viernes, 18 de septiembre de 2009

Filosofias Callejeras.

- Mi amigo Chijete fue comunista hasta que el capitalismo le dio una oportunidad. Y es comprensible: el joven que no es socialista no tiene futuro y el adulto que no es conservador es que no tiene cabeza.

- Yo siempre dije que el dinero no hace la felicidad, pero la pobreza menos, así que decidí pasar esta desdicha que es la vida, con comodidad.

- Un día le dije a mi hijo: “ Siéntate ahí que vamos hablar del sexo.” Mi hijo, con doce años, se quedó mirandome y me dijo: “ ¿Qué quieres que te explique, papá?”

- La maestra de mi pueblo se llamaba Dorotea. Era muy respetada por todos. ¡ Por eso se marchó del pueblo, para ver si tenía más suerte!.

- Mi abuelo persiguió a las mujeres hasta los noventa años. Pero ya no se acordaba para qué.

- Usted bebe mucho, le dijo el médico a mi abuelo que tenía el mal de Parkinson. Y mi abuelo le dijo: no crea se me cae bastante.

- Si la revolucion es el orgasmo de los pueblos, entonces somos el pueblo de nunca acabar.

- Hubiera preferido que me educaran sexualmente, a que me enseñen logaritmos, porque de los logaritmos hago poco uso.

- No votes, tu voto es tu coartada.

- El Congreso sirve para algo. Las Palomas.

- Vive cada día como si fuera el último, un día acertarás.

- Las leyes son como las salchichas, mejor no ver como las hacen.

- A los que estan de acuerdo con la pena de muerte, habria que fusilarlos.

- Volvere y sere remeras. El Che.

- Argentina dentro de poco será un paraiso. Vamos a andar todos en bolas. Chijete.

- En Luis Beltrán no faltan cloacas. ¡¡¡ Sobran Cagadas!!!

- Mas vale pájaro en mano que enfermedad venerea.

- La justicia Argentina anda sobre ruedas, o sea que ademas de ciega, es paralitica.

