jueves, 11 de enero de 2018
Plata y Miedo Nunca Tuve.
Cuando volví de Tandil, mi casa era una tapera. Buscaba por donde entrar y apareció Aníbal Espinel, el novio de mi hermana. Me conto que mis viejos estaban en Buenos Aires y que él se había quedado de casero.
Más o menos me puso al tanto de la situación. Era difícil entender que mi viejo estuviera en busca de un crédito importante como para tomar un poco de oxigeno y volver a generar recursos para achicar las deudas, que lo habían atado de manos.
Los bancos locales no tenían los medios y sus cuentas corrientes, cerradas. Los proveedores, muy preocupados, también habían achicado sus créditos y era lógico, todo el mundo sabía, que a cada santo le debía una vela.
Para colmo, todos los días venia algún oficial de justicia a reclamar algún pago y como la respuesta era negativa, procedían al embargo de algún bien.
Las noticias de Buenos Aires, no fueron alentadoras. En una comunicación telefónica, mi viejo dijo que estaba pensando en irse a Italia, que no tenía fuerza para afrontar el desguace de su empresa. Yo trate de alentarlo, pero no tenía muy claro de qué manera podría ayudar.
Salí a comprar cigarrillos y un tal Raúl Plouganou, se acerco en un Torino y desde la ventanilla me pregunto si yo era el hijo de Francisco Pirri. Pidió si podríamos charlar un rato de un tema de negocios.
Yo lo conocía de nombre, jamás cruzamos palabras antes. Lo invite a casa y acepto. Entramos y fui derecho a preparar unos mates, él me siguió. Pregunto por mi viejo y le comente que no estaba.
-No importa -dijo- con el que quiero hablar es con vos.
Empezó diciendo que lo conocía a mi viejo de una licitación, hacia como dos años, en la que se presentaron los dos y que su proyecto había sido superior al que presento mi viejo.
Me di cuenta que se trataba del matadero municipal y ahora entendía porque la faena de mi viejo se fue a Villa Regina, al matadero del Indio Gutiérrez.
Raúl me explico que cuando presento el proyecto, contaba con esa faena y como Francisco, decidió trasladarla, no estaba en condiciones de dar cumplimiento al contrato firmado con la municipalidad.
Yo recordé los dichos de mi viejo cuando perdió esa licitación.
-He visto caere arbole así de grande.-
Desde Rosario, a Raúl se le complicaba mucho poder administrar el negocio.
Lo escuché atentamente, pero no entendía por donde venia la mano. Me comento que hubiera sido bueno tener una charla con mi viejo, pero eso era imposible por su carácter difícil. Eso si lo entendí y me sonreí.
Como si yo fuera un empresario en potencia, me explico que tenía intenciones de transferirme el contrato que lo comprometía con el matadero.
Cuando me cedió la palabra le pregunte si él estaba consciente, si no se había desayunado con grapa, que yo tenía 19 años, que no tenía ni idea de empresas, ni de contratos y que lo único que podía ofrecerle como capital en garantía, era una bicicleta aurorita y en llanta.
Después de reírnos un rato, me dio algunos detalles de cómo veía la oportunidad de hacer un acuerdo en el que los dos fuéramos beneficiados. Un administrador que trajo de Rosario estaría dispuesto a quedarse conmigo al frente del matadero, hasta que yo aprendiera el manejo.
Me hablo de las obras que estaban comprometidas y que el contrato consistía en un derecho de uso y explotación con compromiso de obra y que al finalizar el contrato, esas obras quedarían en propiedad del municipio. Que su negocio era ser proveedor y diseñador de mataderos, no matarife. Que mi viejo sí conocía el oficio y yo podría contar con su faena.
El compromiso con él sería, que al momento de hacer las obras, lo consulte, por sus honorarios en las presentaciones y aprobaciones de planos en SENASA y por los precios de la maquinaria que fuera necesario incorporar a la planta. Que después hablaríamos del costo que tendría la transferencia de la empresa a mi nombre.
Al día siguiente me paso a buscar para ir al matadero. Yo había pasado la noche pensando en todo lo que había escuchado y llegue a la conclusión que no tenía nada que perder. Como en otras ocasiones, me acorde de mi amigo y compadre Luisito Bernardi y tal como él dice, “plata y miedo nunca tuve” me ayudo a decidirme a aceptar la oferta.
Me presento al administrador que estaba al tanto de lo que pasaba y repitió los dichos de Raúl. Hubo una reunión de personal y les comunicaron que a partir de ese momento, el que estaba a cargo era yo. La mayoría de los presentes me conocían, porque eran viejos hombres del oficio y muchos de ellos me habían enseñado a lavar achuras.
Se notaba el escaso presupuesto en la ropa de trabajo, algunos con camisas de colores, otros que no le entraba un remiendo más, unos pocos con botas blancas muy gastadas y el resto, el que no tenía los dedos afuera, tenía una bota negra y otra amarilla de vieja. También faltaban cuchillos y otras herramientas de trabajo. Las caras se dividieron entre preocupadas y animadas.
Me conocían, sabían de qué sangre venia, pero todos creían que era un cachorro, que no estaba en condiciones de mear como mean los perros grandes.
El Jugador.
Se levanto de la mesa corriendo la silla con bastante ruido, se apoyo con los nudillos y procuro estirar las piernas.
-Sres. Hasta aquí llego yo. – dijo a modo de despedida y se dirigió al perchero que estaba justo detrás de él.
Las arrugas en su ropa, que mostró cuando nos dio la espalda, mostraban las horas que habíamos pasado hablando de nada y de todo, mientras las cartas recibían elogios y puteadas, según eran las de ganar o perder.
Con algún esfuerzo se calzo el sobretodo, acomodo su sombrero de alas cortas y se fue.
Por un instante creo que todos sentimos deseos de seguirlo.
Después alguien pregunto.
– ¿Quien reparte? – y comenzó una mano mas y otra…
Yo me quede pensando, adonde iría con ese ánimo. Sentí de alguna manera la necesidad de estar con él. Después pensé que no era una situación única, él había vivido momentos como ese muchas veces y hasta he dudado, si de verdad no jugaba hasta perder, porque daba esa sensación.
Quizás el verdadero placer del jugador no está en jugar, ni siquiera en ganar, sino en jugar hasta perderlo todo, lo que tenia y lo que no.
Me levante de la mesa y copie los pasos de mi amigo, busque mi abrigo y salí. El frío de la madrugada me hizo estremecer. Camine rumbo a mi casa.
A dos cuadras… encontré a mi amigo… sentado en una vidriera… con la mirada perdida… y jugando con un cigarrillo.
- ¿Qué haces acá con este frío?- le dije preguntando realmente, no lo que hacía, porque lo veía, sino que me interesaba saber qué cosas pasaban por su mente en ese momento.
Levanto la vista, giro un poco la cabeza hasta que nuestros ojos se enfrentaron… y soltó con apenas un temblor en su mentón…
- Ayúdame…
sábado, 2 de junio de 2012
Querida Nené:
Siempre digo que uno se forma de las personas que nos rodean, de cada uno tenemos un recuerdo y de ese recuerdo una costumbre, una manía si se quiere. Es imposible determinar a quién le debemos ese pedacito de molde, seguramente aquellas que han puesto su sello en nosotros con amor y cariño, son las que además de colaborar en nuestra formación, se instalaron en nuestro corazón para siempre.
Cuando recorro mis recuerdos de la infancia, casi siempre aparecen las mujeres que me cuidaban mientras mis viejos laburaban en la carnicería. Se podría decir que he sido un tipo con suerte, de todas ellas tengo recuerdos hermosos. A todas las he amado y aun hoy son como mi vieja dividida en pedacitos. Algunas ya se han ido a cuidar otros pibes en el cielo y a Nené Cabarrou de vez en cuando la veo en el pueblo. Yo no sé si ella sabe cuánto la quiero y con los años aprendí que es muy lindo decirles a las personas queridas lo que uno siente.
Hacía pocos días que dormía solo en la habitación al otro lado del comedor de mi casa, unos pocos metros me alejaba de la habitacion de mis viejos y la de mi hermana, pero tengan en cuenta que unos pocos metros cuando sos chico es una gran distancia, hoy puedo decir que más de una vez sentía cagazo, hasta que descubría el origen de cada uno de los nuevos ruidos de ese lado de la casa, cuando vino a vivir con nosotros Nené, los fantasmas ya no me molestaron, estaba con Nené y estaba seguro.
Ella, además de ocuparse de ocultar mis travesuras para que no se enoje mi viejo, colaboraba con mi vieja en los quehaceres domésticos. A ella le debo muchas cosas buenas, además de las pilchas limpias y ordenadas, sabia donde estaban los juguete que yo dejaba en cualquier lado, no importaba cuanto hacia que no lo usaba, ella sabía exactamente donde estaba cada uno de ellos y yo admiraba esa memoria.
Una vez por semana llegaba la revista Anteojito y la historieta de Anteojito y su Tío Antifaz. Eran apenas cuatro o cinco cuadritos de una historia continuada. Ese día además de bañarme y secarme al lado del calefactor, Nené me interrogaba lo que había pasado en la revista anterior y mostrándome los dibujitos me leía lo que estaba escrito sobre sus cabezas indicando con una flecha a quien correspondía ese dialogo. Me enseño que cada signo significaba un tono de voz y por eso yo creía escucharlos conversar o asombrarse o enojarse.
Yo no recuerdo cuantos años vivió con nosotros, pero sí recuerdo el día que se fue porque me puse muy triste. Según me explico mi vieja, se fue con el Sr. que venía los domingos a visitarla y siempre jugaba conmigo un rato.
Un día escuche a un amigo de mi viejo contar una historia. Este hombre tenía una chacra en un lugar donde el viento corría muy fuerte y no conseguía a nadie que quisiera trabajar en ese lugar inhóspito. Finalmente, un hombre bajo y delgado, de mediana edad, se aproximo al chacarero.
- ¿Usted es un buen trabajador? –le pregunto el chacarero-
-Bueno, yo puedo dormir cuando el viento sopla…- le respondió el pequeño hombre. Aunque bastante confundido con la respuesta el chacarero, desesperado por ayuda, lo empleó.
Este pequeño hombre trabajó bien en todo el campo, manteniéndose ocupado desde el amanecer hasta el anochecer. El chacarero estaba satisfecho con el trabajo del hombre. Pero entonces, una noche el viento soplo ruidosamente. El chacarero saltó de la cama, agarro una linterna y corrió hasta el alojamiento del empleado. Sacudió al pequeño hombre y le gritó:
- ¡Levántate!¡ Un temporal está llegando! ¡Amarra las cosas antes que sean arrastradas!
El hombre se dio vuelta en la cama y le dijo firmemente:
- No señor. Ya le dije: yo puedo dormir cuando el viento sopla.
Enfurecido por la respuesta, el chacarero estuvo tentado a despedirlo inmediatamente. En vez de eso, se apresuró a salir y preparar el terreno para el temporal. Del empleado se ocuparía después.
Pero, para su asombro, encontró que todos los fardos habían sido tapados con lonas firmemente atadas. Las vacas estaban bien protegidas en el corral, los pollos en el gallinero y todas las puertas bien trabadas. Las ventanas bien cerradas y aseguradas. Todo estaba atado. Nada podría ser arrastrado.
El chacarero entonces entendió lo que su empleado le había querido decir. Y volvió a su cama para también dormir cuando el viento soplaba.
Después de escuchar esto entendí porque Nené fue importante en mi vida. Si ella estaba en casa, que el viento sople cuanto quiera.
Gracias Nené por enseñarme a dormir cuando el viento sopla.
Un abrazo grande. Que los cumplas muy feliz!!!
Te quiero mucho.
Norby.
miércoles, 20 de julio de 2011
¡¡¡GASTÓN VIEJO NOMA!! (Gonzalo Espinel)
En el día de ayer me tome el placer de ir al Hipódromo de La Plata, con un solo fin, ver por primera vez a un jockey de mi querido Luis Beltrán, Gastón Saez. Reconozco que desde chico fui fiel asistidor de este deporte multiclasista.
Si me habré cagado de frío con mi hermano en cada 9 de julio que se corría en el Hípico El Fortin.
Arrancábamos a las 8 de la mañana en bicicleta. Pero no voy a negar que mi gran pasión es el fútbol, pero bueno, en un segundo escalón, están las hípicas.
Ni bien llegué, entré apurado, con ganas de apostar por que escuche la campana de largada, vi en un monitor que al caballo Nº 3 lo corría Gastón. Fui a la ventanilla y aposte $3 (que ratón), pero me di cuenta que el caballo que corría el jockey beltranense era el Nº 5.
La próxima carrera, que ahí si montaba el caballo Nº 3, me fui a la rotonda. Es el día de hoy que me arrimo cerca de los caballos y no sé que le ven los viejos, para saber si son buenos o no.
Espere que Gastón vuelva a montar y fui cerquita para saludarlo. Me miro y se empezó a reír, me saludo amablemente y los viejos alrededor no entendían nada. Mi orgullo corría por dentro de saber que es nuestro, que es BELTRANENSE. Que satisfacción ver a un jockey de Beltrán corriendo a la par de Gonzalo Hahn, Jorge Ricardo, Juan Carlos Noriega, Pablo Falero y la lista sigue. Y la alegría más grande aún, por que verlo correr en uno de los tres Hipódromos más prestigiosos del país, no es poca cosa.
Así pasaron las carreras y siempre le aposte a la monta, nunca al caballo. Terminó 4º y 5º en casi todas. Pero llego la última, para mí, porque ya me tenía que ir. Que fe le tenía al pibe. Largo muy bien los 1200 metros y entrando a la recta final quedo solito en la punta y ahí me puse loco. Desde las tribunas bajaban los gritos: “Vamos Gastón viejo noma” y la piel se me erizó. Créanme que escuchar eso, fue lo mejor que me paso desde cuando era chico e iba a las carreras. No me importó que faltando 100 metros le arrebataran la punta. Quedó 3º pero quien me quita lo bailado.
Cuando se bajo del caballo, vino caminando y yo paradito ahí como un nene. Me miro y me dijo…
-Que cerca que estuve. No?
-Una lástima. Pero me alegra un montón que estés donde estás… sos un groso.-
-Gracias… vení cuando quieras.- Me dijo sonriendo.
Qué lindo es que a un pibe de Beltrán le vaya bien. Es algo que me da mucha felicidad. Y haber escuchado a varios burreros viejos decirme...
-Es muy buen jockey… tiene un futuro enorme.-
Listo, cumplí un sueño que tenia de chico. En realidad, a medias, porque el jockey quería ser yo, pero por cuestiones de kilos, el anhelo quedó trunco.
-GRACIAS GASTON. Te mereces lo mejor… vos y tu familia. Recién se te abrió la gatera, te queda una larga carrera en las hípicas.
Si me habré cagado de frío con mi hermano en cada 9 de julio que se corría en el Hípico El Fortin.
Arrancábamos a las 8 de la mañana en bicicleta. Pero no voy a negar que mi gran pasión es el fútbol, pero bueno, en un segundo escalón, están las hípicas.
Ni bien llegué, entré apurado, con ganas de apostar por que escuche la campana de largada, vi en un monitor que al caballo Nº 3 lo corría Gastón. Fui a la ventanilla y aposte $3 (que ratón), pero me di cuenta que el caballo que corría el jockey beltranense era el Nº 5.
La próxima carrera, que ahí si montaba el caballo Nº 3, me fui a la rotonda. Es el día de hoy que me arrimo cerca de los caballos y no sé que le ven los viejos, para saber si son buenos o no.
Espere que Gastón vuelva a montar y fui cerquita para saludarlo. Me miro y se empezó a reír, me saludo amablemente y los viejos alrededor no entendían nada. Mi orgullo corría por dentro de saber que es nuestro, que es BELTRANENSE. Que satisfacción ver a un jockey de Beltrán corriendo a la par de Gonzalo Hahn, Jorge Ricardo, Juan Carlos Noriega, Pablo Falero y la lista sigue. Y la alegría más grande aún, por que verlo correr en uno de los tres Hipódromos más prestigiosos del país, no es poca cosa.
Así pasaron las carreras y siempre le aposte a la monta, nunca al caballo. Terminó 4º y 5º en casi todas. Pero llego la última, para mí, porque ya me tenía que ir. Que fe le tenía al pibe. Largo muy bien los 1200 metros y entrando a la recta final quedo solito en la punta y ahí me puse loco. Desde las tribunas bajaban los gritos: “Vamos Gastón viejo noma” y la piel se me erizó. Créanme que escuchar eso, fue lo mejor que me paso desde cuando era chico e iba a las carreras. No me importó que faltando 100 metros le arrebataran la punta. Quedó 3º pero quien me quita lo bailado.
Cuando se bajo del caballo, vino caminando y yo paradito ahí como un nene. Me miro y me dijo…
-Que cerca que estuve. No?
-Una lástima. Pero me alegra un montón que estés donde estás… sos un groso.-
-Gracias… vení cuando quieras.- Me dijo sonriendo.
Qué lindo es que a un pibe de Beltrán le vaya bien. Es algo que me da mucha felicidad. Y haber escuchado a varios burreros viejos decirme...
