viernes, 30 de octubre de 2009

No creas que siempre lo ves todo...

A veces la apariencia no es todo.
Me levante del banco, estire la chaqueta de mi uniforme de soldado y estudie a la muchedumbre que hormigueaba en el Centro Cívico de Bariloche observando el mejor ángulo para la foto. Buscaba a la chica cuyo corazón conocía, pero cuya cara no había visto jamás, la chica con una rosa en el pelo. Mi interés en ella había empezado trece meses antes en una biblioteca de Bariloche. Al tomar un libro de un estante, me sentí intrigado, no por las palabras del libro, sino por las notas escritas a lápiz en el margen.
Uno escuchó muchas veces anécdotas de la colimba y seguramente muy pocas tienen que ver con mujeres, normalmente uno se acuerda de aquel cabo o sargento que nos pegara un buen baile por dormir en la guardia o por no hacer como corresponde el cuerpo a tierra sobre el barro que deja la nieve.
Recuerdo haber estado tres días en el calabozo de la guardia por quedarme a pasar el primero de año en Las Grutas, pero la playa estaba hermosa y el sol doraba mi piel mientras hacia fiaca panza arriba y miraba las minas que pasaban, unas mas buenas que otras, cruzaba seriamente por mi mente la posibilidad de hacerme desertor.
De todos modos no me quejo, pasaron muchas cosas interesantes en ese año.
Mi carácter extrovertido y calentón siempre me destaco del resto de la tropa, eso me trajo algunos bailes extras y algunos beneficios. Al poco tiempo de haber terminado la instrucción en el campo y habernos instalado en el cuartel, me designaron presidente del club de soldados. De nuestro magro, casi ridículo, sueldo de soldado, nos descontaban unas chirolas para el club. Con eso había que comprar desde pelotitas de ping pong hasta algunos libros, que servían en los momentos de ocio. Mi antecesor en el cargo, un colimba de la 59, se destaco por ser muy conservador y cuando me hice cargo del inventario me encontré con unos cuantos mangos depositados en caja de ahorro en un banco de la ciudad.
Hice una lista de las cosas que hacían falta en el club y el resto decidí invertirlo en algunos libros. Mientras seleccionaba los que pudieran ser de interés me detuve en uno que llamo mi atención por aquellas notas en lápiz. La suave letra reflejaba un alma pensativa y una mente lucida. En la primera pagina del libro, descubrí el nombre de la antigua propietaria del libro, Ana Schumm. Invirtiendo tiempo y esfuerzo, conseguí su dirección.
Ella vivía en Buenos Aires. Le escribí una carta presentándome e invitándola a cartearnos, hoy le hubiera pedido el msn o el celu, pero tengan en cuenta que esto fue en la prehistoria, recuerdo haberme sorprendido con un radiograbador, imagínate, dos en uno, increíble proeza de la tecnología.
Durante el año y el mes que siguieron, ambos llegamos a conocernos a través de la correspondencia. Cada carta era una semilla que caía en un corazón fértil; un romance comenzaba a nacer. Le pedí una fotografía, pero ella se rehusó.
Ella pensaba que si realmente estaba interesado en ella, su apariencia no debía importarme.
Yo la imaginaba de distintas maneras, según las cartas que me escribiera y pensaba si algún día la conocería en persona. Seguramente hoy pasan estas situaciones con aquellas personas que se conocen en un chat del Internet. Pero en esos tiempos todo era mas lento, tan lento como el correo, la vida era mas lenta, quizás por eso se tienen mas recuerdos, hoy todo es tan rápido y efímero como el amor mismo. Te ibas a la cama con alguien después de meses de haberte conocido y hoy se van a la cama a conocerse. Algunas veces escuchas que tuvieron sexo pero no daba para preguntarle el apellido.