domingo, 13 de septiembre de 2009

UN VIAJE AGOTADOR

Del repollo que trajo la cigüeña con la semillita que había puesto mi papá en la panza de mi mamá…. La cuestión es que aquí estoy. Una vieja se acerco y me entere que mi viejo se parecía a mi, seguro por la cabeza pelada del Sr. Que lloraba cuando me vio. Yo me asuste porque no le había hecho nada para que se pusiera así y el perro fue el que volteo la olla.
Me preguntaron si quería -Aaajjooo Aaaajjooo- y lo guarde por si aparecía ese tal Drácula mostrando los dientes nuevos que el pobre ratoncito debe haber echo mucha fuerza para llevar y anda a saber cuanto abría tenido que pagar.
Pero después me entere que Ali Baba había venido con los cuarenta ladrones y menos mal que estaba Cachabacha y le dijo a la Cabra que abra la pata, pero ella no hizo caso entonces el Gordo le pego al Flaco en la nariz y le empezó a crecer porque estaba mintiendo. Dijo que lloraba porque el Príncipe se enamoro de una chica toda sucia con ceniza que había perdido un zapatito de vidrio, eso no se lo cree nadie. Menos Don Sherlok que vino a buscarlo con una lupa acompañado de Watson, yo me reí mucho porque pensaban encontrarlo sanito después de caer por la escalera. Cuando llego lo estaba esperando Batman y Robin para preguntarle si su asistente era pariente del Guason. El payaso que se robo las pinturas de la vieja y tenia una sonrisa muy fea. Pero mas feo era pisar caca descalzo por eso me subí a la alfombra de Aladino que le había prestado el Genio que dormía adentro de la lámpara. Desde arriba veía como los Enanos ataban a Gulliber. Yo les grite que liberen a Willy, pero no me hicieron caso. Ya que estaba fui hasta el polo Norte y le pregunte a Superman si me daba una mano, pero estaba ocupado acomodando la criptonita en la calabaza para llevar a una fiesta a la Princesa que se había comido una manzana que le había dado la serpiente y tenía frió porque en el otoño se le cayo la hoja de parra. Me despedí y en la otra cuadra lo encontré a Papá Noel alimentando a los camellos porque tenía que ir a visitar a un chico que estaba en un pesebre. Le pregunte por los otros dos y me explico que estaba confundido que él trabajaba solo y que los camellos no tienen cuernos y viven en el desierto y son mas lentos que los renos, por eso los tres salieron antes siguiendo un Lucero, pero llegaron como 12 días después. Yo no le dije nada, pero estaba convencido que tardaron tanto porque venían mas cargados y además el niño todavía no tenia zapatitos para poner en la ventana. Tire una piedra y caí en el Cielo, menos mal que mi vieja estaba equivocada y no te vas al infierno por tirar piedras, volví saltando en una pata y cuando llegue a la Tierra me dieron las bolitas, la japonesita y la tiradora, dos de mis preferidas que perdiera en el hoyito. Casi me agarra la soga y tuve que seguir saltando hasta que vino el lobo que se estaba vistiendo después de comerse a la abuelita. Caperusita nos convido con chocolates Jacks y el Sr. Neurus lo encerró a Larguirucho en la jaula de la lechuza, mientras Serrucho cantaba…
- ¡¡Chi qui ti taaa dime porqueeeee !!
Con Hijitus nos cruzamos en frente para decirle a la vecinita que no le diga a Oaki que estaba locoloto porque de día tira besitos y de noche sueña con ella. Oliver nos atendió muy atento pero la vecinita no estaba. Yo había dejado estacionada la alfombra en la calesita y me la habían pisoteado los caballos. Me subí al primer barco que paso pero no los pude alcanzar porque se hundió cuando choco con un témpano. Yo creí que me ahogaba cuando a mi lado paso el Corcel Negro y me prendí de su crin. En la playa el sol me quemaba. Entre corriendo en el mar y una ola me envolvió, el Capitán Nemo me subió al Nautilus, un submarino que no era amarillo como el de los Beatles, y me llevo a pasear como 20.000 Leguas debajo del mar. Cuando me dejo en el cine Los Tres estaban Chiflados y el pelado se parecía a mi viejo, pero nunca le dije nada. En el intervalo me compre una Rodhesia y me fui a mi casa. Justo cuando el Pato Donald terminaba de contar alcance a esconderme y encontré la piedra libre en el momento que descubrían a Popeye comiendo espinacas porque Brutus le estaba dando un besote a Olivia.
En ese momento me acorde que no había hecho los deberes que me daba la Maestra Ciruela y estaban redifíciles, menos mal que Petete siempre me ayudaba y pude hacerlos rápidamente. Las Carabelas de los ingleses que vinieron a invadirnos se las llevo Cristóbal Colon y descubrió que el huevo podía quedarse parado. La Reina Catolica le presto unos pesos a Don José de San Martín y se fue de vacaciones a esquiar a la cordillera. Cuando le pregunte a mi viejo donde estaba la cordillera de los Andes me dijo que le pregunte a Mamá que es la que guarda todas esas cosas.
A esa hora del día tenia que bañarme, cenar e irme a la cama. Antes le dije a mi mamá que le diga a Colorín que a mi el colorado no me gusta y a este cuento lo pinto de alegría.
SAFARIZANDO LA VIDA