-Es muy buen jockey… tiene un futuro enorme.-
Listo, cumplí un sueño que tenia de chico. En realidad, a medias, porque el jockey quería ser yo, pero por cuestiones de kilos, el anhelo quedó trunco.
-GRACIAS GASTON. Te mereces lo mejor… vos y tu familia. Recién se te abrió la gatera, te queda una larga carrera en las hípicas.
sábado, 25 de junio de 2011
Carta a mi hijo por su ingreso a la vida profesional.
Junio 24 de 2011. Querido Hijo:
Muchas veces se me hace difícil distinguir los momentos en que debo ocupar el rol de padre o el de amigo. Este es uno de esos.
Y esto no es una queja, ojala algún día te pase lo mismo, porque eso hablará muy bien de tus hijos que te han permitido ser su amigo.
No hay alegría más grande para un padre que ver crecer sanos y buena gente a sus hijos, solo se compara con ver a un amigo realizar sus sueños. Cuando tenes la oportunidad de ver esas dos cosas juntas, estas hecho.
Si miro para atrás, no puedo menos que agradecerte, por haber aprendido de mis errores y por dejarme ser tu amigo.
Quizás hoy no alcances a comprender la magnitud de lo que estas palabras significan… lo que significa para mí… ver a mi hijo y a mi amigo realizar su sueño, pero estoy seguro que lo vas a ver algún día y que vas a recordar esto que te escribo
Pensamos con tu madre, que siempre es un buen momento, para disfrazarnos de padres. Ella me pidió que te escriba y que la disculpes porque según ella no sabe hacerlo… y es cierto, ella escribe con los ojos y lo hace muy bien… fijate… mirala a los ojos… vas a leer, con mucha facilidad lo que siente… orgullo… felicidad… admiración… y un gran amor por vos.
Yo aprendí, con los años, a leer lo que escribe y esto nos ha permitido superar malos momentos y disfrutar juntos otros como este.
Por estas cosas, hijo y amigo, te pido que me permitas, ahora que sos un profesional, agregar algunos consejos, no de sabio ni de viejo, si no de quien te ama con toda el alma y quiere y te exige, como siempre, que seas feliz.
-De ahora en adelante observa el amanecer, solo o en buena compañía, por lo menos una vez al año.
-Cuando saludes y des la mano, hazlo con firmeza y mira a la gente de frente a los ojos.
-Cuando elijas compañera o socio, hazlo de la misma manera que elegirías un copiloto: busca que sea fuerte donde sos débil y viceversa.
-Desconfía de los fanfarrones: nadie alardea de lo que le sobra.
-Recuerda los cumpleaños de la gente que te importa.
-Evita a las personas negativas; siempre tienen un problema para cada solución.
-Maneja autos como la Chiva Vieja, que no sean muy caros, pero date el gusto de tener una buena casa, una buena parrilla y un buen vino para compartir con amigos.
-No hagas comentarios sobre el peso de una persona, ni le digas a alguien que está perdiendo el pelo. Ya lo sabe.
-Recuerda que se logra más de las personas por medio del estímulo que del reproche (dile al débil que es fuerte y lo verás hacer fuerza).
-Anímate a presentarte a alguien que te cae bien simplemente con una sonrisa y diciendo: Mi nombre es fulano de tal; todavía no nos han presentado.
-Nunca amenaces si no estás dispuesto a cumplir.
-Muestra respeto extra por las personas que hacen el trabajo más pesado.
-Has lo que sea correcto, sin importar lo que otros piensen.
-Dale una mano a tu hijo cada vez que tengas la oportunidad. Llegará el momento en que ya no te dejará hacerlo.
-Aprende a mirar a la gente desde sus zapatos y no desde los tuyos. Ubica tus pretensiones en el marco de tus posibilidades.
-Recuerda el viejo proverbio: Sin deudas, sin peligro.
-No hay nada más difícil que responder a las preguntas de los necios.
-Aprende a compartir con los demás y descubre la alegría de ser útil a tu prójimo. (El que no vive para servir, no sirve para vivir).
-Acude a tus compromisos a tiempo. La puntualidad es el respeto por el tiempo ajeno.
-Confía en Dios, pero no dejes la radio puesta en el jeep.
-Recuerda que el gran amor y el gran desafío incluyen también 'el gran riesgo'.
-Nunca confundas riqueza con éxito. No es más rico el que más tiene sino el que menos necesita.
-No pierdas nunca el sentido del humor y aprende a reírte de tus propios defectos.
-No esperes que otro sepa lo que quieres si no lo dices
-Aunque tengas holgura financiera, has que tus hijos conozcan el valor de la guita.
-Trata a tus empleados con el mismo respeto con que trates a tus clientes.
-No olvides que el silencio es a veces la mejor respuesta.
-No deseches una buena idea porque no te gusta de quien viene.
-Nunca compres un colchón barato: nos pasamos la tercera parte de nuestra vida encima de él.
-No confundas confort con felicidad.
-Nunca compres nada eléctrico en una feria artesanal.
-Escucha el doble de lo que hablas (por eso Dios nos dio dos oídos y una sola boca).
-Cuando necesites un consejo profesional, pídelo a profesionales y no a los amigos.
-Aprende a distinguir quiénes son tus amigos y quiénes son tus enemigos.
-Nunca envidies: la envidia es el homenaje que la mediocridad le rinde al talento.
-Recuerda que la felicidad no es una meta sino un camino: disfruta mientras lo recorres.
-Si no quieres sentirte frustrado, no te pongas metas imposibles. Primero gánale a la barredora.
“La gente más feliz no necesariamente tiene todo lo mejor... simplemente disfruta al máximo todo lo que tiene.”
Muchas veces se me hace difícil distinguir los momentos en que debo ocupar el rol de padre o el de amigo. Este es uno de esos.
Y esto no es una queja, ojala algún día te pase lo mismo, porque eso hablará muy bien de tus hijos que te han permitido ser su amigo.
No hay alegría más grande para un padre que ver crecer sanos y buena gente a sus hijos, solo se compara con ver a un amigo realizar sus sueños. Cuando tenes la oportunidad de ver esas dos cosas juntas, estas hecho.
Si miro para atrás, no puedo menos que agradecerte, por haber aprendido de mis errores y por dejarme ser tu amigo.
Quizás hoy no alcances a comprender la magnitud de lo que estas palabras significan… lo que significa para mí… ver a mi hijo y a mi amigo realizar su sueño, pero estoy seguro que lo vas a ver algún día y que vas a recordar esto que te escribo
Pensamos con tu madre, que siempre es un buen momento, para disfrazarnos de padres. Ella me pidió que te escriba y que la disculpes porque según ella no sabe hacerlo… y es cierto, ella escribe con los ojos y lo hace muy bien… fijate… mirala a los ojos… vas a leer, con mucha facilidad lo que siente… orgullo… felicidad… admiración… y un gran amor por vos.
Yo aprendí, con los años, a leer lo que escribe y esto nos ha permitido superar malos momentos y disfrutar juntos otros como este.
Por estas cosas, hijo y amigo, te pido que me permitas, ahora que sos un profesional, agregar algunos consejos, no de sabio ni de viejo, si no de quien te ama con toda el alma y quiere y te exige, como siempre, que seas feliz.
-De ahora en adelante observa el amanecer, solo o en buena compañía, por lo menos una vez al año.
-Cuando saludes y des la mano, hazlo con firmeza y mira a la gente de frente a los ojos.
-Cuando elijas compañera o socio, hazlo de la misma manera que elegirías un copiloto: busca que sea fuerte donde sos débil y viceversa.
-Desconfía de los fanfarrones: nadie alardea de lo que le sobra.
-Recuerda los cumpleaños de la gente que te importa.
-Evita a las personas negativas; siempre tienen un problema para cada solución.
-Maneja autos como la Chiva Vieja, que no sean muy caros, pero date el gusto de tener una buena casa, una buena parrilla y un buen vino para compartir con amigos.
-No hagas comentarios sobre el peso de una persona, ni le digas a alguien que está perdiendo el pelo. Ya lo sabe.
-Recuerda que se logra más de las personas por medio del estímulo que del reproche (dile al débil que es fuerte y lo verás hacer fuerza).
-Anímate a presentarte a alguien que te cae bien simplemente con una sonrisa y diciendo: Mi nombre es fulano de tal; todavía no nos han presentado.
-Nunca amenaces si no estás dispuesto a cumplir.
-Muestra respeto extra por las personas que hacen el trabajo más pesado.
-Has lo que sea correcto, sin importar lo que otros piensen.
-Dale una mano a tu hijo cada vez que tengas la oportunidad. Llegará el momento en que ya no te dejará hacerlo.
-Aprende a mirar a la gente desde sus zapatos y no desde los tuyos. Ubica tus pretensiones en el marco de tus posibilidades.
-Recuerda el viejo proverbio: Sin deudas, sin peligro.
-No hay nada más difícil que responder a las preguntas de los necios.
-Aprende a compartir con los demás y descubre la alegría de ser útil a tu prójimo. (El que no vive para servir, no sirve para vivir).
-Acude a tus compromisos a tiempo. La puntualidad es el respeto por el tiempo ajeno.
-Confía en Dios, pero no dejes la radio puesta en el jeep.
-Recuerda que el gran amor y el gran desafío incluyen también 'el gran riesgo'.
-Nunca confundas riqueza con éxito. No es más rico el que más tiene sino el que menos necesita.
-No pierdas nunca el sentido del humor y aprende a reírte de tus propios defectos.
-No esperes que otro sepa lo que quieres si no lo dices
-Aunque tengas holgura financiera, has que tus hijos conozcan el valor de la guita.
-Trata a tus empleados con el mismo respeto con que trates a tus clientes.
-No olvides que el silencio es a veces la mejor respuesta.
-No deseches una buena idea porque no te gusta de quien viene.
-Nunca compres un colchón barato: nos pasamos la tercera parte de nuestra vida encima de él.
-No confundas confort con felicidad.
-Nunca compres nada eléctrico en una feria artesanal.
-Escucha el doble de lo que hablas (por eso Dios nos dio dos oídos y una sola boca).
-Cuando necesites un consejo profesional, pídelo a profesionales y no a los amigos.
-Aprende a distinguir quiénes son tus amigos y quiénes son tus enemigos.
-Nunca envidies: la envidia es el homenaje que la mediocridad le rinde al talento.
-Recuerda que la felicidad no es una meta sino un camino: disfruta mientras lo recorres.
-Si no quieres sentirte frustrado, no te pongas metas imposibles. Primero gánale a la barredora.
“La gente más feliz no necesariamente tiene todo lo mejor... simplemente disfruta al máximo todo lo que tiene.”
miércoles, 20 de abril de 2011
Pasión y Profesión.
Terminaba, finalmente, mi extensa estadía en la secundaria y como nos pasa a todos en algún momento de nuestra vida, generalmente cuando rondamos los 17 o 18 años, nos encontramos de frente con el gran compromiso de elegir una profesión. Varias veces comentamos entre mis compañeros de clases, que hacer en el futuro y también cuales serian las posibilidades de cada uno. Alguien trajo la idea de hacer un test vocacional. El lugar más cercano que teníamos para hacernos el bendito test, que nos aliviaría la tarea de decidir qué carajo hacer de nuestras vidas, era el Juan XXIII en Bahía Blanca.
Y así partimos Viviana y Ricardo Álvarez, Marcelo Pilía, Marisa Barrera, Claudio Reverte y yo. Fueron dos o tres viajes y la conclusión es que lo pasamos bárbaro. Nos divertimos como locos, nos dijeron todo lo que nosotros ya sabíamos pero ahora nos habían cobrado.
En realidad, cuando elijas una profesión, toma en cuenta algunos detalles, que me animo a contarte porque en mi vida he cambiado varias y recién después de los treinta y pico, me di cuenta que, en realidad, no me gusta trabajar y no hay ninguna forma que, sin trabajar, logres otra cosa, que no sea la crítica de los que la yugan todos los días. Por más que me esfuerce en explicar que nos es fácil estar al pedo, todos me miran como para mandarme a la mierda, pero esa es la realidad, no es fácil y no hay uñas que aguanten.
Muchas veces no se tiene en cuenta, la diferencia entre la pasión y la profesión. Es decir, nos pueden apasionar las carreras de autos y los motores, pero no por eso seríamos mecánicos. Hay que buscar la felicidad en lo que se hace.
Lo ideal es que busques información sobre la carrera que deseas estudiar, que charles con uno o varios profesionales de esa rama, para que te cuenten como viene la mano y fundamentalmente, saber que es una decisión individual, antes de seguir una tradición familiar o tratar de imitar a un personaje a quien admiras.
Yo trabajaba en el campo y la chacra de mi viejo, rodeado de vacunos para cría y engorde. La tradición de carniceros de la familia, no me atraía demasiado, pero si tenía que hacer algo en mi vida, seria veterinario.
Me puse en contacto con algunos amigos que habían sido mis compañeros en las secundarias que había frecuentado y me encontré con el Negro Enriqué que estudiaba veterinaria en Tandil. Me dio una dirección donde él vivía con otros dos, pero que en el momento del curso de ingreso, no estaban, que estaría solo y que no había dramas.
Ni bien entré a la universidad, me di cuenta lo complicado que se hace a veces explicar que mi viejo había nacido en Barcelona, pero de Sicilia en Italia y no en España. Lo que me quedo claro, era que había 200 lugares, pero que los anotados para ingresar, hasta ese momento, contaban más de 600. Yo me tenía una fe bárbara, no me había llevado ninguna materia en quinto y estaba más agrandado que alpargata de boliviano. El problema era con química y biología y yo era un flamante, perito mercantil.
Averigüe por las clases de apoyo y surgió otro problema, imagínate, nosotros en el comercial éramos seis, cuando entré en semejante aula, casi me caigo de culo. Había llegado temprano, pero ya éramos como cien y para colmo, los bancos tenían un pedacito de mesa para el cuaderno, pero del lado derecho. No me quedo más remedio que rajar para el fondo y ocupar dos bancos, uno para sentarme y el otro para apoyar mi cuaderno y poder escribir con la mano izquierda. Allá a lo lejos la profesora se presento y dijo que si alguien tenía dudas trataría de atenderlas, pero que consideráramos la cantidad que concurríamos. Una forma muy cordial de avisarnos, que no respondería pelotudeces.
Como la cosa más natural del mundo, escribió en el pizarrón, Cl. Yo estaba seguro que no me había perdido nada de lo que había dicho, pero esas iníciales, no coincidían con nada que conociera. Levante la mano y atendió mi consulta. Pregunte que significaban esas iníciales. Y su respuesta fue preguntarme de que colegio venia. Yo pensé que le había interesado a la mina por ser el primero en preguntar, pero cuando le dije que venía de un comercial, dijo que bueno, que debería poner mis barbas en remojo y comprarme una tabla de los elementos, porque ese era el símbolo del cloro. Yo no le iba a explicar, que mi profesora de química había sido la Sra. Matilde de Costanzo, porque seguro no la conocía y aunque ella se esforzó, no había forma que yo me acuerde de ningún puto símbolo de la tabla de los elementos.
Volví de esa clase de apoyo y me quede más preocupado que pavo en diciembre. Pero esa mina tandilera no sabía, que cuando más me dicen que no puedo, más me emperro en demostrar lo contrario. Le metí horas silla y al final logre, no solo conocer la tabla de los elementos, sino que podía, sin problemas, leer una combinación de símbolos y nombrar a que sal correspondía.
En Tandil vivía un amigo que había sido director técnico del Deportivo Beltrán, cuando debute en la primera división y quien confió en mis habilidades, aunque tenía 15 años. Antes de empezar con las clases, lo fui a visitar y enseguida me estaba dando la ficha del club que lleva el nombre de su abuelo y el suyo propio, Antonio Santamarina. Le dije que con mucho gusto la firmaría ni bien pudiera ingresar a la universidad. Prometí volverlo a ver, en cuanto me diera el tiempo.
Fueron dos meses en que no vi la luz del sol. Entre los doscientos, estaba mi nombre. Finalmente aprobé el ingreso y podría estudiar veterinaria.
De la universidad me fui a un locutorio para comunicar la buena nueva a mis viejos, más contento que palo de gallinero -como diría mi viejo- y decirles que me quedaría un par de días para buscar un departamento. Fue entonces cuando el viejo me dijo, que además me buscara un trabajo, porque se le había hecho la noche en los negocios y las deudas duplicaban su patrimonio. Para que entiendas, mi viejo debía el doble de lo que tenía.
En cinco meses, un tal Martínez de Hoz, ministro de economía de los milicos y mi candidato al premio nobel de química, por haber transformado la plata en mierda en menos de 24hs, con no se qué puta tablita, que no era de los elementos, y una puta ley 1050, había logrado destruir, lo que mi viejo, con mucho esfuerzo, construyo en 30 años de laburo. Le dije que no se preocupe, que yo estaba saliendo para Beltrán y que si iba a trabajar, sería como lo había hecho hasta entonces y que de alguna manera saldríamos adelante.
Arme mi bolso y con él, mi sueño de ser veterinario.
Y así partimos Viviana y Ricardo Álvarez, Marcelo Pilía, Marisa Barrera, Claudio Reverte y yo. Fueron dos o tres viajes y la conclusión es que lo pasamos bárbaro. Nos divertimos como locos, nos dijeron todo lo que nosotros ya sabíamos pero ahora nos habían cobrado.