Cuando finalmente llego el día en que me daban la baja, fijamos nuestra primera cita a las siete de la tarde en el Centro Cívico de Bariloche.
Ella escribió: "Me reconocerás por la rosa roja que llevare puesta en el pelo." Así que a las siete en punto, estaba en el Centro, buscando a la chica cuyo corazón amaba, pero cuya cara desconocía.
Una joven venia hacia mi, y su figura era larga y delgada. Su cabello rubio caía hacia atrás en rizos dorados; sus ojos eran tan azules como flores. Sus labios carnosos y rosados, dejaban ver una dentadura perfecta, enfundada en su traje verde claro, era como la primavera encarnada. Comencé a caminar hacia ella, olvidando por completo que debía buscar una rosa roja en su pelo. Al acercarme, una pequeña y provocativa sonrisa curvo sus labios.
-¿Hola soldado?- murmuro.
Casi incontrolablemente, di un paso para seguirla y en ese momento vi a Ana Schumm. Estaba parada casi detrás de la chica. Era una mujer de más de cincuenta años, con cabello entrecano que asomaba bajo un sombrero gastado. Era bastante rellenita y sus pies, anchos como sus tobillos, lucían unos zapatos de tacón bajo.
La chica del traje verde se alejaba rápidamente. Me sentí como partido en dos, tan vivo era mi deseo de seguirla y, sin embargo, tan profundo era mi anhelo por conocer a la mujer cuyo espíritu me había acompañado tan sinceramente y que se confundía con el mío. Y ahí estaba ella. Su faz pálida y regordeta era dulce e inteligente, y sus ojos grises tenían un destello cálido y amable. No dude más. Mis dedos se apoyaron en las tapas gastadas de color azul del pequeño libro que haría que ella me identificara.
Esto no seria amor, pero seria algo lindo, algo quizás aun mejor que el amor: una amistad por la cual yo estaba y debía estar siempre agradecido. La salude y le extendí el libro a la mujer, a pesar de que sentía que, al hablar, me ahogaba la amargura de mi desencanto.
-Soy Norberto, y usted debe ser Ana Schumm. Estoy muy contento de que pudiera venir a nuestra cita. ¿Puedo invitarla a cenar?...
La cara de la mujer se ensancho con una sonrisa tolerante.
-No se de que se trata todo esto, muchacho –respondió- pero la señorita del traje verde que acaba de pasar me suplico que pusiera esta rosa en mi pelo. Y me pidió que si usted me invitaba a cenar, por favor le dijera que ella lo esta esperando en el restaurante que esta cruzando la calle.
Dijo que era algo así como una prueba.

No es difícil entender y admirar la sabiduría de Ana Schumm. La verdadera naturaleza del corazón se descubre en su respuesta a lo que no es atractivo. "Dime a quien amas, y te diré quien eres."

miércoles, 28 de octubre de 2009

Carta de una madre a su hijo.

Desde que se empezaron a conocer mis escritos, a muchos vecinos y amigos, les ha entrado el deseo de que se conozcan sus historias también. Algunos me cuentan episodios realmente increíbles y es verdad que la ficción jamás podrá superar a la realidad. Uno puede tener una brillante imaginación, pero les aseguro, al menos en mi pueblo, hemos superado lo imposible.
Hace un tiempo me encontré con un amigo de la infancia, que por motivos de trabajo se fue de Beltrán, en principio me agradeció por hacerle recordar su infancia y después me dio una carta que recibiera de su madre, como para que yo escribiera una historia. Después de haberla leído creo que hay cosas que no deben modificarse, porque son obras de arte y si las retocas es muy posible que la estropees. Me limito entonces a transcribírselas para que la disfruten.