Fue en ese momento, cuando la adrenalina explota en la sangre, cuando te inundas de olores….
Aceite.
Calor.
Campo.
La bandera Argentina cayo….
Los leones rugieron y dio comienzo la vida.
La ignorancia de lo que vendrá freno mi exaltación, tenia una vida a recorrer.
Sabía que no era una paloma y que no seria el cielo quien me diría como llegar.
Se cruzo un sinnúmero de Jarillas que me vieron pasar y otras que sufrieron, por estar aferradas al suelo que yo debía pisar, mi arrogancia no les presto atención, no eran fuertes, limitadas a su suerte.
Deje de gatear cuando vi el primer cañadón, me puse de pie y el Matasebo estallo en mi mente descubriendo el poder que tenia en mis manos.
Aun soberbio me dio a pensar que nadie con ese nombre me detendría y lo cruce.
Y me encontré con la angustia, nadie lo había vencido.
Suspiro.
Sabor amargo vencer lo virgen con arrogancia y soberbia.
En adelante conocí el respeto. Fue el Piquillín, cuando estaba perdido y me dijo, mostrando el musgo de su lado oscuro, donde estaba el norte y madure.
El camino se torno más suave, plano, limpio, verde, perfumado, sediento y grande, muy grande.
Solo.
Monte.
Sol.
Arena.
Chañar.
Amigos.
Asados.
Luchas.
Grasas.
Sudores.
Miedos.
Luces.
Sonidos del silencio.
Bandera a cuadros.
Palmas.
Euforia.
Brindis…….. y la calma.
* El Velorio de Don Jacinto.