En realidad, cuando elijas una profesión, toma en cuenta algunos detalles, que me animo a contarte porque en mi vida he cambiado varias y recién después de los treinta y pico, me di cuenta que, en realidad, no me gusta trabajar y no hay ninguna forma que, sin trabajar, logres otra cosa, que no sea la crítica de los que la yugan todos los días. Por más que me esfuerce en explicar que nos es fácil estar al pedo, todos me miran como para mandarme a la mierda, pero esa es la realidad, no es fácil y no hay uñas que aguanten.
Muchas veces no se tiene en cuenta, la diferencia entre la pasión y la profesión. Es decir, nos pueden apasionar las carreras de autos y los motores, pero no por eso seríamos mecánicos. Hay que buscar la felicidad en lo que se hace.
Lo ideal es que busques información sobre la carrera que deseas estudiar, que charles con uno o varios profesionales de esa rama, para que te cuenten como viene la mano y fundamentalmente, saber que es una decisión individual, antes de seguir una tradición familiar o tratar de imitar a un personaje a quien admiras.
Yo trabajaba en el campo y la chacra de mi viejo, rodeado de vacunos para cría y engorde. La tradición de carniceros de la familia, no me atraía demasiado, pero si tenía que hacer algo en mi vida, seria veterinario.
Me puse en contacto con algunos amigos que habían sido mis compañeros en las secundarias que había frecuentado y me encontré con el Negro Enriqué que estudiaba veterinaria en Tandil. Me dio una dirección donde él vivía con otros dos, pero que en el momento del curso de ingreso, no estaban, que estaría solo y que no había dramas.
Ni bien entré a la universidad, me di cuenta lo complicado que se hace a veces explicar que mi viejo había nacido en Barcelona, pero de Sicilia en Italia y no en España. Lo que me quedo claro, era que había 200 lugares, pero que los anotados para ingresar, hasta ese momento, contaban más de 600. Yo me tenía una fe bárbara, no me había llevado ninguna materia en quinto y estaba más agrandado que alpargata de boliviano. El problema era con química y biología y yo era un flamante, perito mercantil.
Averigüe por las clases de apoyo y surgió otro problema, imagínate, nosotros en el comercial éramos seis, cuando entré en semejante aula, casi me caigo de culo. Había llegado temprano, pero ya éramos como cien y para colmo, los bancos tenían un pedacito de mesa para el cuaderno, pero del lado derecho. No me quedo más remedio que rajar para el fondo y ocupar dos bancos, uno para sentarme y el otro para apoyar mi cuaderno y poder escribir con la mano izquierda. Allá a lo lejos la profesora se presento y dijo que si alguien tenía dudas trataría de atenderlas, pero que consideráramos la cantidad que concurríamos. Una forma muy cordial de avisarnos, que no respondería pelotudeces.
Como la cosa más natural del mundo, escribió en el pizarrón, Cl. Yo estaba seguro que no me había perdido nada de lo que había dicho, pero esas iníciales, no coincidían con nada que conociera. Levante la mano y atendió mi consulta. Pregunte que significaban esas iníciales. Y su respuesta fue preguntarme de que colegio venia. Yo pensé que le había interesado a la mina por ser el primero en preguntar, pero cuando le dije que venía de un comercial, dijo que bueno, que debería poner mis barbas en remojo y comprarme una tabla de los elementos, porque ese era el símbolo del cloro. Yo no le iba a explicar, que mi profesora de química había sido la Sra. Matilde de Costanzo, porque seguro no la conocía y aunque ella se esforzó, no había forma que yo me acuerde de ningún puto símbolo de la tabla de los elementos.
Volví de esa clase de apoyo y me quede más preocupado que pavo en diciembre. Pero esa mina tandilera no sabía, que cuando más me dicen que no puedo, más me emperro en demostrar lo contrario. Le metí horas silla y al final logre, no solo conocer la tabla de los elementos, sino que podía, sin problemas, leer una combinación de símbolos y nombrar a que sal correspondía.
En Tandil vivía un amigo que había sido director técnico del Deportivo Beltrán, cuando debute en la primera división y quien confió en mis habilidades, aunque tenía 15 años. Antes de empezar con las clases, lo fui a visitar y enseguida me estaba dando la ficha del club que lleva el nombre de su abuelo y el suyo propio, Antonio Santamarina. Le dije que con mucho gusto la firmaría ni bien pudiera ingresar a la universidad. Prometí volverlo a ver, en cuanto me diera el tiempo.
Fueron dos meses en que no vi la luz del sol. Entre los doscientos, estaba mi nombre. Finalmente aprobé el ingreso y podría estudiar veterinaria.
De la universidad me fui a un locutorio para comunicar la buena nueva a mis viejos, más contento que palo de gallinero -como diría mi viejo- y decirles que me quedaría un par de días para buscar un departamento. Fue entonces cuando el viejo me dijo, que además me buscara un trabajo, porque se le había hecho la noche en los negocios y las deudas duplicaban su patrimonio. Para que entiendas, mi viejo debía el doble de lo que tenía.
En cinco meses, un tal Martínez de Hoz, ministro de economía de los milicos y mi candidato al premio nobel de química, por haber transformado la plata en mierda en menos de 24hs, con no se qué puta tablita, que no era de los elementos, y una puta ley 1050, había logrado destruir, lo que mi viejo, con mucho esfuerzo, construyo en 30 años de laburo. Le dije que no se preocupe, que yo estaba saliendo para Beltrán y que si iba a trabajar, sería como lo había hecho hasta entonces y que de alguna manera saldríamos adelante.
Arme mi bolso y con él, mi sueño de ser veterinario.
lunes, 11 de abril de 2011
De Cuatro Pares de Abuelos.
En Monte San Pietrangeli, en la provincia de Marque, donde vivía la familia de Agustín Fulvi y de María Mercante, la situación de pobreza y un futuro de miseria y guerra civil, obligaban a una decisión para nada sencilla.
Las violentas luchas por unificar los pequeños estados en los que estaba dividida Italia en 1860, produjeron grandes trastornos económicos y el país terminó conformándose con estados territorios ricos al norte y regiones agrícolas y más pobres al sur. Faltó una infraestructura estatal capaz de resolver los problemas concretos de la población y, la desigualdad entre las clases sociales derivó en desempleo y corrupción.
Con el dolor en el alma y la desesperación de los padres que ven el futuro de hambre de sus hijos, se ven impulsados a emigrar. El debate de las formas y los nombres de quien se va y quien se queda, es imposible de describir. En esas pocas horas de intimidad el matrimonio percibió la imposibilidad de mantener unida a la familia, alguien tenía que emigrar primero y volver después a buscar al resto de la familia. Don Agustín se despidió de su mujer y dos de sus hijas menores y se embarcó en el buque Tomasso Savoia con sus hijos mayores Paolina, Pascual y aunque fuera el menor de todos era hombre, Enrique, mi abuelo.
Cuando llegaron a la Argentina el 11 de Octubre de 1910. Mientras preparaban sus equipajes, subió al barco un señor buscando obreros para cosechar arvejas. Agustín Fulvi, se entrevistó con él y vio que el trabajo era bueno, contrató condiciones y sueldo.
Todo de palabra porque el papel en aquel tiempo era caro y la palabra más barata, pero valía mucho más que tres hojas de oficio, con veinte sellos y cuarenta firmas.
Cuando se terminaron las arvejas, Don Agustín con sus hijos, se trasladaron a Bahía Blanca, donde un cuñado suyo, Antonio Fabiani, trabajaba de cocinero en el colegio Salesiano Don Bosco y allí consiguió trabajo también para Agustín. Conoció al padre Luis Costamaña, que en aquel tiempo era director. Por consejo de los médicos, el padre Luis debía viajar a pasar unos días de descanso, a la isla de Choele Choel, donde el padre Accetto estaba necesitando un hombre joven y de confianza, entonces le recomendó a Don Agustín.
En el territorio de Choele Choel aun estaba fresca la sangre de los indios expulsados en la expedición al desierto encabezada por Julio Argentino Roca.
Para el estado nacional, significó la apropiación de millones de hectáreas. Estas tierras fiscales que, según se había establecido en la Ley de Inmigración, serían destinadas al establecimiento de colonos y pequeños propietarios llegados de Europa, fueron distribuidas entre una minoría de familias vinculadas al poder, que pagaron por ellas sumas irrisorias.
Algunos ya eran grandes terratenientes, otros comenzaron a serlo e inauguraron su carrera de ricos y famosos. Los Pereyra Iraola, los Álzaga Unzué, los Luro, los Anchorena, los Martínez de Hoz, los Menéndez, ya tenían algo más que dónde caerse muertos.
El padre salesiano Alberto Agostini brindaba este panorama: "El principal agente de la rápida extinción fue la persecución despiadada y sin tregua que les hicieron los estancieros, por medio de peones ovejeros quienes, estimulados y pagados por los patrones, los cazaban sin misericordia a tiros de Wínchester o los envenenaban con estricnina, para que sus mandantes se quedaran con los campos primeramente ocupados por los aborígenes. Se llegó a pagar una libra esterlina por par de oreja de indios. Al aparecer con vida algunos desorejados, se cambió la oferta: una libra por par de testículos".
Cuando los Fulvi vienen a vivir al Salesiano de Luis Beltrán, ya eran muchas las familias del mismo origen que estaban radicadas en la isla. De todos modos se cuentan entre los primeros pobladores de Luis Beltrán.
Trabajando varios años de sol a sol, ganaron lo suficiente como para ir a buscar al resto de la familia, que había quedado en Italia. Cuando tenían todo listo, estalló la primera guerra mundial y no pudieron realizar sus proyectos, tuvieron que esperar hasta después de 1920.
Finalmente Don Agustín puede volver a Italia y traer a su esposa Doña María y sus hijas menores, Anunciada y Gentilina. Las había dejado pequeñas en 1910, pero ahora las encontró señoritas y sin novio. Eran lindas pero no tenían novio por una razón muy triste, dijo mi abuelo Enrique, -“Una de esas razones que los gobiernos no entienden y que no quieren que se hable de ella… La guerra”-. Allí la guerra había matado a todos los muchachos jóvenes de Monte San Pietrangeli y de toda Italia. Esa era la razón por la cual no tenían novio.
Apenas Don Agustín, llegó a Luis Beltrán, trayendo a su mujer y sus hijas, el carruaje donde venían tuvo dificultades en los caminos pantanosos por la lluvia, cerca de la chacra de Gadano, donde trabajaba Nazareno Rapari.
Nazareno le ayudo a solucionar el problema y conoció a Gentilina. A los pocos días, Don Agustín invitó a Nazareno a comer la pasta de los domingos, así comenzó la relación entre Nazareno y Gentilina.
Al poco tiempo vino de la zona de Bahía Blanca, de visita a la casa de los Fulvi, Nazareno D’Ascanio. A quien habían conocido en su paso por la zona, unos años atrás. Muy grata fue la sorpresa para este otro Nazareno, ya que no sabía de la llegada de las hermanas de los Fulvi. Y conoció a Anunciada.
Pascual acompañaba al cura Accetto en la recorrida por la isla visitando a las familias que vivían más alejadas. Una de esas familias era la de Vicente Belloni y Carmela Petassi. Conoció a una de las hijas, Ángela. Pero no era conveniente en aquellas épocas, que se casara una hija menor, si aun no lo había hecho la mayor. Pascual, ni lerdo ni perezoso, le comento a Enrique, la posibilidad de conocer a una chica que vivía por la zona de isla verde, en la punta oeste de la isla de Choele Choel. Allá fueron los gringuitos un domingo temprano y se quedaron a comer, después de reunirse con Vicente y Carmela para arreglar el noviazgo. Una puerta de madera de pino dividía la cocina, donde estaban reunidos, de una de las habitaciones de la casa. Vicenta y Ángela, a través de un agujero dejado por un nudo de la madera en la puerta, espiaban y escuchaban los acuerdos, mientras comentaban sus preferencias y se interrogaban cual les tocaría en suerte. Pero la suerte ya estaba echada, según contaba mi abuelo Enrique, Pascual eligió la más linda pero él se quedo con la más trabajadora.
Pascual era el más conversador y el facilitador, ya que la hermana mayor de Ángela, Vicenta, no se caracterizaba por hacer sociales. Si bien entre Vicenta y Enrique hubo química desde el principio, fue Pascual el armador de la fiesta.
Como siempre en el invierno había más tiempo para dedicarle a los asuntos familiares.
Para casarse se esperaba a que termine la cosecha. Por el trabajo y por los fondos.
Estas cuatro parejitas recién formadas, no se destacaban por acaudalados y con buen criterio pensaron que una sola fiesta de casamiento, solucionaría una serie de cuestiones. Además un casamiento se celebraba con mucho entusiasmo, porque era para toda la vida, y una nueva familia significaba mayores frutos del amor y era hijos, lo único que se podía tener la cantidad que quisieran.
Yo no creo que se propusieran generar uno de los hechos históricos más importantes de la vida de nuestra zona, se generó espontáneamente, considerando las limitaciones que tenían, no las riquezas.
Yo no sé cuantas veces en el mundo se casaron cuatro hermanos, el mismo día, en la misma hora y con el mismo sacerdote. No creo que muchas. Y ocurrió acá. En Beltrán.
Pascual Fulvi, hijo de Agustín Fulvi y María Mercante, se casa con Ángela Belloni, hija de Vicente Belloni y Carmela Petassi. Y son sus padrinos de boda, Mariano Moglianesi y María Antonia Costanzo.
Enrique Fulvi, hijo de Agustín y María, se casa con Vicenta Belloni, hija de Vicente y Carmela, hermana mayor de Ángela. Y son sus padrinos Ernesto Concetti y Pascuala Corradi.
Anunciada Fulvi, hija de Agustín y María, se casa con Nazareo D’Ascanio, hijo de Serafino D’Ascanio y Rosa Noé D’Ascanio. Siendo sus padrinos, Pascual Fulvi y Ángela Belloni.
Gentilina Fulvi, también hija de Agustín y María, se casa con otro Nazareno, en este caso Nazareno Rapari, hijo de José Rapari y Paola Cavallaro. Y fueron sus padrinos, Nazareno D’Ascanio y Anunciada Fulvi.
Después de la fiesta a la que asistieron media isla de Choele Choel, los recién casados partieron de luna de miel a Bahía Blanca. Un hotel cerquita de la estación, alojo a los tórtolos.
Después el regreso no contaría a Nazareno D’Ascanio y su flamante esposa, ellos se quedarían por la zona de Bahía Blanca unos años.
En el primer año nomas, nacieron los primeros hijos. Y la cosa pintaba para otra fiesta enseguida, los tres primeros hijos de estos matrimonios resultaron varones. El primero de Nazareno Rapari, Alfredito. Empato Enrique y nació Luisito. Poco después sería el turno de Nazareno D’Ascanio y empardo con Marito. Se esperaba la inminente llegada del cuarto a cargo de Pascual.
Desde que naciera Marito se hablaba de una fiesta tan grande como el casamiento, en caso de que los cuatro primeros hijos fueran varones. Los parientes y amigos estaban avisados. Todos atentos, contando los días. Hasta los lechones y los pollos se estaban engordando.
¡Que podía fallar, la fiesta era un hecho!
Exactamente el 30 de octubre la fiesta se pincho. Doña Ángela dio a luz y su bebe llego bien, pero resulto ser una nena.
En aquellos tiempos, no se festejaba por igual el nacimiento de un varón o una nena.
En aquellos tiempos las mujeres venían al mundo a sufrir y a ningún padre le gusta que un hijo sufra.
La cosa es que Adelina seria la responsable de la suspensión de la fiesta.
Cada familia seguiría con los encargues. Enrique se descuido y a los cinco meses, Vicenta estaba embarazada. La calabresa reto a su compañero como si fuera el único responsable. No podían tener un hijo atrás de otro, sin haberlo programado.
La preocupación embargó a Enrique y se dispuso a “tomar medidas”. Aunque la Negrita ya venía en camino.
Los métodos anticonceptivos diferían mucho a los actuales. Pero a Enrique, su método le dio resultados un tiempo. Pero las otras familias seguían creciendo sin control.
El sistema de Enrique fue la envidia de unos cuantos pero quedara en la memoria, ya que nunca fue patentado el sistema.
Así y todo entre los cuatro matrimonios sumaron veinte hijos.
La segunda fiesta se realizó entonces a los veinticinco años, o sea en el año 1947, donde se tiro la casa por la ventana. Fue tan linda esa fiesta que resolvieron repetirla a los cuarenta años, en el año 1962. En esta tercera fiesta, aún estaban presentes los cuatro novios y las cuatro novias, hijos, hijas, nietos y bisnietos, amigos de hijos, de hijas y de nietos. Para dar una idea de lo grandioso del evento, basta decir que actuó de jefe de cocina el odontólogo de la zona Don Luis Arias.
Diez años después, en el 1972 se realiza la tercera fiesta, donde se festejan las bodas de oro. En el salón del Horizonte vecino al cine de Domingo Costanzo, en la calle Avellaneda.