Querido hijo:
Te pongo estas líneas para que sepas que te escribo. Así que si recibes esta carta es porque te llegó, si no, avísame y te la mando de nuevo. Te escribo despacio porque sé que no puedes leer de prisa.
De todos modos te cuento que nos han cortado el te, pero tu padre recién fue hasta la casa del vecino para llamarte desde allí, pero no te preocupes porque llevo nuestro aparato para que no gaste.
El otro día tu padre leyó que según las encuestas, la mayoría de los accidentes ocurren a un kilómetro de casa, así que nos hemos mudado más lejos. La casa es preciosa; tiene hasta una lavadora que no estoy segura si funciona o no. Ayer metí ropa, tiré de la cadena y no he vuelto a ver la ropa desde entonces, pero bueno.
El tiempo aquí no es tan malo; la semana pasada sólo llovió 2 veces.. La primera vez por 3 días y la segunda por 4.
Con respecto a la chaqueta que querías, tu tío Pepe dijo que si la mandábamos con los botones puestos pesaría demasiado y el envío sería muy caro, así que le quitamos los botones y los pusimos en el bolsillo.
El médico vino a la casa para ver si estábamos bien y me puso un tubito de vidrio en la boca. Me dijo que no la abriera por 10 minutos y tu padre se ofreció a comprarle el tubito. Hablando de tu padre, qué orgullo, te cuento que tiene nuevo trabajo con cerca de 1000 personas a cargo. Lo han ocupado de sereno en el cementerio del pueblo.
Tu hermana Julia, la que se casó con su marido, por fin dio a luz, pero como todavía no sé de qué sexo es, no te sé decir si eres tío o tía. Si el bebé es una niña, tu hermana va a nombrarla como yo. Se nos va a hacer muy rarollamar a su hija 'Mamá'.
Tu padre le preguntó a tu hermana Pilar que si estaba embarazada, ella le dijo que sí, de 5 meses ya; pero ahí tu padre le preguntó que si ella estaba segura que era de ella.. La Pilarica dijo que sí. Moza de hierro tu hermana Pilar, qué orgullo, de tal palo tal astilla.
No sabes lo contento que esta desde que tenemos en la Asociación Española, nuestro propio Circulo Italiano.
Por cierto, que tu primo Paco se casó y resulta que le reza todas las noches a la esposa, porque es virgen.
No se si sabias que tu padrino se ahogó en la cooperativa de vino en un tanque de Reserva Choele Choel, varios hombres trataron de salvarlo, pero él luchó valientemente contra ellos. Tardaron 3 días en apagar el fuego cuando lo cremamos.
Debo decirte que el tío Noé esta cada día mas bruto, lo encontré el otro día y le pregunte como anda eso y de muy mala manera me respondió que no sabe, que el vende YPF
A quien nunca hemos visto más por aquí es al tío Venancio, el que murió el año pasado.
Y tu hermano Juancho no puede ser mas despistado… Cerró el coche y dejó las llaves adentro cuando lo acompañe a comprar una batería porque le dijeron que tenía que traer la vieja. Tuvo que ir hasta la casa a buscar el duplicado para poder sacarme de adentro del auto.
Todos te extrañamos mucho, pero mucho más desde que te fuiste. Tienes que escribirnos contándonos que tal te va con tu nueva novia extranjera, no sabes como nos pusimos de contentos cuando nos dijiste que estabas en la cama con Hepatitis, ¿es acaso griega? pues no nos lo aclaraste aún.
Bueno mi hijo, no te pongo mi dirección en la carta, porque no la sé. Resulta que la última familia gallega que vivió por aquí se llevó los números para no tener que cambiar de domicilio.
Esta carta te la mando por Manolo que va mañana por allí. A propósito, ¿puedes ir a buscarlo a la terminal?
Si ves a Doña Remedios, dale saludos de mi parte; si no la ves, no le digas nada.
Tu madre que te quiere.

Isabel Martines de Hernández

P.D. Te iba a mandar 100 pesos, pero ya he cerrado el sobre.

domingo, 4 de octubre de 2009

Cuando apagas mas de 40 velitas.