Estaba de visita en la casa de un amigo, cuando apareció un paisano con cara de circunstancia.
- ¿ Que te pasa che que andas con cara de perro que a perdido al dueño? – Le preguntó Rosendo, que así se llamaba mi amigo.
- Se murió Don Jacinto…
La noticia se corrió de boca en boca a una velocidad extraordinaria. En pocos minutos todos estaban enterados en las cuatro cuadras de Ramos Mexía, pero también todos dudaban que fuera cierto.
- Se murió Don Jacinto…
- No puede ser, si ayer estuvo acá lo mas bien; si era joven, no llegaba ni a los cincuenta todavía.
Era difícil creer que Don Jacinto ya no era alma de este mundo.
Lo más trágico era que Don Jacinto había sido una especie de benefactor de la gente de Ramos y la Colonia Yaminué. Le hacía un favor a cualquiera que lo necesitara sin esperar recompensa. Prestaba pequeñas cantidades de plata sin interés, daba carne de oveja a las ancianas pobres, le compró zapatos a muchos pibes descalzos, daba remedios a muchos enfermos sin recursos. En fin, Don Jacinto tenía un gran corazón. Y mira vos como son las cosas, justamente Don Jacinto había fallecido del corazón. Un fulminante ataque cardíaco, sin previo aviso, que no dio tiempo de hacer nada por él, le arrebató la vida. Como bien dijo doña Maria Salim…
-Lo bueno… o se va… o se muere. Todos fuimos pasando de la sorpresa a la tristeza, de la tristeza a un sentimiento de desgracia, y de la desgracia a la resignación.
- Dios sabe lo que hace. - Sentenció Don Ángel Antenao.
Ahora lo único que podíamos hacer por él era acompañarlo en su velorio. Pero ir al velorio de Don Jacinto requería que todos nos pusiéramos de acuerdo y nos organizáramos, porque vivía en el campo fuera del pueblo.
Don Jacinto vivía a unos cinco kilómetros de Ramos por una picada polvorienta que conducía al Bajo.
Muchos decían que caminar de noche por esa picada era peligroso porque asustaban los malos espíritus.
Había que pasar una quebrada donde aseguraban que salía la luz mala. Por eso nos organizamos en dos grupos, los que nos iríamos a pie, y los que se irían en el camión de Antenao.
Se recomendó que nadie se fuera solo después de las seis de la tarde. Yo me anote para ir a pie, no lo conocía mucho al finado, pero no iba a dejar que mi amigo fuera solo. Y en el camión de Antenao solo irían las personas mayores, que por su edad tienen dificultades para caminar. De todos modos nos juntamos todos en la Estación del otro lado del boulevard de la ruta 23 que cruza el pueblo y empieza la picada polvorienta que nos llevaba a la casa de Don Jacinto .
El camión llegó puntual a las siete de la noche y se subieron todos los viejos. Costó trabajo subir en la cabina a doña Dominga Pallalef por su avanzada edad y las dificultades que tenía para moverse, pero entre tres hombres la subieron al camión. El resto del grupo, que éramos más de cincuenta personas, comenzamos a caminar. Cuando pasamos por el lugar donde espantaban los malos espíritus las mujeres comenzaron a rezar el rosario, luego llegamos a la quebrada donde aparecía la Luz Mala, allí hicimos un alto, nos quitamos los zapatos y las medias, nos enrollamos los pantalones y pasamos el arroyo, al otro lado repetimos la operación al revés, nos pusimos de nuevo las medias y los zapatos. Por suerte a nadie se le apareció la Luz Mala. Cuando llegamos a la casa de Don Jacinto, ya había bastante gente en su velorio.
El gran patio de tierra de la casa de campo había sido iluminado con una extensión eléctrica que tenía más de veinte focos, allí habían puesto varios bancos que habían pedido prestado en la iglesia católica y la evangélica y la gente se juntaba en grupos, sentados charlando sobre la vida del difunto.
En el alero de la casa había mas de 20 pollos colgados, recién pelados, y un capón colgado que lo habían abierto en canal, toda esa carne lista para la parrilla que seguramente pondrían a la madrugada.
En la cocina ya estaban listas varias docenas de empanadas y jarras grandes de café, amontonados en una esquina un montón de bolsas con pan de galleta y tortas fritas. Todo parecía que hasta después de muerto Don Jacinto iba a hacer su última obra benéfica, dándonos de comer a tanto hambriento que llegábamos a despedirlo. En el interior de la casa, habían quitado las cortinas de arpillera que dividían la sala de los dormitorios, con lo cual quedaba un gran salón, donde estaba el cajón que contenía el cuerpo de Don Jacinto y varios bancos ocupados todos por mujeres que rezaban el rosario, dirigidas por una rezadora profesional, contratada para esos efectos. Después de dar varias vueltas por el patio y recorrer el alero, yo me paré en la puerta desde la que se distinguía bien el cajón y las rezadoras al mirar para adentro, y una panorámica del patio al mirar para afuera. Allí estaba yo paradito, observando con curiosidad el cajón de Don Jacinto, cuando pasó algo que me heló la sangre. Comencé a ver que muy despacito se iba abriendo la tapa del cajón y una mano comenzaba a asomarse. Quería pegar un grito pero la lengua se me puso gruesa y tiesa y no emitía ningún sonido. Quise correr pero no me respondían las piernas, las tenía como congeladas o pegadas al suelo. Con horror me di cuenta que todas las rezadoras que tenían los ojos cerrados por la devoción, no se daban cuenta de lo que sucedía, miré angustiado al patio y allí todo pasaba con la normalidad de un velorio. Logré observar que al final del patio, en el alambrado que daba hacia los corrales, había una pequeña salida en forma de Y pero no me servía de nada porque no podía moverme, ni hablar de correr.
