la tierra de mi viejo y la quiero por eso, como sé que papá, quiere a la Argentina.
Capitulo XII: LA SECUNDARIA-

No sería justo privar al lector, de conocer el sentimiento que me invade, al recordar para escribir los momentos que he vivido, en los años de secundaria.
Es difícil traducir en palabras, lo que el corazón me dicta a borbollones.
El primer año lo curse en el mismo colegio, que aún era Agrotécnico Enologico, ya que con sexto y séptimo te recibías, de Enólogo.
Nunca supe como lo hacían, cual era el sistema que utilizaban, para separar en dos grupos a los casi cien alumnos de cada año, A y B. Me ubicaron en el primero B.
Y allí estaban varios de los conocidos en la primaria, a los que se sumaron los nuevos, algunos del pueblo y otros de localidades más lejanas.
A los pocos días no se notaba la diferencia, rápidamente nos integramos, eran muchas horas las que compartíamos.
Eran tiempos ya difíciles, entre un gobierno Peronista se intercalaba un golpe militar. Año 1973.
Se percibía en el ánimo de la gente que algo no terminaría bien.
Mi hermana estudiaba en Bahía Blanca, colegio de monjas, pupila. Para mamá se hacia insostenible la presión que ejercía Graciela, magnificando su situación de esclava, presa en esa cárcel del Maria Auxiliadora y claro el nene estaba en casa con mamá y papá, era un privilegiado.
Tanto fue así que terminado el primer año me inscribieron en el Don Bosco y terminé viviendo en una casita de Viamonte al 1500 con mi hermana y una viejita, Doña Mercedes, a la que un día se me ocurrió decirle que me gustaban los guisos y empecé a verlos hasta en el desayuno.
El colegio no era muy diferente, salvo las caras desconocidas y yo me destacaba por ser el de afuera, jugaba de visitante.
Los Bahienses son cerrados y me costó un tiempo hacer amigos. Un primo lejano coincidió en el mismo curso y esto ayudó un poco.
En educación física podíamos optar por uno de tres deportes: Voleibol, fútbol y natación.
Elegí natación porque me atrajo la idea de poder practicar este deporte en invierno y en la pileta del club Olimpo.
Todas las horas en el canal del Calzoncillo, me habían adiestrado en este arte y rápidamente me impuse al resto de la clase. Se realizaban varios torneos, algunos intercolegiales, pero yo participaba solo cuando se hacían entre semana. En esa época ya jugaba en la primera de fútbol del Deportivo Luis Beltrán y todos los fines de semana viajaba. No me podía despegar de Beltrán, además... no me interesaba hacerlo... yo quería volver.
Aunque haga un esfuerzo no tengo recuerdos lindos de Bahía.
Mamá nos visitaba seguido y de alguna forma le daba los mensajes de desagrado por el exilio.
Cuando llegaba la recibía siempre a los gritos...
--Vino mamá!! Hoy comemos!!! –Como si no lo hiciéramos cuando ella no estaba.-
-- Nene, dejate de joder y ayúdame con las cajas.
Traía carne, verduras y algo de plata para los vicios.
Todos los fines de semana religiosamente me venía a Beltrán. Si había plata, en colectivo y sino a dedo.
Recuerdo el cumpleaños de quince de Marisa Llorente, no se porqué yo debía estar el viernes temprano y el cole salía recién a las 21 hs. llegando a Choele a las 02 hs. así es que me fui al Cholo, una estación de servicio a la salida de Bahía, donde normalmente hacíamos auto stop. A los pocos minutos, un camión de combustible del gallego Lamas, el camionero me reconoció y de inmediato estaba viajando a Beltrán. Estaba feliz, serían las 15 hs. y aunque el transporte fuera un poco más lento, yo calculaba que para las 22 hs. llegábamos seguro.
En Médanos, un pueblito a unos 45 km. de Bahía, el gordo Tagliaferro, dijo que dormiría un rato.
Yo pensé que sería buena idea hacerlo también y me recosté en la butaca. Cuando desperté, estaba oscuro, ya era de noche, no lo podía creer, ya eran las 21hs. y habíamos recorrido 45 km.
Finalmente llegue al cumpleaños a los postres y caliente como una moto.
Cada Viernes era una fiesta. Me venía a Beltrán.
Los Domingos a la tarde se renovaba el calvario. Cuanta tristeza.
Otra vez el cole y una nueva semana en Siberia, en la legión extranjera.
Me convertí en un adicto al cine y no me importaba demasiado la película, sino que allí el tiempo pasaba más rápido. Así me ví el estreno de Terremoto, Infierno en la Torre, y otras que eran bárbaras y a Beltrán llegaron como diez años después.
El resto del día que no estaba en el claustro o en Olimpo, lo dedicaba a la tele, El hombre Nuclear, Kojac, pero lo mejor, El Gran Chaparral.
Si a esto le agregamos que para ese entonces ya tenía alguna minita, yo me sentía como de visita en Bahía. Nunca sentí como propia esa casa, ni recuerdo lo que había en el patio. Ni quiénes eran nuestros vecinos.
Por suerte ese año mi viejo se decidió a viajar a Italia. Y entre pitos y flautas se pasó un mes y pico.
Quisiera detenerme, sé que el lector entenderá mi deseo, y compartir este viaje que no olvidaré jamás.