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.
No hace tanto mi mujer lavaba los pañales de los chicos. Los colgaba en el tendal junto a otra ropita; los planchaba, los doblaba y los preparaba para que los volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas tengan sus propios hijos se encargaran de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales). ¡Se entregaron con patas y todo a los desechables!
Si, ya sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así andamos aun por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores. Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban como podían con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad.
¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por donde se entra.
Lo más probable es que lo de ahora está bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.
¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo los envases de tergopor del helado para guardar cositas! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!
Es que vengo de un tiempo en que las cosas se compraban para toda la vida.
¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza. Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.
¡Nos están fastidiando!¡¡Yo los descubrí. Lo hacen a propósito!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.
¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las Nike?
¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa?
¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?
¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se desecha y mientras tanto producimos más y más basura.
El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.
El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era chico por mi casa no pasaba el basurero!!¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de 50 años! .Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los chanchos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII). No existía el plástico ni el nylon.
La goma solo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan. Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban.
De por ahí vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el "guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo" pasarse al "compre y tire que ya se viene el modelo nuevo".
Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y la misma camioneta.
Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.
Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?
¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con que se consiguieron?
En casa tenemos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón es para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardamos...
¡¡Como guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡Guardábamos las chapitas de las gaseosas! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela.
¡Tooodo guardábamos!
Las cosas que usábamos: camisas de faroles, ruleros, jeringas y agujas. Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carretéeles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón. Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar.
Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón.
Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor. Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables.
Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del pateé de foad, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que una rosa.
Las cosas no eran desechables. Eran guardables.
¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver!!. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne! Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos.
Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con que intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía "este es un 4 de bastos".Los cajones guardaban pedazos izquierdos de perchas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una percha.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden "matarlos" apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada. Ni a Walt Disney.
Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: "Cómase el helado y después tire la copita", nosotros dijimos que sí, pero, ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas.
Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, los pistones del jeep en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella. Y me muerdo para no comparar valores que se desechan y los que preservábamos. Ah ¡ No lo voy a hacer!
Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable. Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.
Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer.
No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los viejos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.
Esto sólo es un comentario que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva.
Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la bruja me gane de mano y sea yo el entregado.

EL DIA QUE SARA CONOSCA A WALTER

El invierno ya daba sus últimos estertores, cuando Walter entro en aquel restaurante de renombre.
Un viejo cartel de madera en el fondo del local, como un homenaje a su fundador, iluminado apenas con dos faroles de jardín, indicaba que estaba en el lugar correcto.
Le habían dicho que en el restauran del alemán Shulember, encontraría lo ideal para calmar su apetito. Tomo una mesa junto a la ventana y aprovechando la luz natural de aquel día de primavera, se dispuso a hojear detenidamente el menú que estaba dispuesto en cada una de las mesas. Pensó que era el tiempo justo de cambiar su dieta de carnes.
Después de decidir por uno de aquellos manjares de vegetales perfectamente descritos, se quedo mirando el patio donde las rosas multicolores se combinaban con enormes cipreses que daban al lugar una hermosa vista que invitaba a la relajación. Sus cotidianos problemas con los cultivos y el clima que lo tenían preocupado fueron dando paso a una hermosa sensación de paz y tranquilidad.
Se sorprendió cuando una voz femenina lo rescato de sus pensamientos preguntándole si ya tenía decidido su pedido.
Una hermosa mujer de ojos tristes y de sonrisa fingida, parada junto a su mesa, esperaba distraídamente su respuesta mirándolo fijamente a los ojos. Después de tomar nota, la vio dirigirse a donde supuestamente se encontraba la cocina.
Pasaron escasos minutos y no pudo retirar sus ojos de aquella mujer que se acercaba con su comida en una bandeja.
- Mi nombre es Sara –dijo como respondiendo al interrogante de aquella mirada- Si desea algo, por favor, solo llámeme por mi nombre.
Dejo en la mesa lo que traía.
Walter no podía disimular que se sentía atraído por Sara. Bebió un pequeño sorbo de la gaseosa dietética y antes que se retire se animo a pedirle -viendo que era el único cliente del lugar- si podía compartir su mesa, que no estaba acostumbrado a comer solo y que se sentiría muy a gusto si charlaba con él. Sin decir nada, Sara dejo la bandeja en la mesa mas cercana y se sentó. Walter agradeció mientras retomaba el lugar en su silla después de amagar levantarse a modo de cortesía.
- ¿Usted no hace mucho que ha venido al pueblo? –pregunto Sara demostrando algún interés que Walter noto rápidamente.
Pero imaginó que aquel interés seguramente lo tendría con todos los clientes del lugar y que seria parte de las atenciones que lo habían hecho famoso.
Walter contó su historia reciente en el pueblo y se interesó por la vida de Sara.
Eso la sorprendió. A los clientes les gustaba hablar de sus proyectos y su vida pasada.
Ninguno se había interesado por la vida de la mesera. Se sintió alagada.
Cuando llego la hora del postre ya eran amigos. Conocían sus gustos y sus temores, algunos compartidos, como la lectura. Mientras compartían el café comentaron las novelas que estaban leyendo. Y Sara se lo imagino en el claustro junto a la chimenea, acortando las largas noches de invierno.
A la hora de pagar Walter no pudo disimular su perturbación. Dejo el dinero sobre la mesa y se despidió de Sara rápidamente con la promesa de volver otro día porque todo había estado a su gusto, la comida y fundamentalmente la conversación.
Cuando estaba girando sobre sus pasos para irse, Sara le dijo que no era necesaria la propina, que con los trece pesos de la cuenta era suficiente.
No la escucho y se fue. Sara se encogió de hombros y se dispuso a terminar la tarea del día mientras recorría en su memoria las compras para el siguiente. Cuando se percato que era viernes, miro la puerta por donde algunos momentos antes había salido aquel personaje. Después de haberle comentado muchas cosas de su vida, tomo conciencia que ni siquiera sabía su nombre.
Retomo el trabajo pero no pudo quitar de su mente aquel hombre amable con el que se sintió tan importante y su imaginación comenzó a tejer diversas historias posibles que fueran responsables de la superstición del cliente.
No pudo menos que sonreír por las contradicciones de los hombres.
De un golpe desplazo el carro de su vieja Olivetti y continúo transcribiendo el texto que le habían encomendado. El sol se desplomaba detrás de los cipreses, el aroma de las rosas penetraba desde el jardín y se dispuso a tomar un merecido descanso. Estiro sus dedos adoloridos y cerro los ojos.
Walter entro al restauran tomo una mesa junto a la ventana y aprovechando la luz natural de aquel día de primavera, se dispuso a hojear detenidamente el menú que estaba dispuesto en cada una de las mesas…