Un sudor helado y abundante me había mojado toda la camisa, el corazón me rebotaba con tanta fuerza que sentía que se me saldría por la boca.
De pronto Don Jacinto empujó con fuerza la tapa del cajón abriéndola de un solo golpe, se sentó, y ante la mirada horrorizada de todas las mujeres que con el golpe abrieron los ojos Don Jacinto exclamó
-¡¡Qué pasa acá!!.
El grito de Don Jacinto me devolvió la movilidad en las piernas y salí corriendo como loco hacia el final del patio donde había visto la salida en forma de Y. En mi carrera choqué con una vieja que servía empanadas, la que cayó de panza encima de un grupo de personas que estaban sentadas.
Una vieja me dijo
-Gringo tonto…ya andas en pedo.
Pero yo no estaba para pedir disculpas, seguí corriendo como en una carrera de obstáculos hasta que llegué a la pequeña salida. Al llegar al alambrado me sentí un poco mas seguro y miré hacia atrás. Ya en ese momento todos en el patio se habían parado y veían lo que pasaba en la entrada de la casa. Todas las mujeres se habían atorado en la puerta queriendo salir al mismo tiempo, algunas lo lograban a gatas y comenzaban a correr como condenadas dando gritos…
-¡¡Se levantó don Jacinto!! ,¡¡Se levantó don Jacinto!!.
En un primer momento, nadie en el patio sabía que pasaba, algunos se rieron y pensaron que las mujeres son cagonas y hacen escándalo de cualquier cosa. Pero cuando terminaron de salir las histéricas mujeres, detrás salió don Jacinto, quien volvió a exclamar a todo pulmón.
-¡¡Qué pasa acá!!. En ese momento hubo una locura colectiva, todos empezaron a gritar y a correr, chocaban unos con otros, muchos se caían al tropezarse con los bancos. Alguien en la carrera se enredó en la extensión eléctrica y cortó la luz. La oscuridad aumentó la confusión y los gritos. Un señor corriendo en lo oscuro chocó con el capón que estaba colgado, y ambos cayeron al suelo, el señor gritaba…
-¡¡Ay Dios mío… me agarró el muerto!!.
En la confusión le dieron vuelta a la olla de las empanadas, y varios se resbalaban y se caían reventando muchas de ellas. Los pollos pelados rodaban por el suelo y una vieja gritaba que había pisado la cabeza del muerto.
Poco a poco todos saltaron el alambrado de púas, varios pedazos de pantalones y de polleras quedaron enredados, pero a nadie le importaba.Pocos momentos después, más de doscientas cincuenta personas corríamos como almas que pierden el poncho, por aquella picada polvorienta, con el único objetivo de alejarnos de allí y llegar al pueblo. Algunos se tiraron por los jarillares y corrían por los cerros. Doña Dominga Pallalef, que con tanto esfuerzo la habían subido al camión, era la que iba corriendo adelante, y no la podíamos alcanzar, es increíble la fuerza que da la adrenalina cuando se tiene miedo. Ni nos dimos cuenta a que hora pasamos por el arroyo, ni a nadie se le ocurrió sacarse los zapatos y las medias para no mojarse. Yo corrí sin parar hasta la casa de mi amigo, a pesar de que a mis cuarenta años, hacia rato que no practicaba ningún deporte, no me sentía cansado. Toqué la puerta del zaguán del boliche con desesperación, ya que sentía que don Jacinto me arañaba la espalda. Gracias a Dios que Cristina, que era la mesera del bar de mi amigo, me abrió rápido, así pude entrar y contar lo sucedido. Al principio nadie me creía, pero poco a poco la noticia de que don Jacinto había vuelto del mas allá se comenzó a regar.
Pude dormirme después de que me tomé una gran taza de Tilo, que me prepararon para que me pasara el susto. Pero tuve pesadillas toda la noche. Al día siguiente temprano, espontáneamente se fue organizando una gran peregrinación para regresar a la casa de don Jacinto, y saber exactamente que había pasado y en que había terminado todo. Al llegar, todavía con un poco de miedo, nos encontramos a don Jacinto tomando mates, sentado tranquilo en una silla petiza de paja, recibiendo las visitas que llegaban a darle la bienvenida, por estar de regreso en el mundo de los vivos. Nos explicó con mucha paciencia que había tenido un ataque de catalepsia, que es una enfermedad por la cual la gente se muere aparentemente, pero en el fondo están vivos, y de repente vuelven a resucitar. Que él no sabía que padecía esa enfermedad, pero que ahora, ya sabedor, había hecho jurar ante Dios a su familia, que la próxima vez que se muera lo tendrían que velar durante tres días y tres noches, para asegurarse que estaba muerto de verdad y evitar la desgracia que lo fueran a enterrar vivo. Después nos contó que había devuelto el cajón a la funeraria, con el reclamo de que le devolvieran el dinero, porque él de organizado había pagado con anticipación un cofre Presidencial, pero le dieron uno que no llegaba ni al de un concejal suplente. Nos dijo además que esa tarde iría al juzgado, porque ya lo habían borrado de la lista de los vivos y lo habían anotado en la de los muertos, y era necesario reinscribirse, porque no es ninguna gracia estar naturalmente vivo y legalmente muerto.
A los pocos años volví a Ramos Mexía y todavía don Jacinto seguía vivo.Ahora ya no se que sucedió con él. Pero siempre le he deseado larga vida o buena muerte.