En esta oportunidad, de los ocho novios faltó uno, Nazareno D’Ascanio, volvió a la casa del Padre donde no hay ni lagrimas ni dolor, pero Anunciada, su compañera de tantos años, quiso que se hiciera lo mismo la fiesta. Y ella participo con la seguridad, de que fuera esa la voluntad de su compañero.
Pasaron los años y cada uno a su tiempo fueron dejando este mundo para vivir eternamente en el corazón de su descendencia. Y en el año 1987, solo Enrique, el menor de los cuatro hermanos, compartió la Primera Fiesta de Los primos.
Esta primera fiesta, fue improvisada y la concurrencia se limitó a los que aún vivíamos en Beltrán y las localidades cercanas, aunque vinieron algunos de Buenos Aires.
Pasarían más de catorce años para organizar una Segunda Fiesta de los Primos, el domingo 08 de julio del 2001, en las instalaciones del Circulo Italiano, más de doscientos primos, recordamos con mucho cariño, a estos cuatro pares de abuelos, que estarán presentes eternamente en nuestros corazones.
-¡¡¡Que familión- dirían don Agustín y María!!!.
Las violentas luchas por unificar los pequeños estados en los que estaba dividida Italia en 1860, produjeron grandes trastornos económicos y el país terminó conformándose con estados territorios ricos al norte y regiones agrícolas y más pobres al sur. Faltó una infraestructura estatal capaz de resolver los problemas concretos de la población y, la desigualdad entre las clases sociales derivó en desempleo y corrupción.
Con el dolor en el alma y la desesperación de los padres que ven el futuro de hambre de sus hijos, se ven impulsados a emigrar. El debate de las formas y los nombres de quien se va y quien se queda, es imposible de describir. En esas pocas horas de intimidad el matrimonio percibió la imposibilidad de mantener unida a la familia, alguien tenía que emigrar primero y volver después a buscar al resto de la familia. Don Agustín se despidió de su mujer y dos de sus hijas menores y se embarcó en el buque Tomasso Savoia con sus hijos mayores Paolina, Pascual y aunque fuera el menor de todos era hombre, Enrique, mi abuelo.
Cuando llegaron a la Argentina el 11 de Octubre de 1910. Mientras preparaban sus equipajes, subió al barco un señor buscando obreros para cosechar arvejas. Agustín Fulvi, se entrevistó con él y vio que el trabajo era bueno, contrató condiciones y sueldo.
Todo de palabra porque el papel en aquel tiempo era caro y la palabra más barata, pero valía mucho más que tres hojas de oficio, con veinte sellos y cuarenta firmas.
Cuando se terminaron las arvejas, Don Agustín con sus hijos, se trasladaron a Bahía Blanca, donde un cuñado suyo, Antonio Fabiani, trabajaba de cocinero en el colegio Salesiano Don Bosco y allí consiguió trabajo también para Agustín. Conoció al padre Luis Costamaña, que en aquel tiempo era director. Por consejo de los médicos, el padre Luis debía viajar a pasar unos días de descanso, a la isla de Choele Choel, donde el padre Accetto estaba necesitando un hombre joven y de confianza, entonces le recomendó a Don Agustín.
En el territorio de Choele Choel aun estaba fresca la sangre de los indios expulsados en la expedición al desierto encabezada por Julio Argentino Roca.
Para el estado nacional, significó la apropiación de millones de hectáreas. Estas tierras fiscales que, según se había establecido en la Ley de Inmigración, serían destinadas al establecimiento de colonos y pequeños propietarios llegados de Europa, fueron distribuidas entre una minoría de familias vinculadas al poder, que pagaron por ellas sumas irrisorias.
Algunos ya eran grandes terratenientes, otros comenzaron a serlo e inauguraron su carrera de ricos y famosos. Los Pereyra Iraola, los Álzaga Unzué, los Luro, los Anchorena, los Martínez de Hoz, los Menéndez, ya tenían algo más que dónde caerse muertos.
El padre salesiano Alberto Agostini brindaba este panorama: "El principal agente de la rápida extinción fue la persecución despiadada y sin tregua que les hicieron los estancieros, por medio de peones ovejeros quienes, estimulados y pagados por los patrones, los cazaban sin misericordia a tiros de Wínchester o los envenenaban con estricnina, para que sus mandantes se quedaran con los campos primeramente ocupados por los aborígenes. Se llegó a pagar una libra esterlina por par de oreja de indios. Al aparecer con vida algunos desorejados, se cambió la oferta: una libra por par de testículos".
Cuando los Fulvi vienen a vivir al Salesiano de Luis Beltrán, ya eran muchas las familias del mismo origen que estaban radicadas en la isla. De todos modos se cuentan entre los primeros pobladores de Luis Beltrán.
Trabajando varios años de sol a sol, ganaron lo suficiente como para ir a buscar al resto de la familia, que había quedado en Italia. Cuando tenían todo listo, estalló la primera guerra mundial y no pudieron realizar sus proyectos, tuvieron que esperar hasta después de 1920.
Finalmente Don Agustín puede volver a Italia y traer a su esposa Doña María y sus hijas menores, Anunciada y Gentilina. Las había dejado pequeñas en 1910, pero ahora las encontró señoritas y sin novio. Eran lindas pero no tenían novio por una razón muy triste, dijo mi abuelo Enrique, -“Una de esas razones que los gobiernos no entienden y que no quieren que se hable de ella… La guerra”-. Allí la guerra había matado a todos los muchachos jóvenes de Monte San Pietrangeli y de toda Italia. Esa era la razón por la cual no tenían novio.
Apenas Don Agustín, llegó a Luis Beltrán, trayendo a su mujer y sus hijas, el carruaje donde venían tuvo dificultades en los caminos pantanosos por la lluvia, cerca de la chacra de Gadano, donde trabajaba Nazareno Rapari.
Nazareno le ayudo a solucionar el problema y conoció a Gentilina. A los pocos días, Don Agustín invitó a Nazareno a comer la pasta de los domingos, así comenzó la relación entre Nazareno y Gentilina.
Al poco tiempo vino de la zona de Bahía Blanca, de visita a la casa de los Fulvi, Nazareno D’Ascanio. A quien habían conocido en su paso por la zona, unos años atrás. Muy grata fue la sorpresa para este otro Nazareno, ya que no sabía de la llegada de las hermanas de los Fulvi. Y conoció a Anunciada.
Pascual acompañaba al cura Accetto en la recorrida por la isla visitando a las familias que vivían más alejadas. Una de esas familias era la de Vicente Belloni y Carmela Petassi. Conoció a una de las hijas, Ángela. Pero no era conveniente en aquellas épocas, que se casara una hija menor, si aun no lo había hecho la mayor. Pascual, ni lerdo ni perezoso, le comento a Enrique, la posibilidad de conocer a una chica que vivía por la zona de isla verde, en la punta oeste de la isla de Choele Choel. Allá fueron los gringuitos un domingo temprano y se quedaron a comer, después de reunirse con Vicente y Carmela para arreglar el noviazgo. Una puerta de madera de pino dividía la cocina, donde estaban reunidos, de una de las habitaciones de la casa. Vicenta y Ángela, a través de un agujero dejado por un nudo de la madera en la puerta, espiaban y escuchaban los acuerdos, mientras comentaban sus preferencias y se interrogaban cual les tocaría en suerte. Pero la suerte ya estaba echada, según contaba mi abuelo Enrique, Pascual eligió la más linda pero él se quedo con la más trabajadora.
Pascual era el más conversador y el facilitador, ya que la hermana mayor de Ángela, Vicenta, no se caracterizaba por hacer sociales. Si bien entre Vicenta y Enrique hubo química desde el principio, fue Pascual el armador de la fiesta.
Como siempre en el invierno había más tiempo para dedicarle a los asuntos familiares.
Para casarse se esperaba a que termine la cosecha. Por el trabajo y por los fondos.
Estas cuatro parejitas recién formadas, no se destacaban por acaudalados y con buen criterio pensaron que una sola fiesta de casamiento, solucionaría una serie de cuestiones. Además un casamiento se celebraba con mucho entusiasmo, porque era para toda la vida, y una nueva familia significaba mayores frutos del amor y era hijos, lo único que se podía tener la cantidad que quisieran.
Yo no creo que se propusieran generar uno de los hechos históricos más importantes de la vida de nuestra zona, se generó espontáneamente, considerando las limitaciones que tenían, no las riquezas.
Yo no sé cuantas veces en el mundo se casaron cuatro hermanos, el mismo día, en la misma hora y con el mismo sacerdote. No creo que muchas. Y ocurrió acá. En Beltrán.
Pascual Fulvi, hijo de Agustín Fulvi y María Mercante, se casa con Ángela Belloni, hija de Vicente Belloni y Carmela Petassi. Y son sus padrinos de boda, Mariano Moglianesi y María Antonia Costanzo.
Enrique Fulvi, hijo de Agustín y María, se casa con Vicenta Belloni, hija de Vicente y Carmela, hermana mayor de Ángela. Y son sus padrinos Ernesto Concetti y Pascuala Corradi.
Anunciada Fulvi, hija de Agustín y María, se casa con Nazareo D’Ascanio, hijo de Serafino D’Ascanio y Rosa Noé D’Ascanio. Siendo sus padrinos, Pascual Fulvi y Ángela Belloni.
Gentilina Fulvi, también hija de Agustín y María, se casa con otro Nazareno, en este caso Nazareno Rapari, hijo de José Rapari y Paola Cavallaro. Y fueron sus padrinos, Nazareno D’Ascanio y Anunciada Fulvi.
Después de la fiesta a la que asistieron media isla de Choele Choel, los recién casados partieron de luna de miel a Bahía Blanca. Un hotel cerquita de la estación, alojo a los tórtolos.
Después el regreso no contaría a Nazareno D’Ascanio y su flamante esposa, ellos se quedarían por la zona de Bahía Blanca unos años.
En el primer año nomas, nacieron los primeros hijos. Y la cosa pintaba para otra fiesta enseguida, los tres primeros hijos de estos matrimonios resultaron varones. El primero de Nazareno Rapari, Alfredito. Empato Enrique y nació Luisito. Poco después sería el turno de Nazareno D’Ascanio y empardo con Marito. Se esperaba la inminente llegada del cuarto a cargo de Pascual.
Desde que naciera Marito se hablaba de una fiesta tan grande como el casamiento, en caso de que los cuatro primeros hijos fueran varones. Los parientes y amigos estaban avisados. Todos atentos, contando los días. Hasta los lechones y los pollos se estaban engordando.
¡Que podía fallar, la fiesta era un hecho!
Exactamente el 30 de octubre la fiesta se pincho. Doña Ángela dio a luz y su bebe llego bien, pero resulto ser una nena.
En aquellos tiempos, no se festejaba por igual el nacimiento de un varón o una nena.
En aquellos tiempos las mujeres venían al mundo a sufrir y a ningún padre le gusta que un hijo sufra.
La cosa es que Adelina seria la responsable de la suspensión de la fiesta.
Cada familia seguiría con los encargues. Enrique se descuido y a los cinco meses, Vicenta estaba embarazada. La calabresa reto a su compañero como si fuera el único responsable. No podían tener un hijo atrás de otro, sin haberlo programado.
La preocupación embargó a Enrique y se dispuso a “tomar medidas”. Aunque la Negrita ya venía en camino.
Los métodos anticonceptivos diferían mucho a los actuales. Pero a Enrique, su método le dio resultados un tiempo. Pero las otras familias seguían creciendo sin control.
El sistema de Enrique fue la envidia de unos cuantos pero quedara en la memoria, ya que nunca fue patentado el sistema.
Así y todo entre los cuatro matrimonios sumaron veinte hijos.
La segunda fiesta se realizó entonces a los veinticinco años, o sea en el año 1947, donde se tiro la casa por la ventana. Fue tan linda esa fiesta que resolvieron repetirla a los cuarenta años, en el año 1962. En esta tercera fiesta, aún estaban presentes los cuatro novios y las cuatro novias, hijos, hijas, nietos y bisnietos, amigos de hijos, de hijas y de nietos. Para dar una idea de lo grandioso del evento, basta decir que actuó de jefe de cocina el odontólogo de la zona Don Luis Arias.
Diez años después, en el 1972 se realiza la tercera fiesta, donde se festejan las bodas de oro. En el salón del Horizonte vecino al cine de Domingo Costanzo, en la calle Avellaneda.
En esta oportunidad, de los ocho novios faltó uno, Nazareno D’Ascanio, volvió a la casa del Padre donde no hay ni lagrimas ni dolor, pero Anunciada, su compañera de tantos años, quiso que se hiciera lo mismo la fiesta. Y ella participo con la seguridad, de que fuera esa la voluntad de su compañero.
Pasaron los años y cada uno a su tiempo fueron dejando este mundo para vivir eternamente en el corazón de su descendencia. Y en el año 1987, solo Enrique, el menor de los cuatro hermanos, compartió la Primera Fiesta de Los primos.
Esta primera fiesta, fue improvisada y la concurrencia se limitó a los que aún vivíamos en Beltrán y las localidades cercanas, aunque vinieron algunos de Buenos Aires.
Pasarían más de catorce años para organizar una Segunda Fiesta de los Primos, el domingo 08 de julio del 2001, en las instalaciones del Circulo Italiano, más de doscientos primos, recordamos con mucho cariño, a estos cuatro pares de abuelos, que estarán presentes eternamente en nuestros corazones.
-¡¡¡Que familión- dirían don Agustín y María!!!.
sábado, 19 de marzo de 2011
Mi Primer Safari.
En todas esas charlas de vacas perdidas con Gastón Marco, me conto que estaba armando un Land Rover 4x4 para correr una carrera por el desierto patagónico, por lugares increíbles que solo en ese tipo de autos se podía pasar. Me daba los detalles de cómo sería la hoja de ruta y que la mayoría del trayecto se hacía a campo traviesa o por alguna huella de vaca.
Verdaderamente era una aventura que supe es ese momento, algún día viviría. En la primera oportunidad que tuve, compre un jeep modelo 55, 4x4 original en la mecánica y carrocería de fibra de vidrio amarillo furioso. Bueno lo que se dice comprar, comprar con plata, no, en realidad lo cambie pelo a pelo por un Opel K180 verde loro que cayó en mis manos por una deuda cobrada a los apurones. La cuestión es que desde ese momento se despertó en mí, esa pasión por el safari. Esas carreras a campo traviesa que exigen no solo al piloto y navegante, sino también al vehículo, que debe estar adaptado a ese tipo de terreno, donde no hay caminos. Es decir, como un Dakar pero del subdesarrollo, porque los presupuestos son obscenamente inferiores.
A mi primer competencia, allá por el 85, me inscribí por teléfono. El jeep lo preparaba Omar Petaca Casella, en su taller nos encontrábamos después del horario de cierre y le hacíamos las reformas que imaginábamos necesarias. Nos habían dicho que entrabamos en la categoría 4x4 libres y eso quería decir que le podríamos hacer al jeep, todo lo que estimáramos conveniente para que aguante y que aguantemos nosotros. El motor 4 cilindros original del jeep, hecho pelotas, lo cambie por un radiador y cuatro amortiguadores.
Nenucho Fernández, otro mecánico del pueblo, me dio el dato de un viejo que había cambiado el motor a una chiva y que estaba muy bueno, porque lo usaba para dar la vuelta al perro nada más y lo tenía guardado. Compre ese motor también por teléfono y lo mande a buscar con el camión del reparto. Así como vino se lo metimos al Amarillo. Obviamente, ni bien se lo acomodamos, salimos a probarlo. Dimos unas vueltas por el pueblo con Petaca de navegante y salimos a la ruta. Cuando pasamos el Circulo Italiano saliendo del pueblo, vimos que estaban haciendo carreras de eslalon en el baldío de al lado. Ni lo pensamos. No encontraríamos mejor lugar para cagarlo a palos al Amarillo, para ver como sentía al seis cilindros. Nos anotamos y a fondo salimos a dar la vuelta previa. En la primera curva se cruzo un poco y en la segunda lo pusimos de poncho. Pobre loco, en ayunas nomas, ya lo pusimos con las caminadoras para arriba.
De todos modos, sirvió la experiencia para saber que ahora con ese bicho, no se jodía, tendría que aprender a manejarlo antes de hacer locuras.
El safari se correría en San Antonio. Serian unos 180 km de carrera y la mayor parte del recorrido, por la playa, rumbo a Bahía Creek, cerca de Viedma. En el taller mientras compartíamos los amargos, calculamos todo, cuanto de combustible, por lo menos tres cubiertas, algunos repuestos, herramientas, una pala, un hacha por si había algo de monte, la conservadora con vino y agua mineral, la carpa y asado de tira por si nos quedábamos tirados en algún lugar a pasar la noche y la parrilla.
Todo bien acomodadito y atado porque pensábamos andar requetefuerte y lo subimos al camión de Oscar Bedinello. En el lugar donde estaba previsto que hagamos noche para volver al otro día, no había hotel, bueno, ni hotel, ni nada, ni luz eléctrica había. Así es que para comer allá, llevamos un cordero vivo, con la idea de carnearlo en el momento en que lo íbamos a comer.