viernes, 2 de octubre de 2009

El Velorio de Kuwait.

Desde muy chico tuve algo especial con los velorios, en realidad con la muerte misma. Me detuve a pensar si es normal que se cuenten chistes mientras se le hace el aguante al finado. Y llegue a la conclusión que uno trata de restarle importancia a la muerte, de ningunearla, aunque inconciente, sabemos que es inútil ir mas rápido por la vida, ella en algún momento te alcanza.
Así que desde ese día cuando saludo algún deudo solo lo abrazo, no digo nada, total ya sabe porque vine. Es como si te acusan, todo lo que digas puede ser usado en tu contra.
Y como pasa la vida naturalmente viene la muerte y en el medio depende de vos lo que hagas con ese tiempo.
No recuerdo cual fue mi primer velorio, pero hay uno que nunca podré olvidar.
En el pueblo seriamos seis los que siempre estábamos juntos en el camino de la vida.
Fueron muchos años de compartirlo todo. Pero ya te dije. La parca te alcanza en algún momento. Y lo alcanzo primero al negro Calfin, que le decían Kuwait porque estuvo 150 días tomado.
El negro era un buen tipo y más ahora que estaba muerto. Porque hasta los más jodidos cuando mueren se convierten y todos se acuerdan de lo bueno que era el finado.
Pero este era bueno en serio. Pero chupaba. Nos enteramos que había muerto porque en el hospital no lo reclamaba nadie y se acordaron de nosotros, sus amigos de siempre.
Nos juntamos en el taller y decidimos que Kuwait merecía un velorio con los que el hubiera querido estar.
Fuimos a buscarlo y organizamos todo para estar solo nosotros con el. Total quien se podría ofender si no le prestaron atención en vida.
Compramos asado, pan, bastante vino y lo llevamos al taller.
Kuwait siempre andaba de traje con un sombrerito petitero que le daba pinta de malebo del 900.
Lo acomodamos en una silla cerca del fuego donde siempre charlábamos mientras se hacia el asado y al principio nos pareció extraño que no dijera nada, pero después de media hora era normal que quedara mudo. El chupaba.
Cuando estuvo listo el asado, como de costumbre, lo arrimamos a la mesa.
Comimos. Contamos las mismas anécdotas de siempre y Kuwait… callado nomás.
Después pensamos que Kuwait, merecía un velorio como la gente.
Pero eso cuesta plata y no estábamos para gastos.
- El Salón Comunitario del Santa Cristina te lo prestan para estos casos.- comento José Salinas.
- Que hacemos con Kuwait? – pregunto el Ruso.
-Y lo llevamos – le dije- Quien se va a dar cuenta que esta muerto?
Lo sentamos detrás del asiento del conductor en la combi, le pusimos el cinturón de seguridad y partimos.
Cuando llegamos nos atendió doña Carmen. Nos dijo que no tendría ningún problema en que lo veláramos allí pero que tenia que ser en un cajón y que ella no lo preparaba, que lo tendríamos que hacer nosotros. Y donde conseguimos un cajón a esta hora pensé.
El único que tenia guardia para estos casos era Valentíni, pero en Choele.
Le dije a doña Carmen que acomodara el Salón que volveríamos enseguida y salimos.
Íbamos llegando a Choele cuando nos paró la cana.
-Buenas noches- dijo el milico- carné de conductor, tarjeta verde…
Miraba de reojo a Kuwait.
-¿Parece que esta muerto el amigo? – Bromeo el milico.
- Si, se tomo todo el vino- comento el Ruso. Y no estaba equivocado porque en tantos años de curda era mucho lo que se había tomado.
- No lo dejen manejar a la vuelta – recomendó. Y ordeno que continuemos.