* Para escribir esto la consigna era “una experiencia cómica en un velorio”, obviamente esto es ficción.
* TE QUIERO

Seguro fuiste quien estuvo conmigo en este sitio, no existe otro motivo que ilumine mi sendero como el brillo de tus ojos, que tengo en mí como un recuerdo divino.
Esos dos luceros negros estupendos como el mismo cielo.
Sin proponérmelo, me encontré recorriendo esos hermosos momentos que vivimos juntos, donde es imposible esconder nuestros sentimientos, donde no existe rincón triste, solo inconvenientes de los que obtenemos un inmenso conocimiento.
Posiblemente no encuentre un modo mejor de vivir. ¿Como descubrirlo si no lo busco?.
¿Como lo busco si no lo quiero descubrir?. ¿Como vivir sin perseguir un deseo?. ¿Como ser todo esto sin ser ingenuo o sometido, o peor… presumido?.
Hemos sido imprudentes sin titubeos y eso fue discutido, sin un juicio y sin origen. Pero igualmente vivimos y somos felices, es nuestro modo.
Dos chicos sin cuentos, que hoy vemos lo construido y nos sorprendemos.
Quiero que no ignores mi respeto, sos mi mujer y por consiguiente un segmento de mi mismo ser. Si soy lo que soy y estoy donde estoy, es porque vos estuviste siempre conmigo.
Si tenemos los hijos que tenemos, es por vos.
Por eso es hoy un tiempo exclusivo, un momento tuyo, mi expresión de deseo…
Voz que lo cubre todo y que no se puede escribir de otro modo…Andrea.

* Para escribir esto la consigna era no utilizar la letra “a”, al final aparece mi rebeldía.
Capitulo XVI: POR ALGO SERÁ.