La verificación técnica, en la delegación municipal de Las Grutas, la pasamos sobrados, teníamos de todo, jaula antivuelco con cuatro puntos al chasis que le había hecho el loco Di Giorgio, butacas de Torino de cuero, matafuego de 15 kilos porque era el único que teníamos, de luces estaba al pelo porque lo usábamos para andar en el pueblo, cinturones de seguridad a la verija originales de Torino, una bandera larga en la antena de fibra y otra dobladita debajo de la butaca con la inscripción SOS por si nos perdíamos y nos salían a buscar en avión. Todo teníamos, hasta los elásticos vencidos teníamos, por el peso que llevábamos.
Nos dieron la hoja de ruta con unos dibujos que hacían de referencias y al costado los km que debíamos recorrer entre una y otra. Y cada tanto, en letras más grandes y en negrita decía PC. Con Miguel Martin no preguntamos nada cuando explicaron la hoja. Petaca, después de la experiencia del vuelco, no acepto ser mi navegante y Miguel venia de un divorcio y ser mi navegante no podía ser peor que eso, debo decir que tampoco me conocía y eso jugo a favor para que aceptara en cuanto le pregunte si el sí se animaba.
En una fila fuimos hasta la tercera bajada del balneario. La adrenalina ya empezaba a surtir su efecto y cada un minuto nos iban largando.
El amarillo iba quietito en la arena y le empecé a poner la pata al acelerador, a fondo, íbamos como mirando vidrieras, echados para atrás, como gallego en auto nuevo. De pronto vemos que un tipo, rodeado de un montón de gente, en la playa, llegando a San Antonio, nos baja una bandera. Por allá lo vemos a Petaca que viene corriendo adonde estábamos. A los gritos me dice.
-Viste la hoja boludo, viste donde dice PC, esos son puestos de control y vamos a estar los auxilios-
Yo lo mire como interrogando, que me importa. Entonces me dijo que arrime el jeep a la camioneta así bajábamos las cosas que llevábamos al pedo y lo alivianábamos un poco, porque veníamos enterrados en la arena. Bajamos un bidón de 40 litros de nafta, otro de 20 litros de agua, la carpa, el asado de tira y la parrilla. El jeep apenas se levanto un poquito, los elásticos ya estaban con las puntas mirando el piso.
De todos modos no le mezquine acelerador y ahora el terreno era más duro, los golpes del diferencial delantero en los topes de cubierta de tractor atornillados al chasis, me daban el límite de velocidad y marcaban el ritmo de carrera. Llegamos de nuevo a la playa cerca del puerto y en ese PC nos indicaron que debíamos hacer 40km por la playa y después teníamos que subir por unas dunas bastante jodidas.
Uno ve la playa y parece asfalto, pero no es. Cuando empezamos a darle duro a algunos zanjones, me di cuenta que para frenar al amarillo hubiera sido bueno traer un ancla, porque con los frenos originales del Ika, surtía el mismo efecto que agarrar un chancho de la cola.
Decidimos con Miguel ir más despacio y trataríamos de dar la vuelta, terminar la carrera sin romper nada. Cuando llegamos al punto de salir de la playa y encarar las dunas, vemos un jeep de nuestra categoría, justo en el borde superior, enterrado hasta los ejes en la arena. Abrí grande la vuelta y encare la trepada a lo que daba mi pie, cerca de las paletas del ventilador. Totalmente en vano el esfuerzo. En mitad de la trepada, se quedo el Amarillo y se me negó. El competidor que tenía el jeep encajado arriba, empezó a bajar caminando hacia donde estábamos nosotros. Era un tal Claudio Gallucci que habíamos sacado de adentro de un pozo unos cincuenta km atrás. Me preguntó si le había puesto la doble en alta. Cuando vio mi cara de estúpido, se dio cuenta que no tenía ni idea de que me estaba hablando. Me dijo que esa palanquita, que está al lado de la de cambios, era para poner la transmisión en alta o en baja y que para el lado del motor era baja y para el lado de la butaca era alta. Que le diera bien para atrás cerca de la marea y que lo ponga a fondo en segunda alta para poder subir. Hice lo que me indico y el Amarillo se prendió a la duna como garrapata y tirando arena por los cuatro vientos, trepo como si le hubieran puesto un cuete en el culo. Cuando pisamos terreno firme, paramos. Le dije a Gallucci que ponga la linga que lo tiraba. El tenía un palier cortado, pero igual pudimos sacarlo a terreno firme. Nos ofrecimos a ayudarlo y dijo que con lo que habíamos hecho estaba más que bien, que avise cuando llegue a sus auxilios, que iba a tardar un poco porque iría en simple, pero que seguía en carrera.
Terminamos esa primera etapa, bastante bien colocados y veíamos que todos estaban metidos debajo de los jeep haciendo algo. Petaca me pregunto si notaba algo mal en el Amarillo y le dije que veníamos en coche. Sin hacerme caso se tiro abajo y empezó a apretar tornillos sueltos por donde mirara, se habían aflojado hasta los dientes de Miguel.
El gordo Vuillermin y Oscar Bedinello, estaban preparando la cena con mi asado de tira en el disco. Pregunte por el cordero y me dijeron que les dio lastima matarlo, que sería mucha carne para las cinco personas del equipo. Con una soguita y una estaca, lo tenían pastoreando cerca del camión.
Acomodamos los colchones en la caja del forcito de Oscar y nos dispusimos a dormir. A lo lejos en la playa se escuchaba un jeep que iba y venía. Después nos contaron que habían estado probando distintos tipos de gomas y que habían optado por las súper agarre, igual a las únicas que teníamos nosotros. Estos no saben nada, pensamos. Nos dormimos bastante borrachos porque le dimos a la de cinco, hasta que la hicimos cagar.
Cuando empezó a despuntar el sol, nos teníamos que preparar para la segunda etapa, igual a la anterior pero de regreso. El gordo fue el primero en darse cuenta y dijo preocupado.
-El cordero no canta-
Lo habíamos atado cerquita en el paragolpes del camión, pero no daba señales de vida. Nos levantamos, tratando de emparejar el cuero con lastimosos estirones de las extremidades y echamos pie a tierra. Nos dolían los riñones de tanto zarandeo, pero nos preocupaba el cordero. Seguro lo habrían afanado. Lo buscamos un poco pero no lo encontramos. Teníamos que ponernos en marcha y nos arrimamos al Amarillo. Grande fue la sorpresa cuando vimos al cordero, con mi casco puesto hasta las paletas, atado de las manos al volante, sentadito en la butaca. Hijos de puta, lo habían paseado por todas las carpas y no sé si alguno no lo violó.
En la etapa de regreso ya nos sentíamos viejos expertos safaristas y terminamos sin ninguna rotura de importancia, salvo alguna que otra pinchadura. Con el trofeo del quinto puesto en nuestro debut, nos fuimos al primer bar que encontramos a darle el gusto al garguero.
Volvimos orgullosos de nuestra primera experiencia. Algunos nos felicitaban y se interesaban en como había resultado todo y otros opinaban que esto del safari, era una moda, que en uno o dos años ni se acordarían de la categoría. Hoy deben pensar diferente, pero nunca lo van a reconocer.
El cordero se convirtió en nuestra mascota y anduvo solo, en libertad por la chacra, hasta que murió de viejo.
Verdaderamente era una aventura que supe es ese momento, algún día viviría. En la primera oportunidad que tuve, compre un jeep modelo 55, 4x4 original en la mecánica y carrocería de fibra de vidrio amarillo furioso. Bueno lo que se dice comprar, comprar con plata, no, en realidad lo cambie pelo a pelo por un Opel K180 verde loro que cayó en mis manos por una deuda cobrada a los apurones. La cuestión es que desde ese momento se despertó en mí, esa pasión por el safari. Esas carreras a campo traviesa que exigen no solo al piloto y navegante, sino también al vehículo, que debe estar adaptado a ese tipo de terreno, donde no hay caminos. Es decir, como un Dakar pero del subdesarrollo, porque los presupuestos son obscenamente inferiores.
A mi primer competencia, allá por el 85, me inscribí por teléfono. El jeep lo preparaba Omar Petaca Casella, en su taller nos encontrábamos después del horario de cierre y le hacíamos las reformas que imaginábamos necesarias. Nos habían dicho que entrabamos en la categoría 4x4 libres y eso quería decir que le podríamos hacer al jeep, todo lo que estimáramos conveniente para que aguante y que aguantemos nosotros. El motor 4 cilindros original del jeep, hecho pelotas, lo cambie por un radiador y cuatro amortiguadores.
Nenucho Fernández, otro mecánico del pueblo, me dio el dato de un viejo que había cambiado el motor a una chiva y que estaba muy bueno, porque lo usaba para dar la vuelta al perro nada más y lo tenía guardado. Compre ese motor también por teléfono y lo mande a buscar con el camión del reparto. Así como vino se lo metimos al Amarillo. Obviamente, ni bien se lo acomodamos, salimos a probarlo. Dimos unas vueltas por el pueblo con Petaca de navegante y salimos a la ruta. Cuando pasamos el Circulo Italiano saliendo del pueblo, vimos que estaban haciendo carreras de eslalon en el baldío de al lado. Ni lo pensamos. No encontraríamos mejor lugar para cagarlo a palos al Amarillo, para ver como sentía al seis cilindros. Nos anotamos y a fondo salimos a dar la vuelta previa. En la primera curva se cruzo un poco y en la segunda lo pusimos de poncho. Pobre loco, en ayunas nomas, ya lo pusimos con las caminadoras para arriba.
De todos modos, sirvió la experiencia para saber que ahora con ese bicho, no se jodía, tendría que aprender a manejarlo antes de hacer locuras.
El safari se correría en San Antonio. Serian unos 180 km de carrera y la mayor parte del recorrido, por la playa, rumbo a Bahía Creek, cerca de Viedma. En el taller mientras compartíamos los amargos, calculamos todo, cuanto de combustible, por lo menos tres cubiertas, algunos repuestos, herramientas, una pala, un hacha por si había algo de monte, la conservadora con vino y agua mineral, la carpa y asado de tira por si nos quedábamos tirados en algún lugar a pasar la noche y la parrilla.
Todo bien acomodadito y atado porque pensábamos andar requetefuerte y lo subimos al camión de Oscar Bedinello. En el lugar donde estaba previsto que hagamos noche para volver al otro día, no había hotel, bueno, ni hotel, ni nada, ni luz eléctrica había. Así es que para comer allá, llevamos un cordero vivo, con la idea de carnearlo en el momento en que lo íbamos a comer.
La verificación técnica, en la delegación municipal de Las Grutas, la pasamos sobrados, teníamos de todo, jaula antivuelco con cuatro puntos al chasis que le había hecho el loco Di Giorgio, butacas de Torino de cuero, matafuego de 15 kilos porque era el único que teníamos, de luces estaba al pelo porque lo usábamos para andar en el pueblo, cinturones de seguridad a la verija originales de Torino, una bandera larga en la antena de fibra y otra dobladita debajo de la butaca con la inscripción SOS por si nos perdíamos y nos salían a buscar en avión. Todo teníamos, hasta los elásticos vencidos teníamos, por el peso que llevábamos.
Nos dieron la hoja de ruta con unos dibujos que hacían de referencias y al costado los km que debíamos recorrer entre una y otra. Y cada tanto, en letras más grandes y en negrita decía PC. Con Miguel Martin no preguntamos nada cuando explicaron la hoja. Petaca, después de la experiencia del vuelco, no acepto ser mi navegante y Miguel venia de un divorcio y ser mi navegante no podía ser peor que eso, debo decir que tampoco me conocía y eso jugo a favor para que aceptara en cuanto le pregunte si el sí se animaba.
En una fila fuimos hasta la tercera bajada del balneario. La adrenalina ya empezaba a surtir su efecto y cada un minuto nos iban largando.
El amarillo iba quietito en la arena y le empecé a poner la pata al acelerador, a fondo, íbamos como mirando vidrieras, echados para atrás, como gallego en auto nuevo. De pronto vemos que un tipo, rodeado de un montón de gente, en la playa, llegando a San Antonio, nos baja una bandera. Por allá lo vemos a Petaca que viene corriendo adonde estábamos. A los gritos me dice.
-Viste la hoja boludo, viste donde dice PC, esos son puestos de control y vamos a estar los auxilios-
Yo lo mire como interrogando, que me importa. Entonces me dijo que arrime el jeep a la camioneta así bajábamos las cosas que llevábamos al pedo y lo alivianábamos un poco, porque veníamos enterrados en la arena. Bajamos un bidón de 40 litros de nafta, otro de 20 litros de agua, la carpa, el asado de tira y la parrilla. El jeep apenas se levanto un poquito, los elásticos ya estaban con las puntas mirando el piso.
De todos modos no le mezquine acelerador y ahora el terreno era más duro, los golpes del diferencial delantero en los topes de cubierta de tractor atornillados al chasis, me daban el límite de velocidad y marcaban el ritmo de carrera. Llegamos de nuevo a la playa cerca del puerto y en ese PC nos indicaron que debíamos hacer 40km por la playa y después teníamos que subir por unas dunas bastante jodidas.
Uno ve la playa y parece asfalto, pero no es. Cuando empezamos a darle duro a algunos zanjones, me di cuenta que para frenar al amarillo hubiera sido bueno traer un ancla, porque con los frenos originales del Ika, surtía el mismo efecto que agarrar un chancho de la cola.
Decidimos con Miguel ir más despacio y trataríamos de dar la vuelta, terminar la carrera sin romper nada. Cuando llegamos al punto de salir de la playa y encarar las dunas, vemos un jeep de nuestra categoría, justo en el borde superior, enterrado hasta los ejes en la arena. Abrí grande la vuelta y encare la trepada a lo que daba mi pie, cerca de las paletas del ventilador. Totalmente en vano el esfuerzo. En mitad de la trepada, se quedo el Amarillo y se me negó. El competidor que tenía el jeep encajado arriba, empezó a bajar caminando hacia donde estábamos nosotros. Era un tal Claudio Gallucci que habíamos sacado de adentro de un pozo unos cincuenta km atrás. Me preguntó si le había puesto la doble en alta. Cuando vio mi cara de estúpido, se dio cuenta que no tenía ni idea de que me estaba hablando. Me dijo que esa palanquita, que está al lado de la de cambios, era para poner la transmisión en alta o en baja y que para el lado del motor era baja y para el lado de la butaca era alta. Que le diera bien para atrás cerca de la marea y que lo ponga a fondo en segunda alta para poder subir. Hice lo que me indico y el Amarillo se prendió a la duna como garrapata y tirando arena por los cuatro vientos, trepo como si le hubieran puesto un cuete en el culo. Cuando pisamos terreno firme, paramos. Le dije a Gallucci que ponga la linga que lo tiraba. El tenía un palier cortado, pero igual pudimos sacarlo a terreno firme. Nos ofrecimos a ayudarlo y dijo que con lo que habíamos hecho estaba más que bien, que avise cuando llegue a sus auxilios, que iba a tardar un poco porque iría en simple, pero que seguía en carrera.
Terminamos esa primera etapa, bastante bien colocados y veíamos que todos estaban metidos debajo de los jeep haciendo algo. Petaca me pregunto si notaba algo mal en el Amarillo y le dije que veníamos en coche. Sin hacerme caso se tiro abajo y empezó a apretar tornillos sueltos por donde mirara, se habían aflojado hasta los dientes de Miguel.
El gordo Vuillermin y Oscar Bedinello, estaban preparando la cena con mi asado de tira en el disco. Pregunte por el cordero y me dijeron que les dio lastima matarlo, que sería mucha carne para las cinco personas del equipo. Con una soguita y una estaca, lo tenían pastoreando cerca del camión.
Acomodamos los colchones en la caja del forcito de Oscar y nos dispusimos a dormir. A lo lejos en la playa se escuchaba un jeep que iba y venía. Después nos contaron que habían estado probando distintos tipos de gomas y que habían optado por las súper agarre, igual a las únicas que teníamos nosotros. Estos no saben nada, pensamos. Nos dormimos bastante borrachos porque le dimos a la de cinco, hasta que la hicimos cagar.
Cuando empezó a despuntar el sol, nos teníamos que preparar para la segunda etapa, igual a la anterior pero de regreso. El gordo fue el primero en darse cuenta y dijo preocupado.
-El cordero no canta-
Lo habíamos atado cerquita en el paragolpes del camión, pero no daba señales de vida. Nos levantamos, tratando de emparejar el cuero con lastimosos estirones de las extremidades y echamos pie a tierra. Nos dolían los riñones de tanto zarandeo, pero nos preocupaba el cordero. Seguro lo habrían afanado. Lo buscamos un poco pero no lo encontramos. Teníamos que ponernos en marcha y nos arrimamos al Amarillo. Grande fue la sorpresa cuando vimos al cordero, con mi casco puesto hasta las paletas, atado de las manos al volante, sentadito en la butaca. Hijos de puta, lo habían paseado por todas las carpas y no sé si alguno no lo violó.
En la etapa de regreso ya nos sentíamos viejos expertos safaristas y terminamos sin ninguna rotura de importancia, salvo alguna que otra pinchadura. Con el trofeo del quinto puesto en nuestro debut, nos fuimos al primer bar que encontramos a darle el gusto al garguero.
Volvimos orgullosos de nuestra primera experiencia. Algunos nos felicitaban y se interesaban en como había resultado todo y otros opinaban que esto del safari, era una moda, que en uno o dos años ni se acordarían de la categoría. Hoy deben pensar diferente, pero nunca lo van a reconocer.