Efectivamente en la funeraria pudimos comprar un cajón donde calculamos que estaría cómodo nuestro amigo.
Regresábamos y otra vez la cana. El mismo milico nos reconoció y nos dijo sonriente…
- Ah, disculpen muchachos ustedes son los del muerto… sigan nomás… pero pónganlo a dormir la mona porque esta duro el hombre.
- Este no se despierta más. –Comento el ruso-
Cuando nos alejamos un poco, José Salinas que no era de mucho hablar concluyo lo más tranquilo…
- Si tenes el carné vencido te procesan, pero podes dedicarte a pasear los muertos que estos encima te dan consejos.
En el Salón doña Carmen tenía todo listo. Había acomodado en una pared del costado un crucifico, dos candelabros grandes uno a cada lado, dos caballetes de las mesas que usaban en el comedor para que pusiéramos el cajón y varias sillas contra la pared.
Al fondo y a un costado había una mesita con caramelos y ya tenia listo el café.
Bajamos a Kuwait entre dos y dos mas acomodaron el cajón en los caballetes. Lo metimos como pudimos lo peinamos un poco le cruzamos las manos y arriba el sombrerito petitero. Nos quedamos mirándolo un momento y doña Carmen pregunto…
- ¿Van a estar ustedes solos muchachos?
Cruzamos miradas pensando en quien faltaba, pero estábamos todos.
Entonces doña Carmen dijo que alguien tenía que rezar y que no era bueno que nadie lo llore porque se podía ofender el espíritu del muerto.
Ninguno de nosotros estábamos en condiciones de hacer la tarea. Doña Carmen entendió con nuestro silencio que debería ocuparse de esos detalles. Se calzo un ponchito y salio.
Nosotros nos servimos café.
Al rato llegaron varias viejas que se acomodaron en las sillas rodeando el cajón. Una, se encargo de los padres nuestros y otra de los Ave María.
Desde donde yo estaba alcanzaba a ver a las viejas con el cajón en medio y la puerta de entrada.
En eso se abrió la puerta de un golpe y entro Antibiótico, un compañero de curdas de Kuwait, que le decían así porque se tomaba cada ocho horas y se veía que estaba bajo los efectos de uno muy potente.
Parece que ya se había notado la ausencia de Kuwait y por supuesto primero en los bares conocían la noticia.
Antibiótico se arrimo despacito al cajón y haciendo gestos pretendía aclarar la vista y se tambaleaba.
- No somos nada. – Comento resignado- Te dije que no chuparas más, ¿viste lo que te paso? – le reprochaba a Kuwait.
Se quedo un momento allí como esperando respuesta de Kuwait y caminó hacia donde estábamos nosotros.
-¿Qué tal muchachos? – saludo. Y sobre la pata agregó…
-Si tuvieran algo fuerte para pasar el mal momento, se los agradecería.
Estaba muy claro que el daba consejos pero no los ponía en practica.
Las viejas seguían rezando y yo me preguntaba si alguna vez Kuwait lo había echo.
El chueco Roldán comentaba que en esos días había perdido un caballo, que lo estuvo buscando por todos lados y que sospechaba que se lo hubieran comido.
Antibiótico escuchaba y enseguida acuso a Firulete porque lo había visto con plata y ahora entendía todo.
Ya estaba aclarando cuando llego La Marta, la campera de lana al revés para que no se viera la mugre, una media de cada color, alpargatas bigotudas en chancletas y barbuda como nunca. Miraba para todos lados buscando con quien llorar pero todas rezaban.
Se paro al lado del cajón, moqueó un rato y se arrimo para el fondo.