Ese verano pasó sin darme cuenta. Se confundieron los exámenes con el inicio de clases y de un golpe me encontré con mis nuevos compañeros que ya eran mis amigos.
Aquel colegio, Comercial Nro. 5, tenía fama de ser la arena entre la dictadura de las “Profesoras de Tiempo Completo”, un título inventado para jubilarse con el máximo haber posible, y los que me antecedieron en los cursos superiores, que buscaban la libertad, mezcla de San Martín y Guevara.
Y Dante Rapari, que como no lo dejaban fumar, dejo la secundaria en segundo año.
O alguno que, como el “papi” tenía plata no necesitaba estudiar.
Yo me quedaba azorado escuchando sus anécdotas en los asados, o en la casa de Elisa donde nos juntábamos a timbear o hacer un rato de tiempo para ir al boliche.
Pensaba que para dejar un recuerdo es ese colegio había que mandarse una cagada más grande, y sino... pasabas sin pena ni gloria. Ya habría tiempo, recién llegaba.
Había que recuperar el tiempo perdido y me anotaba en todas. Aunque no pasaba un día sin que mi viejo me mandara al campo o me diera alguna tarea.
Yo hacia el tiempo para, ir a entrenamiento de fútbol, jugar a las cartas en lo de Elisa, tomar mates y charlar en casa de Mabel Menchetti.
Salía al boliche de Martes a Domingo, hasta que el dueño un poco cansado nos preguntó si lo queríamos administrar. La sociedad tomo forma con Tito Marante en las compras y la atención de la barra, Pocholo Hockuart se encargó de la música y las luces, y yo en las relaciones públicas y otras actividades de promoción.
Ganábamos buena guita. Una medida del mejor costaba la botella. La plata dulce, cualquier peón pagaba la vuelta o tenía una de escocés con su nombre.
--Dame del mío, flaco...-
Mientras... ABBA preguntaba ¿Chiquitita dime porqué?....
De estudiar ni hablar.
En las madrugadas, me cruzaba con mi viejo. Él ya estaba preparando la carne para el reparto y yo llegaba arrastrando la resaca y el olor a pucho.
Más de una mañana dormí en la escuela o me hacia la rata en lo de Elisa, aprovechando que ella salía para trabajar en Agua y Energía y no volvía hasta pasado el mediodía.
En la hora de mecanografía, dormía o estudiaba matemática, total yo iba a ser veterinario y... ¿para que quería saber escribir a máquina?.
Me llevé solo cuatro materias, entre ellas Literatura. No me llevaba bien con Don Quijote ni con la Pochi Escudero, directora y “profesora de tiempo completo”; pero fueron suficientes para repetir aquel cuarto año de bachiller.
Insistí el Marzo siguiente, pero el aburrimiento pudo más, a la semana del comienzo de clases me pasé a Comercio, que se dictaba en el mismo colegio.
Hasta tercer año todos juntos y después, tenías la opción del bachiller o el comercial.
Pasaron los días y yo me había habituado, nuevas materias y nuevos amigos. Pero como no le había comunicado a nadie mi intención de mudarme de sección, quedé nuevamente libre. Ahora ya sabía lo que esto significaba y cambió mi vida. No podía repetir y tampoco podía perder otro año.
Las cosas con mi viejo se habían endurecido y empecé a tomar compromisos con el campo y la chacra para aflojar la bronca.
Me reincorporaron y me puse las pilas. Trabajaba y estudiaba, ni yo lo creía.
Recuperamos la buena relación hasta que Italia nos ganó 1 a 0 Y nos obligó a jugar en Rosario. Mundial del 78. Mirábamos el partido en la casa de mi abuela, que estaba enfrente de la Carnicería. Mi viejo desde el dintel, vigilaba si venía algún cliente. Cuando los tanos nos vacunaron, gritó el gol y yo no lo podía creer, voló un zapato y se fue cagandose de risa. Me las ingenié para estar en el Luna, cuando le ganamos a Perú y en el Monumental para la gran final.
Con 17 años y Ricardo Alvarez que tendría 15 o 16, en el 78, solos por las calles de ese Buenos Aires, el de los desaparecidos. Que locura.
Pero mi viejo estaba convencido que nada podía pasarme porque yo no estaba metido en nada y los que desaparecían, “por algo será”.
Capitulo XV: ASISTENCIA PERFECTA.