El cordero se convirtió en nuestra mascota y anduvo solo, en libertad por la chacra, hasta que murió de viejo.
domingo, 26 de septiembre de 2010
Chiva Vieja.
Sombreando abajo del sauce donde casi siempre me cagan los pájaros, espero siempre lista que me saquen a pasear. De aburrida que estaba me vinieron a la memoria los años pasados.
Estaba en la vidriera de un negocio del ramo en Pedro Luro en el 89 y por allí lo veo a Norby que me miraba fijamente, como buscándome algún detalle. Se fue con otros señores a la oficina y uno me saco a la vereda. Estaba lindo el día de primavera. Norby me monto y no dejaba de sonreír, creo que se pellizcaba, como si no lo pudiera creer porque era nuevita y me habían fiado. Me conto que me había soñado muchas veces y que había visto a mi hermana gemela en Choele hacia como un año pero que no le había dado el cuero para comprarla. Despacito y por la orilla como sulqui sin patente, me fue a cargar comida en la mochila. Y así nos vinimos a Beltrán. Cuando llegamos parece que a la mujer mucho no le gustó la inversión y le dijo si me iba a pagar después del juicio o con cárcel. Norby no le dijo nada, estaba más contento que chancho en el barro. Desde ese día no nos separamos. Un primo lejano, el que usa Norby para correr, se prendía atrás mío y salíamos todos. En Valcheta lo tuvimos que ir a buscar adentro del monte y me ralle todas las costillas con los alpatacos y chañares, yo no entendía nada, como vine a caer en estas manos. Con el tiempo las cosas se pusieron más duras. Norby se enoja cuando lo critican por cómo me trata, pero dice que soy una herramienta, pero yo sé que me quiere, como no me va a querer con todo lo que hemos compartido, por eso nunca lo dejo.
Si habremos viajado juntos. A veces medio que se dormía y me ponía en la banquina pero me las rebusque para que no me ponga de poncho. Después en los corrales me tocaba arrastrar carros con alimento para los novillos, muchas veces en el barro me tocaba y me daba contra un poste del alambre y algún novillo me topaba, por eso quede overa. Y cuando me enganchaba el carro y lo cargaba de novillos, se me calentaban las patas en la piedra para poder salir. Por eso mi corazón no aguantó. Me lo extirparon con Petaca y me trasplantaron otro que comía alimento más barato, pero que no me llevaba igual. El donante era de Valcheta. Termine tirada en el chapista como dos años. Al final me plancharon pero no me maquillaron y aun hoy se me ven las cicatrices de esos tiempos. Me fue a buscar con mi primo el de carreras, por fin una vez el que hizo fuerza fue él. Un día me engancharon el carro con fardos y nos fuimos a Ramos Mexia con Norby y Toni. Yo tenía algunos problemas de motricidad y no aguante el calor con saco. Me abandonaron en medio del campo y después vinieron con El Goma Mario Sánchez con el remedio. A los corrales no volvimos mas, pero con mi primo el de carreras empezamos a salir de nuevo y el que lo montaba no era Norby. A él sí que le habían hecho cirugía mayor, casi no lo conocía más y encima tenía que llevarlo más lejos para que corra. Una vez nos subieron a pasear en tren hasta Bariloche y me conto que Norby no lo manejaba mas, que era Toni el que lo manejaba y que lo trataba mejor que Norby pero que ahora con la cirugía que le habían hecho andaba más rápido. El que primero le metió electrodos y amoladora fue el Ruso Dietrich y después entre el Flaco Muñoz, Toni y Norby, lo dejaron de puta madre. Esa vez de los Andes al mar anduvimos. Un día otra vez en Valcheta me tuve que meter al campo a sacarlo porque se le había agarrado el corazón, ese día si me asuste, pensé que Norby estaba loco por donde me había hecho meter y él me felicitaba. Muchas veces lo escuche gritar dándome animo ¡Vamos chiva vieja nomas! Y por esas cosas me gane el cariño de todos. Con Giulia nos conocimos en un incendio de campo. Norby nos había dejado solos y el fuego se nos venía. Corajuda la negra, no me había montado nunca, voleo la pata y salimos cagando. Desde ese día se animo a salir sola conmigo. Con la que siempre me hago la chancha renga es con Andrea, porque ella nunca me quiso mucho y siempre está pensando en cambiarme y a mí me da bronca, por eso muchas veces la dejo a pie. Hay cosas que hicieron conmigo, todos, porque no se salva ninguno, que mejor ni me acuerdo porque van a decir que soy una alcahueta. Los años me están dejando vichoca pero Norby siempre dice que no importa la pilcha mientras tenga la panza llena, porque no se juzga al libro por su portada. Yo sé, porque lo escuche que un día me van a llevar para que me hagan de todo y me dejen como era antes de jovencita. Porque soy como de la familia y ellos me conocen las mañas, por eso yo espero tranquila sombreando bajo el sauce, aunque me caguen los pájaros.
Estaba en la vidriera de un negocio del ramo en Pedro Luro en el 89 y por allí lo veo a Norby que me miraba fijamente, como buscándome algún detalle. Se fue con otros señores a la oficina y uno me saco a la vereda. Estaba lindo el día de primavera. Norby me monto y no dejaba de sonreír, creo que se pellizcaba, como si no lo pudiera creer porque era nuevita y me habían fiado. Me conto que me había soñado muchas veces y que había visto a mi hermana gemela en Choele hacia como un año pero que no le había dado el cuero para comprarla. Despacito y por la orilla como sulqui sin patente, me fue a cargar comida en la mochila. Y así nos vinimos a Beltrán. Cuando llegamos parece que a la mujer mucho no le gustó la inversión y le dijo si me iba a pagar después del juicio o con cárcel. Norby no le dijo nada, estaba más contento que chancho en el barro. Desde ese día no nos separamos. Un primo lejano, el que usa Norby para correr, se prendía atrás mío y salíamos todos. En Valcheta lo tuvimos que ir a buscar adentro del monte y me ralle todas las costillas con los alpatacos y chañares, yo no entendía nada, como vine a caer en estas manos. Con el tiempo las cosas se pusieron más duras. Norby se enoja cuando lo critican por cómo me trata, pero dice que soy una herramienta, pero yo sé que me quiere, como no me va a querer con todo lo que hemos compartido, por eso nunca lo dejo.
Si habremos viajado juntos. A veces medio que se dormía y me ponía en la banquina pero me las rebusque para que no me ponga de poncho. Después en los corrales me tocaba arrastrar carros con alimento para los novillos, muchas veces en el barro me tocaba y me daba contra un poste del alambre y algún novillo me topaba, por eso quede overa. Y cuando me enganchaba el carro y lo cargaba de novillos, se me calentaban las patas en la piedra para poder salir. Por eso mi corazón no aguantó. Me lo extirparon con Petaca y me trasplantaron otro que comía alimento más barato, pero que no me llevaba igual. El donante era de Valcheta. Termine tirada en el chapista como dos años. Al final me plancharon pero no me maquillaron y aun hoy se me ven las cicatrices de esos tiempos. Me fue a buscar con mi primo el de carreras, por fin una vez el que hizo fuerza fue él. Un día me engancharon el carro con fardos y nos fuimos a Ramos Mexia con Norby y Toni. Yo tenía algunos problemas de motricidad y no aguante el calor con saco. Me abandonaron en medio del campo y después vinieron con El Goma Mario Sánchez con el remedio. A los corrales no volvimos mas, pero con mi primo el de carreras empezamos a salir de nuevo y el que lo montaba no era Norby. A él sí que le habían hecho cirugía mayor, casi no lo conocía más y encima tenía que llevarlo más lejos para que corra. Una vez nos subieron a pasear en tren hasta Bariloche y me conto que Norby no lo manejaba mas, que era Toni el que lo manejaba y que lo trataba mejor que Norby pero que ahora con la cirugía que le habían hecho andaba más rápido. El que primero le metió electrodos y amoladora fue el Ruso Dietrich y después entre el Flaco Muñoz, Toni y Norby, lo dejaron de puta madre. Esa vez de los Andes al mar anduvimos. Un día otra vez en Valcheta me tuve que meter al campo a sacarlo porque se le había agarrado el corazón, ese día si me asuste, pensé que Norby estaba loco por donde me había hecho meter y él me felicitaba. Muchas veces lo escuche gritar dándome animo ¡Vamos chiva vieja nomas! Y por esas cosas me gane el cariño de todos. Con Giulia nos conocimos en un incendio de campo. Norby nos había dejado solos y el fuego se nos venía. Corajuda la negra, no me había montado nunca, voleo la pata y salimos cagando. Desde ese día se animo a salir sola conmigo. Con la que siempre me hago la chancha renga es con Andrea, porque ella nunca me quiso mucho y siempre está pensando en cambiarme y a mí me da bronca, por eso muchas veces la dejo a pie. Hay cosas que hicieron conmigo, todos, porque no se salva ninguno, que mejor ni me acuerdo porque van a decir que soy una alcahueta. Los años me están dejando vichoca pero Norby siempre dice que no importa la pilcha mientras tenga la panza llena, porque no se juzga al libro por su portada. Yo sé, porque lo escuche que un día me van a llevar para que me hagan de todo y me dejen como era antes de jovencita. Porque soy como de la familia y ellos me conocen las mañas, por eso yo espero tranquila sombreando bajo el sauce, aunque me caguen los pájaros.
jueves, 22 de julio de 2010
PASION DE JUEVES POR LA NOCHE.
En el patio de mi casa tengo una cancha de fútbol, a un costado esta la pileta y al otro una calle por la que de vez en cuando pasa un auto. Un alambrado de cinco hilos separa el terreno del descampado del fondo, allí se ubica siempre un viejo del barrio. Lo vi una noche de mucho frio y me llamo la atención el interés de ver esos partidos de fútbol entre equipos de barrio, que movilizaba a ese viejo a sentarse en sus talones con su gorra con orejeras y el sobretodo con la solapa levantada abrochado hasta el cuello. Seguramente es jubilado, no tendrá nada que hacer y se acerca cada vez que juegan los muchachos. Primero pensamos que sería casualidad, pero al tercer jueves en que lo vieron detrás del alambrado ya pasaron a considerarlo hinchada propia. Porque el viejo bien podría ver los otros partidos que se juegan casi todos los días, pero se queda allí, con los brazos cruzados, observándolos a ellos.
Es el único hincha legítimo que tienen, al margen de algunos pibes chicos del barrio que corren a buscar la pelota cuando el Seba tiene un ataque Palermista y la tira a la mierda.
--Ojo con la pileta y la calle – les advierto siempre.
--No te preocupes… ya conocemos el paño –me tranquilizan-. Y es verdad, andan todo el día vagueando por la zona.
--¿No vino la hinchada? Preguntan todos al llegar nomás, buscando al viejo. ¿No vino la barra brava?
Y se ríen. Pero el viejo no falta desde hace varios jueves, firme detrás del alambrado, casi elegante, con un cierto refinamiento en su postura, alternando las manos en el alambre para mantener el equilibrio mientras la otra se refugia en el bolsillo del saco. Nadie lo conocía, no era amigo de ninguno de los muchachos.
--La vieja no lo debe soportar en la casa y lo manda para acá -bromeó alguno-.
--Por ahí es amigo del Norby —dijo otro. Pero saben que el viejo hincha para ellos de alguna manera, moderadamente, porque lo vieron aplaudir un par de partidos atrás, cuando le ganaron a los de Lucas Alegre.
Y ahí, detrás del alambrado fue a tirarse el Nico cuando decidió dejar su lugar al Lauti, que estaba de suplente, al sentir que no le darían las patas para trabajar en la Cope al día siguiente. Casi las doce de la noche y el viejo ahí, fiel, a unos metros, mirando el partido. Cuando el Lauti entró a la cancha, casi a desgano, aprovechando para desperezarse, levanto el brazo avisando que entraba, el Nico se derrumbo cerca del viejo pero de este lado del alambre, el viejo no había cruzado jamás una palabra con nadie del equipo.
El Nico pudo apreciar entonces que tendría unos setenta años, era flaquito, bastante alto, pulcro y con sombra de barba. En una mano tenía una pequeña radio y en la otra mano sostenía un cigarrillo con plácida distinción sujetándose del alambre.
--¿Está escuchando a Camoi, maestro? —medio le gritó el Nico cuando recuperó el aliento, pero siempre recostado en el piso. El viejo giró para mirarlo. Negó con la cabeza y se quitó el auricular de la oreja.
No sonrio y pareció que la cosa quedaba ahí. El viejo volvió a mirar el partido, que estaba áspero y empatado.
--Música- dijo después, mirándolo de nuevo.
--Algún tanguito? —probó el Nico.
--Un concierto. Hay un buen programa de música clásica a esta hora.
El Nico frunció el entrecejo. Ya tenía una buena anécdota para contarles a los muchachos y la cosa venía lo suficientemente interesante como para continuarla. Se levantó resoplando, se bajó las medias y caminó despacio hasta pararse al lado del viejo.
--Pero le gusta el fútbol —le dijo—. Por lo que veo.
El viejo aprobó enérgicamente con la cabeza, sin dejar de mirar el curso de la pelota, que iba y venía por el aire, rabiosa.
--Lo he jugado. Y, además, está muy emparentado con el arte —dictaminó después—. Muy emparentado.
El Nico lo miró, curioso. Sabía que seguiría hablando, y esperó.
--Mire usted nuestro arquero -efectivamente el viejo señaló a El Guille, que estudiaba el partido desde su arco, las manos en la cintura, todo un costado de la camiseta cubierto de tierra-. La continuidad de la nariz con la frente. La expansión pectoral. La curvatura de las nalgas. La tensión en los abdominales… -se quedó un momento en silencio, como para que el Nico apreciara aquello que él le mostraba-. Bueno.... Eso, eso es la escultura...
El Nico adelantó la mandíbula y osciló levemente la cabeza, aprobando dubitativo.
--Vea usted -el viejo señaló ahora hacia el arco contrario, al que estaba por llegar un córner- el relumbrón intenso de las camisetas nuestras, amarillo furioso y una mancha naranja por el sudor. El contraste con el rojo y blanco de las camisetas rivales, el verde del pasto con el brillo del rocío. El contraste de las luces y las sombras del patio. Entrecierre los ojos y aprécielo así.... Bueno.... Eso, eso es la pintura.
Aún estaba el Nico con los ojos entrecerrados cuando al viejo agregó.
--Observe, observe usted esa carrera intensa entre el delantero de ellos y el defensor nuestro. El salto al unísono, el giro en el aire, la voltereta elástica, el braceo amplio en busca del equilibrio.... Bueno.... Eso, eso es la danza....
El Nico procuraba estimular sus sentidos, pero sólo veía que los rivales se venían con todo, porfiados, y que la pelota no se alejaba del área defendida por el Guille.
--Y escuche usted, escuche usted.... —lo acicateó el viejo, curvando con una mano el pabellón de la misma oreja donde había tenido el auricular de la radio y entusiasmado tal vez al encontrar, por fin, un interlocutor válido—.... la percusión grave de la pelota cuando bota contra el piso, el chasquido de la suela de los botines sobre el césped, el fuelle de la respiración agitada, el coro desparejo de los gritos, las órdenes, los alertas, los insultos de los muchachos.... Bueno.... Eso, eso es la música....
El Nico asintió con la cabeza. Los muchachos no iban a creerle cuando él les contara aquella charla insólita con el viejo, luego del partido, si es que les quedaba algo de ánimo, porque la derrota estaba al caer sobre ellos como un ave oscura e implacable.
--Y vea usted a ese delantero.... -señaló ahora el viejo a Lucas Alegre, casi metiéndose en la cancha, algo más alterado-.... ese delantero de ellos que se revuelca por el suelo como si lo hubiese picado una tarántula, moviendo exageradamente los cabellos, distorsionando el rostro, bramando falsamente de dolor, reclamando picarescamente justicia.... Bueno.... Eso, eso es el teatro.
El Nico se tomó la cabeza.
--¿Qué cobró? —balbuceó indignado.
--¿Cobró penal? —abrió los ojos el viejo, incrédulo. Dio un paso al frente, trepándose apenas al alambre-. ¿Qué cobrás? -gritó después, desaforado-. ¿Qué cobrás la reputísima madre que te parió?
El Nico lo miró atónito. Ante el grito del viejo parecía haberse olvidado repentinamente del penal injusto, de la derrota inminente y del mismo frio de la noche. El viejo estaba lívido mirando al área, pero enseguida se volvió hacia el Nico tratando de recomponerse, algo confuso, incómodo.
--... ¿Y eso? -se atrevió a preguntarle el Nico, señalándolo.
--Y eso.... -vaciló el viejo, acomodandose levemente la gorra-...Eso es el fútbol.
Es el único hincha legítimo que tienen, al margen de algunos pibes chicos del barrio que corren a buscar la pelota cuando el Seba tiene un ataque Palermista y la tira a la mierda.
--Ojo con la pileta y la calle – les advierto siempre.
--No te preocupes… ya conocemos el paño –me tranquilizan-. Y es verdad, andan todo el día vagueando por la zona.
--¿No vino la hinchada? Preguntan todos al llegar nomás, buscando al viejo. ¿No vino la barra brava?