Cuando la vi venir decidí que era un buen momento para salir a fumar un cigarrillo, no vaya a ser cosa que me agarre justamente a mi para desahogarse, no se de que porque a Kuwait apenas lo conocía. Pero conociéndola sabía que siempre andaba con ganas de llorar y de babosear a alguien. La esquive con lo justo y salí.
Ya estaba de día. Lindo sol de primavera. Una vieja pasaba en bicicleta y pregunto quien era el finado. Le dije y voleo la pierna. Recostó la bicicleta en una planta de la vereda y se metió. Ya era un velorio exitoso pensé.
Estaba dando la última pitada a mi cigarro cuando lo veo a Cochengo que viene en el Rastrojero. Lo paro y le pregunto si tendría algún problema en venir como a las diez para llevar a Kuwait hasta el cementerio así las viejas podían ir en la combi y nosotros caminando. No puso ninguna excusa porque tenía tiempo de dormir un rato ya que él venia del bar de Fuentealva y estaba enterado de la desgracia.
Recien cerraba Fuentealva y cada borracho a su casa. Cuando miro la puerta del Salón veo que entran dos al velorio. Me apuro y entro detrás de ellos. Sorprendidos los curdas que pensaban haber encontrado otro bar para seguir chupando.
Uno le dice al otro:- Ramón, mira la vieja esa como llora.El otro le contesta:- Cállate, y vamos a escuchar que dice...Y la mujer dice:- Se lo llevan donde no hay agua, donde no hay comida, donde no hay luz, donde no hay mujeres...Y el borracho preocupado le dice a Ramón:- Ramón, rajemos que lo llevan pa' tu casa !!!!
Como pueden giran sobre sus pasos y salen.
Me corro hasta el fondo, veo que ya había llegado el cura para despedir a Kuwait y estaba sentado al lado de Antibiótico que leía el diario.
El cura finge que Antibiótico no existe y disimula su incomodidad. Al rato, Antibiótico mira al cura y le pregunta:- Oiga buen hombre! Puede decirme qué cosas causan artritis?El cura, molesto, le responde en tono sarcástico…- Ciertamente la vida relajada, el andar frecuentando mujeres mundanas, los excesos con el alcohol y todas esas porquerías...!!!- Dios me libre!!!! -responde Antibiótico volviendo a su lectura-.El cura, pensando en lo que dijo al pobre infeliz, decide disculparse y le dice en tono comprensivo…- Disculpe usted, no quise ser tan rudo... ¿Desde cuándo sufre de artritis?.- Yo, nunca la padecí, padre! Sólo estaba leyendo en éste diario que el Papa la sufre hace unos meses.
Yo a estas alturas pensaba en el pobre Kuwait, que si no hubiera estado muerto lo bien que lo hubiera pasado en su velorio. Pero de cualquier forma sentí satisfacción, supe en ese momento que todo estaba como hubiese querido Kuwait.
Llego el momento de llevarlo al cementerio y por allá apareció Cochengo que ya había dejado el rastrojero en la puerta del Salón.
El cura dio el último responso, nos despedimos de nuestro amigo y cerramos el cajón.
Cada uno de nosotros tomo una manija y Antibiótico se prendió también.
Cuando salíamos trastabilló y una vieja le dijo que fuera con cuidado a ver si se caía el cajón. Antibiótico la mira y le dice…
- No se preocupe señora el que va adentro esta muerto.
Cargamos el cajón en el Rastrojero, subieron las viejas en la combi y nosotros caminamos atrás camino al cementerio.
Habíamos salido del pueblo cuando veo que el chueco Roldán se sube a un terraplén de un desagüe y mira con mucha atención para adentro de una chacra.
Al rato se nos une en la procesión. Veo que ha cambiado el semblante y le pregunto…
-¿Que mirabas allá chueco?
- Desgracia con suerte –me dice muy serio- Murió Kuwait pero encontré el caballo.