Si hubiera entendido la necesidad de ir a estudiar afuera, quizás lo hubiera aceptado. Pero es tan difícil, creer que eso era lo mejor para un chico de catorce años. Hoy tengo un hijo de esa edad y no me imagino viviendo lejos de él. Me va a doler cuando mis hijos se vayan, cuando la vida los separe de mi, cuando les crezcan las alas y echen en vuelo, ¿porque adelantarse a la naturaleza?, ¿con que derecho y con que motivo válido?...
El verano llegó y la esperanza de torcer la voluntad de mis viejos se renovaron. Tenía unos meses para demostrar que podía ayudar, si estuviera en casa. Me dedique a atender el campo y la chacra y a cumplir todas las órdenes del viejo.
Marzo implacable llegó y otra ves el calvario. Las despedidas y el bolso.
Pero este año sería diferente en muchos aspectos. Ya no viviría en la casita de Viamonte, ahora sería en un departamento de Zelarrayan al 600.
Desde el sexto miraba los techos y me imaginaba el monte, la jarilla, el piquillin, el matasebo, el campo; y sabía que este año sería diferente.
Doña Mercedes ya no nos acompaño y sería una hermana virtual la que debía controlar mis movimientos. Nuestros horarios no coincidían y nunca nos encontrábamos en casa. Algún mensaje escrito y pegado en la puerta de la heladera, me recordaba que no estaba solo.
Los fines de semana, Beltrán. Los lunes empecé a faltar y después serían contados los días que concurría al cole.
La primer reincorporación la firmé imitando a mi viejo. Don Manuel García era el secretario y quien me pedía que le dijera a mis viejos que el director deseaba verlos, claro las cosas no iban bien.
Yo seguía la rutina, el cine, el club, la tele con mandarinas que devoraba diariamente, y los libros iban y venían del cole, en la mochila sin ver la luz del día, creo que hasta olor a humedad tenían.
Algunas veces cocinaba algo más de chuletas y ensalada, recordará toda su vida mi hermana la primer tortilla de papas, cuando entró al edificio la baranda de la cebolla frita le pego entre los ojos.
-¿Quien será el animal que está de fritanga? –Se pregunto, como para dedicarle a alguien, semejante puteada.-
Los vahos aumentaban cuando el ascensor llegaba al sexto.
-Lo mato. ¡Hoy lo mato! –Murmuraba con los dientes apretados-
Cuando por fin llegó al B aún no lo podía creer. El animal era yo.
-¡¡Norberto!! –Grito cuando abrió la puerta-
-¡Callate boluda y vení a ayudar! –Le dije con las lágrimas que me empapaban, entre el humo del aceite y las cebollas quemadas.
La cuestión es que el pegote no se pudo comer.
Otra vez, intentamos hacer ñoquis. Quedamos de harina, como ratón de panadería, y los cascotes en la basura. No era fácil.
Lo que más me impresionó en la cocina por aquellos tiempos fue el arroz. Me dispuse a preparar una zopa, con mucho cuidado, elegí una cacerola del tamaño de mi apetito, puse agua en abundancia, porque sabia de la sed de estos desgraciados. Cuando creí conveniente y tal como me había asesorado mi vieja, agregue un pocillo de arroz. Estos desaparecieron en aquel recipiente, conociendo a mi vieja estaba seguro que esa era la porción que comía yo cuando tenía dos años, y no podía haber crecido tanto. Vertí un nuevo pocillo y pensé que si sobraba un poquito se lo guardaría a Graciela, y agregue dos pocillos más. Al cabo de unos minutos la espuma quería salir de la cacerolita y le puse más agua. Los bichos ya estaban más grandes pero aún mantenían cierta dureza.
El fuego y el agua los hincharon hasta que salieron del recipiente y colmaron mi paciencia, ya no los aguante más y a patadas fueron a dar al incinerador. Y otra vez, chuletas y ensalada.
La segunda reincorporación también la firmé como haría el viejo. Dn. Manuel insistía en ver a mis viejos.
-No pueden venir Dn. Manuel. Ud. Sabe..... mucho trabajo.
Cuando sumé la inasistencia número 75 injustificada, ya Dn. Manuel no me pudo salvar y me quede libre.
Yo no sabia bien de que se trataba, en primer momento pensé que era libre para irme a mi casa, pero era libre para rendir todas las materias. Hasta los recreos me parece que estaban en los dos ejemplares de permisos de exámenes, que había logrado llenar.
Cuando le botonearon a los viejos, en menos que canta un gallo la tuve a la vieja en Bahía, cagandome a pedos. Después lloró un rato y dijo que yo no la quería y que lo había echo a propósito y todas esa yerbas. Finalmente se tranquilizó y largué mi oferta, que tenía pensada desde hacía tiempo.
--Me llevas a estudiar a Beltrán y te rindo todas esas materias de mierda para no perder el año.
La espada y la pared encontraron a mi vieja en el medio.
Sonó su nariz y rugió...
--Ganaste, pero como no sea como vos decís, preparate para la pateadura que te dará tu padre.
No podía demostrar la alegría, pero el zurdo me iba a mil. A los pocos días preparé el bolso por última vez.
Unas quince materias me separaban de la prometida pateadura y me puse las pilas.
En una semana pasaron todas, de a tres por día. Ya estaba en Beltrán. En cuarto año de secundaria. Y esta es otra historia.