Y se ríen. Pero el viejo no falta desde hace varios jueves, firme detrás del alambrado, casi elegante, con un cierto refinamiento en su postura, alternando las manos en el alambre para mantener el equilibrio mientras la otra se refugia en el bolsillo del saco. Nadie lo conocía, no era amigo de ninguno de los muchachos.
--La vieja no lo debe soportar en la casa y lo manda para acá -bromeó alguno-.
--Por ahí es amigo del Norby —dijo otro. Pero saben que el viejo hincha para ellos de alguna manera, moderadamente, porque lo vieron aplaudir un par de partidos atrás, cuando le ganaron a los de Lucas Alegre.
Y ahí, detrás del alambrado fue a tirarse el Nico cuando decidió dejar su lugar al Lauti, que estaba de suplente, al sentir que no le darían las patas para trabajar en la Cope al día siguiente. Casi las doce de la noche y el viejo ahí, fiel, a unos metros, mirando el partido. Cuando el Lauti entró a la cancha, casi a desgano, aprovechando para desperezarse, levanto el brazo avisando que entraba, el Nico se derrumbo cerca del viejo pero de este lado del alambre, el viejo no había cruzado jamás una palabra con nadie del equipo.
El Nico pudo apreciar entonces que tendría unos setenta años, era flaquito, bastante alto, pulcro y con sombra de barba. En una mano tenía una pequeña radio y en la otra mano sostenía un cigarrillo con plácida distinción sujetándose del alambre.
--¿Está escuchando a Camoi, maestro? —medio le gritó el Nico cuando recuperó el aliento, pero siempre recostado en el piso. El viejo giró para mirarlo. Negó con la cabeza y se quitó el auricular de la oreja.
No sonrio y pareció que la cosa quedaba ahí. El viejo volvió a mirar el partido, que estaba áspero y empatado.
--Música- dijo después, mirándolo de nuevo.
--Algún tanguito? —probó el Nico.
--Un concierto. Hay un buen programa de música clásica a esta hora.
El Nico frunció el entrecejo. Ya tenía una buena anécdota para contarles a los muchachos y la cosa venía lo suficientemente interesante como para continuarla. Se levantó resoplando, se bajó las medias y caminó despacio hasta pararse al lado del viejo.
--Pero le gusta el fútbol —le dijo—. Por lo que veo.
El viejo aprobó enérgicamente con la cabeza, sin dejar de mirar el curso de la pelota, que iba y venía por el aire, rabiosa.
--Lo he jugado. Y, además, está muy emparentado con el arte —dictaminó después—. Muy emparentado.
El Nico lo miró, curioso. Sabía que seguiría hablando, y esperó.
--Mire usted nuestro arquero -efectivamente el viejo señaló a El Guille, que estudiaba el partido desde su arco, las manos en la cintura, todo un costado de la camiseta cubierto de tierra-. La continuidad de la nariz con la frente. La expansión pectoral. La curvatura de las nalgas. La tensión en los abdominales… -se quedó un momento en silencio, como para que el Nico apreciara aquello que él le mostraba-. Bueno.... Eso, eso es la escultura...
El Nico adelantó la mandíbula y osciló levemente la cabeza, aprobando dubitativo.
--Vea usted -el viejo señaló ahora hacia el arco contrario, al que estaba por llegar un córner- el relumbrón intenso de las camisetas nuestras, amarillo furioso y una mancha naranja por el sudor. El contraste con el rojo y blanco de las camisetas rivales, el verde del pasto con el brillo del rocío. El contraste de las luces y las sombras del patio. Entrecierre los ojos y aprécielo así.... Bueno.... Eso, eso es la pintura.
Aún estaba el Nico con los ojos entrecerrados cuando al viejo agregó.
--Observe, observe usted esa carrera intensa entre el delantero de ellos y el defensor nuestro. El salto al unísono, el giro en el aire, la voltereta elástica, el braceo amplio en busca del equilibrio.... Bueno.... Eso, eso es la danza....
El Nico procuraba estimular sus sentidos, pero sólo veía que los rivales se venían con todo, porfiados, y que la pelota no se alejaba del área defendida por el Guille.
--Y escuche usted, escuche usted.... —lo acicateó el viejo, curvando con una mano el pabellón de la misma oreja donde había tenido el auricular de la radio y entusiasmado tal vez al encontrar, por fin, un interlocutor válido—.... la percusión grave de la pelota cuando bota contra el piso, el chasquido de la suela de los botines sobre el césped, el fuelle de la respiración agitada, el coro desparejo de los gritos, las órdenes, los alertas, los insultos de los muchachos.... Bueno.... Eso, eso es la música....
El Nico asintió con la cabeza. Los muchachos no iban a creerle cuando él les contara aquella charla insólita con el viejo, luego del partido, si es que les quedaba algo de ánimo, porque la derrota estaba al caer sobre ellos como un ave oscura e implacable.
--Y vea usted a ese delantero.... -señaló ahora el viejo a Lucas Alegre, casi metiéndose en la cancha, algo más alterado-.... ese delantero de ellos que se revuelca por el suelo como si lo hubiese picado una tarántula, moviendo exageradamente los cabellos, distorsionando el rostro, bramando falsamente de dolor, reclamando picarescamente justicia.... Bueno.... Eso, eso es el teatro.
El Nico se tomó la cabeza.
--¿Qué cobró? —balbuceó indignado.
--¿Cobró penal? —abrió los ojos el viejo, incrédulo. Dio un paso al frente, trepándose apenas al alambre-. ¿Qué cobrás? -gritó después, desaforado-. ¿Qué cobrás la reputísima madre que te parió?
El Nico lo miró atónito. Ante el grito del viejo parecía haberse olvidado repentinamente del penal injusto, de la derrota inminente y del mismo frio de la noche. El viejo estaba lívido mirando al área, pero enseguida se volvió hacia el Nico tratando de recomponerse, algo confuso, incómodo.
--... ¿Y eso? -se atrevió a preguntarle el Nico, señalándolo.
--Y eso.... -vaciló el viejo, acomodandose levemente la gorra-...Eso es el fútbol.
sábado, 7 de noviembre de 2009
REGALO DE CUMPLEAÑOS PARA MI HIJA.
Solo cosas buenas tengo que agradecerte como padre.. Te quiero con todo el corazón.. y te deseo solo buenas cosas para hoy y siempre..
Debes saber que seguiremos juntos el camino, vos un poco delante mió. Pero sabes que siempre estaré cerca por si me necesitas.
Que el camino salga a tu encuentro.
Que el viento siempre esté detrás tuyo y la lluvia caiga suave sobre tus campos.
Que vivas por el tiempo que vos quieras, y que siempre quieras vivir plena y apasionadamente.
Recuerda siempre olvidar las cosas que te entristecieron, pero nunca olvides recordar aquellas que te alegraron.
Que el día más triste de tu futuro no sea peor que el día más feliz de tu pasado.
Recuerda siempre olvidar a los amigos que resultaron falsos, pero nunca olvides recordar a aquellos que permanecieron fieles.
Recuerda siempre olvidar los problemas que ya pasaron, pero nunca olvides recordar las bendiciones de cada día.
Que nunca se caiga el techo encima tuyo y que los amigos reunidos debajo de él nunca se vayan.
Que siempre tengas palabras cálidas en un anochecer frío, una luna llena en una noche oscura, y que el camino siempre se abra en tu puerta.
Que vivas cien años, con un año extra para arrepentirte.
Que tus bolsillos estén pesados y tu corazón ligero.
Que la buena suerte te persiga, y cada día y cada noche tengas muros contra el viento, un techo para la lluvia, bebidas junto al fuego, risas para que te consuelen de aquellos a quienes amas, y que se colme tu corazón con todo lo que desees.
Que veas a los hijos de tus hijos, que el infortunio te sea breve y te deje rica en conocimientos.
Que no conozcas nada más que la felicidad.
Te reconozco como una persona alegre –o sea, naturalmente dotada de buenas ondas- y considero que nadie puede reprocharte amarretismo, debes saber que te bastará proponértelo para que tu alegría se reproduzca en otras personas.
Donar alegría es uno de los más baratos gestos de generosidad, pero, aun así, se trata de una actitud humanamente rara, con muy pocos cultores. La alegría es contagiosa, se reproduce de la nada y no hay individuo que se haya visto privado de ella por el hecho de haberla despilfarrado. En serio, vos podes comprobar que cuanta más alegría despilfarres, más rápido ha de incrementarse tu capital de buenas ondas.
Desde luego, la alegría de buena calidad es difícil de conseguir, tal vez porque eso de regalarla sin esperar recompensa sólo está en la mente y en la naturaleza de seres humanos como vos, bastante raros. El mercado pone a disposición de los consumidores toda clase de alegrías de rezago, gruesas y chapuceras, pero las que verdaderamente halagan el espíritu suelen escasear tanto como cualquiera de los sentimientos importantes.
Declárate desconfiada de las personas apasionadamente inclinadas a la amargura.
La distribución de alegrías de buena leche es escasa por distintas razones: porque no se cultivan y porque, a diferencia de las tristezas, no tienen prestigio ni ratings. Ningún artista o escritor que ha inspirado sonrisas mereció la fama de los que hicieron sufrir o llorar, y ningún político alcanzo alguna cumbre sin apelar al ceño fruncido, al discurso duro y al dedo acusador siempre apuntando.
Es lamentable, pero también la angustia es contagiosa. Y, debe uno reconocerlo, sabe ingeniárselas para cosechar socios y simpatizantes.
Debes saber que compartir un dolor es dividirlo y compartir una alegría es multiplicarla. Olvidar cosas malas, también es tener buena memoria.
La mayor parte de las veces recibiremos de las otras personas lo que les damos y por eso debes tener cuidado. Recuerda siempre que sembrar es opcional, pero la cosecha es obligatoria, por eso debes tener cuidado con lo que siembras.
Me he propuesto ser feliz, porque se que no hay nada mejor para los hijos que recordar padres felices.
En cuanto a las decisiones que vas a tomar, debes saber que el que no está dispuesto a perderlo todo, no está preparado para ganar.
La pobreza no es una virtud, salvo que favorezca tu libertad. El conquistador por cuidar su conquista, se convierte en esclavo de lo que conquistó. Es decir, que jodiendo se jodió.
Espero haberte enseñado que la vida es el presente, por eso siempre te exijo que seas feliz hoy.
Pero no hay que ser pobre para alegrar al Barba, porque él no tiene problemas sociales. Por eso el sol y la lluvia son para todos. Dichoso el que no cambia el sueño de su vida por el pan de cada día.
Lo mejor de uno son los otros. Esa gente que le pone alas a nuestra vida, imagen, que te transforma en lo que somos, inmensamente ricos, en la condición que sea y donde sea. Siempre, con lo que tengas, se puede, se debe empezar de nuevo. Tenemos el deber de ser felices.
El Barba no nos va a preguntar que hicimos con la guita, sino qué hicimos con la alegría, inevitable para vivir. La vida es hambre o comilona. Vos elegís.
Querida hija mía, ojala mis viejos me hubieran regalado el día de mi cumpleaños, un día de sus vidas, espero que lo hayas disfrutado tanto como yo lo hice, me siento orgulloso de quien sos.
Te quiero mucho.Tu Padre.
Debes saber que seguiremos juntos el camino, vos un poco delante mió. Pero sabes que siempre estaré cerca por si me necesitas.
Que el camino salga a tu encuentro.
Que el viento siempre esté detrás tuyo y la lluvia caiga suave sobre tus campos.
Que vivas por el tiempo que vos quieras, y que siempre quieras vivir plena y apasionadamente.
Recuerda siempre olvidar las cosas que te entristecieron, pero nunca olvides recordar aquellas que te alegraron.
Que el día más triste de tu futuro no sea peor que el día más feliz de tu pasado.
Recuerda siempre olvidar a los amigos que resultaron falsos, pero nunca olvides recordar a aquellos que permanecieron fieles.
Recuerda siempre olvidar los problemas que ya pasaron, pero nunca olvides recordar las bendiciones de cada día.
Que nunca se caiga el techo encima tuyo y que los amigos reunidos debajo de él nunca se vayan.
Que siempre tengas palabras cálidas en un anochecer frío, una luna llena en una noche oscura, y que el camino siempre se abra en tu puerta.
Que vivas cien años, con un año extra para arrepentirte.
Que tus bolsillos estén pesados y tu corazón ligero.
Que la buena suerte te persiga, y cada día y cada noche tengas muros contra el viento, un techo para la lluvia, bebidas junto al fuego, risas para que te consuelen de aquellos a quienes amas, y que se colme tu corazón con todo lo que desees.
Que veas a los hijos de tus hijos, que el infortunio te sea breve y te deje rica en conocimientos.
Que no conozcas nada más que la felicidad.
Te reconozco como una persona alegre –o sea, naturalmente dotada de buenas ondas- y considero que nadie puede reprocharte amarretismo, debes saber que te bastará proponértelo para que tu alegría se reproduzca en otras personas.
Donar alegría es uno de los más baratos gestos de generosidad, pero, aun así, se trata de una actitud humanamente rara, con muy pocos cultores. La alegría es contagiosa, se reproduce de la nada y no hay individuo que se haya visto privado de ella por el hecho de haberla despilfarrado. En serio, vos podes comprobar que cuanta más alegría despilfarres, más rápido ha de incrementarse tu capital de buenas ondas.
Desde luego, la alegría de buena calidad es difícil de conseguir, tal vez porque eso de regalarla sin esperar recompensa sólo está en la mente y en la naturaleza de seres humanos como vos, bastante raros. El mercado pone a disposición de los consumidores toda clase de alegrías de rezago, gruesas y chapuceras, pero las que verdaderamente halagan el espíritu suelen escasear tanto como cualquiera de los sentimientos importantes.
Declárate desconfiada de las personas apasionadamente inclinadas a la amargura.
La distribución de alegrías de buena leche es escasa por distintas razones: porque no se cultivan y porque, a diferencia de las tristezas, no tienen prestigio ni ratings. Ningún artista o escritor que ha inspirado sonrisas mereció la fama de los que hicieron sufrir o llorar, y ningún político alcanzo alguna cumbre sin apelar al ceño fruncido, al discurso duro y al dedo acusador siempre apuntando.
Es lamentable, pero también la angustia es contagiosa. Y, debe uno reconocerlo, sabe ingeniárselas para cosechar socios y simpatizantes.
Debes saber que compartir un dolor es dividirlo y compartir una alegría es multiplicarla. Olvidar cosas malas, también es tener buena memoria.
La mayor parte de las veces recibiremos de las otras personas lo que les damos y por eso debes tener cuidado. Recuerda siempre que sembrar es opcional, pero la cosecha es obligatoria, por eso debes tener cuidado con lo que siembras.
Me he propuesto ser feliz, porque se que no hay nada mejor para los hijos que recordar padres felices.
En cuanto a las decisiones que vas a tomar, debes saber que el que no está dispuesto a perderlo todo, no está preparado para ganar.
La pobreza no es una virtud, salvo que favorezca tu libertad. El conquistador por cuidar su conquista, se convierte en esclavo de lo que conquistó. Es decir, que jodiendo se jodió.
Espero haberte enseñado que la vida es el presente, por eso siempre te exijo que seas feliz hoy.
Pero no hay que ser pobre para alegrar al Barba, porque él no tiene problemas sociales. Por eso el sol y la lluvia son para todos. Dichoso el que no cambia el sueño de su vida por el pan de cada día.
Lo mejor de uno son los otros. Esa gente que le pone alas a nuestra vida, imagen, que te transforma en lo que somos, inmensamente ricos, en la condición que sea y donde sea. Siempre, con lo que tengas, se puede, se debe empezar de nuevo. Tenemos el deber de ser felices.
El Barba no nos va a preguntar que hicimos con la guita, sino qué hicimos con la alegría, inevitable para vivir. La vida es hambre o comilona. Vos elegís.
Querida hija mía, ojala mis viejos me hubieran regalado el día de mi cumpleaños, un día de sus vidas, espero que lo hayas disfrutado tanto como yo lo hice, me siento orgulloso de quien sos.
Te quiero mucho.Tu Padre.
sábado, 31 de octubre de 2009
El Carnet Vencido.
Mi hijo Toni estaba viajando desde Bahía Blanca y me pidió que lo fuera a buscar a la terminal de Choele Choel, distante unos diez kilómetros de mi pueblo.
Como a las 20 hs, monte en mi chiva vieja y salí. Ya llegando a Choele, a la altura de la calle Avellaneda por la ruta 250, me detiene un control policial en operativo. Se acerca un uniformado y me solicita la licencia de conducir y la documentación del vehiculo, llámese Tarjeta Verde.
Se lo entrego y me comunica que se encuentra vencido el carnet desde el 16 de noviembre del año pasado, es decir, que no tenia carnet, según me dijo el policía actuante, porque tener el carnet vencido equivale a no tenerlo.
La verdad no me había percatado del detalle por varios motivos. En principio se podría decir que soy de poco salir y luego cuando lo hago, lo mas lejos que voy es hasta Choele por algún tramite o como en esta oportunidad, a dejar o buscar a mis hijos en la terminal y este tipo de operativos son bastante esporádicos y mas de una vez no me detienen por ser un viejo conocido de la zona.