La Imaginación.

Por estos días estoy preocupado por algunos de mis amigos, que son los amigos de mi hijo, con los que estaré siempre agradecido por dejarme ser parte, por no hacer la diferencia que muestran los años.
Yo se, por experiencia que nos es fácil encontrar el camino cuando tenés veintipico.
Cuando la Argentina se debate en manos de incapaces y ladrones.
Cuando no podes programar mas allá del día a día.
Cuando un funcionario tiene el gobierno soñado y la realidad muestra que cada día hay menos posibilidades para los jóvenes que quisieran vivir dignamente algún día.

Estaba pensando en estas cosas y recordé una antigua leyenda de la Edad Media en la que un
hombre muy virtuoso fue injustamente acusado de haber asesinado a una mujer.
En realidad el verdadero autor era una persona muy influyente del reino y por eso desde el primer momento se procuró un chivo expiatorio para encubrir al culpable.
El hombre fue llevado a juicio ya conociendo que tendría escasas o nulas oportunidades de escapar al terrible veredicto... ¡ la horca !

El juez, cuidó no obstante de dar todo el aspecto de un juicio justo, por ello dijo al acusado:
"Conociendo tu fama de hombre justo y devoto del Señor vamos a dejar en manos de él tu destino."

Vamos a escribir en dos papeles separados las palabras culpable e inocente, tú escogerás y será la mano de Dios la que decida tu destino.

Por supuesto el mal funcionario había preparado dos papeles con la misma leyenda 'CULPABLE', y la pobre víctima aún sin conocer los detalles, se daba cuenta que el sistema propuesto era una trampa. No había escapatoria.

El juez le dijo al hombre que tomara uno de los papeles doblados. Éste respiro profundamente, quedó en silencio unos cuantos segundos con los ojos cerrados y cuando la sala comenzaba ya a impacientarse abrió los ojos, y con una extraña sonrisa hizo su elección, tomó uno de los papeles y llevándolo a su boca... se lo tragó rápidamente.

Sorprendidos e indignados los presentes reprocharon airadamente: "¿Pero qué hizo?, ¿y ahora?, ¿cómo vamos a saber el veredicto?"

-"Es muy sencillo"- respondió el hombre. "Es cuestión de leer el papel que queda y sabremos lo que decía el que yo elegí".
Con rezongos y enojo mal disimulado debieron liberar al acusado y jamás volvieron a molestarlo.

Por eso amigos, cuando todo parezca perdido, usen la imaginación.

SABIA REFLEXION

Muchas veces... cuando Llorás... nadie se percata de tus lágrimas...
Muchas veces... cuando estás triste... nadie se percata de tu tristeza ...
Muchas veces... cuando estás preocupado, nadie se da cuenta de tu preocupación...
Muchas veces... cuando estás deprimido nadie nota tu depresión...
Muchas veces... cuando estás feliz... nadie se percata de tu sonrisa...
Pero...tirate un pedo, aunque sea chiquito,
o sacate un moquito, haciéndote el disimulado...
y no es joda, vas a ver que por lo menos 2 ó 3 hij*s de mil p*t* se dan cuenta de lo que estás haciendo!!!