Lamentando el incidente, le solicito que me haga la correspondiente infracción, reconociendo que el carnet estaba vencido y de esa manera poder continuar con mi cometido de buscar a mi hijo a la terminal.
Fue entonces cuando el policía me dice que debo ir hasta el destacamento que se encuentra vecino a la Sociedad Rural a unos cinco kilómetros de donde nos encontrábamos. Inmediatamente le dije que si, que pasaba por la terminal a buscar a mi hijo y de allí al destacamento. Dijo que no había ningún problema, y arranco.
Un patrullero me sigue, y pienso que casualmente iba para el mismo lugar que yo, llegando a la terminal enciende la sirena y veo que por la Calle Kennedy, venían dos patrulleros más y una moto patrulla, todos con sus respectivas sirenas y luces encendidas. Ingreso a la playa de estacionamiento de la terminal y veo con asombro que todo ese despliegue policial también ingresa detrás. Estaciono y me bajo tratando de ver que es lo que estaba pasando porque no es muy común, digamos mas bien extraordinario, que se produzca una persecución policial de tal envergadura en la zona.
Es entonces cuando me sorprendo rodeado de al menos tres patrulleros y una motocicleta sumando en total unos ocho policías uniformados, armados y mostrando una hostilidad insospechada hacia mi persona.
Pregunto que paso, que fue lo grave de mis actos?.
A lo que me responden que estaba incurriendo en una resistencia y desobediencia a la autoridad, y me mencionan el Art. 239 del código penal, que por mi ignorancia desconocía, aunque es deber de cada ciudadano conocer cada uno y recordar de memoria los artículos del código penal.
Explico la situación y les digo que ni bien pueda encontrarme con mi hijo me presentaría en el destacamento sin ningún problema, ratificando mi identificación y mi domicilio, como para que no pensaran que era mi intención fugarme en una Chevrolet 89 mas conocida que la ruda, para nunca mas ser visto por la zona. En ese momento por medios radiales se comunican con el jefe del operativo quien llega al lugar en otro patrullero con tres policías más a bordo.
Yo me sentía como en Expreso de medianoche, un traficante de drogas, un asesino, un ladrón, pero en realidad estaba tranquilo porque sabía que mi falta se limitaba a tener el carnet vencido. El jefe del operativo entiende la situación y me permite esperar el arribo del micro pero con la custodia de dos policías. Yo voy hacia los andenes, entre al menos un centenar de personas sorprendidas y asustadas por el operativo al mejor estilo Hollywood, y averiguo que el micro llega en unos diez minutos. Vuelvo y les comunico a mis custodios policiales que me demoraría ese tiempo porque era lo que el micro tardaría.
Es entonces cuando uno de ellos me increpa diciendo a viva voz que me estaba declarando en rebeldía por lo que debía llamar nuevamente pero esta vez al jefe del destacamento quien vendría en persona para que yo le explique porque aun no iba a concurrir al destacamento.
Mientras lo espero decido tomar un café en la confitería de la Terminal y me hubico en una mesa en el interior de la misma. A los pocos minutos veo que un gran despliegue policial se esta produciendo en la puerta, donde ahora si, un gran numero de policías se mezclaban con la gente esperando mi resistencia porque tenía el carnet vencido. Un oficial se acerca a la mesa donde tomaba mi café y le pregunto si todo ese operativo era por mi falta gravísima de tener el carnet vencido.
-Me va tener que acompañar- dijo con tono autoritario el gorrudo.
Y salgo con él de la confitería donde inmediatamente me rodean al menos seis uniformados y camino entre ellos hacia la playa de estacionamiento. Nuevamente me ordenan que en forma inmediata debo ir al destacamento y les pregunto si no podíamos esperar a esta altura unos dos minutos mas para no desencontrarme con mi hijo. A lo que me respondió que no. Que ya mismo debía acompañarlo en calidad de detenido y ya sinceramente pensé en el valor que tiene el carnet de conductor vencido.
Pero accedí al pedido y me subí al patrullero y desde allí pude ver hacia la Terminal como la gente en gran numero presenciaba el espectáculo, de la detención del peligroso delincuente que había cometido el horrible crimen de no darse cuenta que tenia el carnet vencido.
Con las luces y las sirenas de dos patrulleros y una motocicleta soy llevado al destacamento donde me preguntan nuevamente mi nombre y apellido, domicilio y numero de documento. Grande fue mi sorpresa cuando escucho al oficial decir que iba a comunicar del acontecimiento al fiscal Flores con quien habla por te. Y aparentemente este le indica que se me notifique de mi procesamiento por el artículo mencionado.
En ese momento mi hijo era traído con su equipaje en el patrullero también al destacamento el que había sido notificado por dos policías, en cuanto bajó del micro, de que debía acompañarlos, todo esto frente a la misma cantidad de publico presente en la Terminal, entre los que, obviamente por ser una persona que ha vivido siempre en la zona, me conocen y también a mi hijo y que segura y tranquilamente pueden estar pensando en cualquier clase de delito grabe menos en que tenia el carnet vencido.
Así las cosas, me notifican del procesamiento y la causa penal que ahora me inician y que para retirar el vehiculo de la playa de estacionamiento de la Terminal tendría que buscar a alguien con el carnet en condiciones. En esto llega mi hijo…
-¿Que cagada te mandaste?- Preguntó.
- Se me venció el carnet.-
- ¿Y por eso todo este quilombo?
- Parece que es grave che. Me van a procesar-
- No jodas…
El oficial que escuchaba nuestra conversación comenzaba a llenársele de colores la cara.
- No te jodo. Se me venció el carnet y ahora tenemos que pedirle a alguien con uno en condiciones para que nos saque. Estamos los tres presos…
- ¿Quiénes tres?...
- Vos, yo y la chiva en la terminal… No la viste?
- Si, allá estaba, custodiada.
- Puedo usar el teléfono para llamar a alguien que nos venga a buscar?- Pregunte al colorido Oficial.
- No. No se puede usar el teléfono para cosas particulares.- Respondió el Oficial, con la vena yugular que le explotaba en el cuello.
Por suerte mi hijo tenía un celular y llamamos a un amigo de Luis Beltrán para que nos vaya a rescatar del mal trance. Si no hubiera contado con un celular seguramente aun estaríamos caminando por las instalaciones de la rural para ver si alguna vaca tenía el carnet actualizado. En conclusión después de dos horas de idas y venidas podemos recuperar la libertad… los tres.
Cuando llego a casa comienza a sonar el teléfono, muchos de mis amigos querían saber que era lo que me había pasado, con la lógica preocupación que produce este tipo de despliegues policiales y en el cual yo estaba involucrado, pero nadie sabía que se me había vencido el carnet. Agradecí la preocupación y lamente haberlos inquietado con mi carnet vencido.
Uno piensa… bueno, aquí termina la historia. Pero no. Error.
Como a los dos meses me citan a declarar en los tribunales penales.
Parece que la justicia también andaba sobrada de tiempo y personal y se dedicaron a investigar porque se me había vencido el carnet.
- ¿Sabe usted que esta procesado por infracción al artículo tal y tal del código penal, etc, etc. ¿Y que tiene derecho a que lo acompañe un abogado de su elección y si no tiene uno el estado se lo provee?...- Dijo la gordita que me atendió, disfrazada de abogada pero que apenas termino 5to, picoteando en una PC desvencijada por el traqueteo de tanto papel gastado al pedo.
- Yo no tengo recursos para un abogado que me defienda del carnet vencido.- Respondí- Así que nómbreme uno nomás…
- Bueno va a tener que ir a tal dirección en el segundo piso arriba del Banco Patagonia y pregunte por el Dr. Fulano de Tal que yo lo voy a llamar para que lo atienda.
A pata, el tipo salio pateando piedritas, o sea yo, a ver a mi abogado que no conocía, pero como era gratis, me causaba mucha gracia, con todo lo que he pagado de honorarios de estos cuervos por fin tenia uno gratis. Y andaba con tiempo para defenderme del carnet vencido.
Subí las escaleras y le di unos golpes a la puerta que me había indicado la gordita.
Me atiende la secretaria de la secretaria de mi abogado, que estaba para atender la puerta y cebar mates, pero disfrazada de abogada.
Le dije quien era y a lo que venia y dijo que enseguida me atiende el Dr.
Te hacen esperar un poco, como para disimular que están al cuete y al rato me hace pasar.
Me indicó por donde tenia la oficina el Dr. Y entré.
- Buenos días Dr.
- Pase, tome asiento- indicándome la silla y revolviendo los papeles amarillos de viejos que tenia cosidos con hilo choricero sobre el escritorio.
Me acomode y escuche que ya estaba al tanto del problema y haciéndose el simpático me dijo…
- Bueno este tema se puede resolver fácilmente.
- Me parece bien- dije yo, pensando que por fin alguien la tiene clara.
- Con cien litros de Gas Oil, nos olvidamos del tema y no te quedan antecedentes.
- Bueno- le dije- el tema es que yo uso una camioneta naftera. ¿No habrá una posibilidad que en vez de Gas Oil sea nafta?. Aunque sea común no importa…
- No, usted no entiende –me dijo- Usted es el que tiene que pagar cien litros de Gas Oil.
Entonces me puse serio. Estos tipos chuparon algo fuerte a la mañana temprano, pensé. Y allí nomás, haciéndome el caliente le dije que yo no tenia nada que pagar porque no había cometido ningún delito como para una condena semejante y que mas vale que me defendiera como corresponde porque para eso era mi abogado defensor, que no se abusara de mi pobreza porque había recurrido al defensor del estado, porque estaba dispuesto a vender lo que sea para pagar un abogado que le hiciera juicio a él, por incompetencia, si no me defendía como corresponde de mi carnet vencido.
Pidió que me tranquilizara y pregunto si quería declarar, de lo contrario podía negarme, que él me recomendaba no hacerlo y con eso no pasaba nada. Yo, la verdad, no entendía nada. ¿Porque no iba a declarar si tenia razón? Además lo que yo quería era declarar, así le daba trabajo a la gordita y de paso aprovechaba el viaje a Choele, ya que estaba. Me ordeno entonces que volviera al 30 y si tenía ganas de declarar que declare.
A pata, el tipo salio pateando piedritas, o sea yo, de vuelta al 30.
Pregunte por la gordita y me hicieron pasar a una oficina. Me senté al lado de la vieja computadora donde había estado antes y al ratito apareció la gordita.
- ¿Va a declarar?- preguntó.
- Si. –le dije y acomodándome en la silla, saque un cigarrillo y le pedí un cenicero.
- ¿Va a declarar? – Volvió a preguntar la gordita, mirando el reloj que marcaba casi el mediodía y ella seguramente quería tomarse el piojo a seguir descansando en la casa.- ¿El abogado le aconsejo que declare?- indagó.
- No. El me aconsejo que no lo hiciera, pero yo tengo ganas de declarar y voy a declarar – porque se me da la gana pensé, pero no iba a buscar bronca con la gordita que cumplía ordenes.
Cuando dispuso la vieja computadora, me aviso que empiece a declarar lo que había ocurrido la fatídica noche del carnet vencido. Me recomendó que lo hiciera despacio así podía escribir todo como yo lo contara.
Me hice hacia atrás cruzando las piernas, le di una pitada a mi cigarro y empecé…
- Resulta… que yo estaba en mi casa en Beltrán, cuando suena el teléfono. Atiendo y era mi hijo que esta estudiando en Bahía Blanca junto con su hermana y que como tenia unos días libres se venia a casa, por lo que me solicito que lo fuera a buscar a la terminal…
- No son necesarios los detalles.- dijo molesta la gordita.
Pensó que yo le estaba tomando el pelo, entonces le exprese que en realidad yo quería contarle como se sucedieron las cosas para que el juez entienda cuando lea el expediente que yo no iba a buscar un cargamento de drogas a la terminal, no pensaba fugarme, que no tenia intención de causar tantas molestias a la policía y menos a la justicia y mucho menos me había dado cuenta que tenia el carnet vencido.
La cuestión que después de una hora y media termine con mi declaración y la gordita la imprimió para que la firmara.
- Listo –dijo acercándome las cinco hojas de mi declaración- está tal y como usted lo declaró…
- Bueno pero yo acostumbro leer antes de firmar, así que si me disculpa quiero ver que todo este como corresponde a los hechos.
La gordita volvió a mirar el reloj y me apiade de ella y firme al pie de cada hoja.
- Esto es todo –pregunte-
- Si. Después lo va a citar seguramente el juez para que ratifique o rectifique su declaración.
La salude y me fui.
Ahora ustedes piensan… acá termina la historia. Pero no. Error.
Después de dos o tres meses, nuevamente recibo una citación al 30. El día y hora establecido, me presento y me comunican que el fiscal Flores me va a atender en unos minutos. Ya saben, la maniobra de siempre, te acomodas, esperas y cuando ya disimularon bastante, te hacen pasar.
- Buen día Dr.
-Buen día Norberto. Acá tengo el expediente del tema tuyo. Yo creo que con cien litros de Gas Oil arreglamos todo para que no te queden antecedentes. –comento como para que agarre viaje y terminar con el tema ridículo en que lo habían metido, según él, los milicos boludos.
- Yo ya le dije a mi abogado defensor que mi camioneta es naftera y si lo quieren arreglar así que me conformo con nafta común, que la chiva no es delicada.
- Pará que vos no estas entendiendo. El que tendría que poner el Gas Oil sos vos. –como si yo no me hubiera dado cuenta como venia la mano.
Me hacía pero no era.
- ¿Ya me condenaron entonces?. –pregunte-
- No. Esta citación es para que ratifiques o rectifiques todo lo declarado. –mientras iba pasando las cinco hojas de mi escueta declaración.
Le iba a pedir la declaración para revisarla nuevamente y después me dio lastima, ya había visto pasar mi firma en cada una de las hojas y simplemente me limite a decirle que ratificaba todo lo dicho.
- Bueno –dijo Flores- estos pelotudos encima han declarado que rectifican todo lo dicho. Si serán boludos.
Y agrego otros adjetivos, con los que yo estaba totalmente de acuerdo, pero no se lo dije.
Dado por finalizado el acto me despido deseándole buena suerte y que fue un gusto saludarlo.
Después de al menos tres años recibo una notificación del 30 en la que por motivos de caducidad de la causa se me exime de culpa y cargo en los autos caratulados Norberto Pirri s/infracción al art 239 del código penal bla bla.
Esta es la anécdota hasta aquí para todos aquellos que piensan que la policía y la justicia realmente no se ocupan de las cosas importantes que suceden en el Valle Medio.
Deben saber, que es tan vertiginosa en la resolución de los casos de asesinatos, robos a mano armada, tráfico de drogas y otros crímenes menores, que aun les queda tiempo y recursos para destinar varios efectivos y unidades móviles en la captura, detención y posterior procesamiento, a un vecino común sin antecedentes que tiene el carnet vencido. La justicia Señores… anda sobre ruedas, lo que quiere decir que además de ciega, es paralítica
Como a las 20 hs, monte en mi chiva vieja y salí. Ya llegando a Choele, a la altura de la calle Avellaneda por la ruta 250, me detiene un control policial en operativo. Se acerca un uniformado y me solicita la licencia de conducir y la documentación del vehiculo, llámese Tarjeta Verde.
Se lo entrego y me comunica que se encuentra vencido el carnet desde el 16 de noviembre del año pasado, es decir, que no tenia carnet, según me dijo el policía actuante, porque tener el carnet vencido equivale a no tenerlo.
La verdad no me había percatado del detalle por varios motivos. En principio se podría decir que soy de poco salir y luego cuando lo hago, lo mas lejos que voy es hasta Choele por algún tramite o como en esta oportunidad, a dejar o buscar a mis hijos en la terminal y este tipo de operativos son bastante esporádicos y mas de una vez no me detienen por ser un viejo conocido de la zona.
Lamentando el incidente, le solicito que me haga la correspondiente infracción, reconociendo que el carnet estaba vencido y de esa manera poder continuar con mi cometido de buscar a mi hijo a la terminal.
Fue entonces cuando el policía me dice que debo ir hasta el destacamento que se encuentra vecino a la Sociedad Rural a unos cinco kilómetros de donde nos encontrábamos. Inmediatamente le dije que si, que pasaba por la terminal a buscar a mi hijo y de allí al destacamento. Dijo que no había ningún problema, y arranco.
Un patrullero me sigue, y pienso que casualmente iba para el mismo lugar que yo, llegando a la terminal enciende la sirena y veo que por la Calle Kennedy, venían dos patrulleros más y una moto patrulla, todos con sus respectivas sirenas y luces encendidas. Ingreso a la playa de estacionamiento de la terminal y veo con asombro que todo ese despliegue policial también ingresa detrás. Estaciono y me bajo tratando de ver que es lo que estaba pasando porque no es muy común, digamos mas bien extraordinario, que se produzca una persecución policial de tal envergadura en la zona.
Es entonces cuando me sorprendo rodeado de al menos tres patrulleros y una motocicleta sumando en total unos ocho policías uniformados, armados y mostrando una hostilidad insospechada hacia mi persona.
Pregunto que paso, que fue lo grave de mis actos?.
A lo que me responden que estaba incurriendo en una resistencia y desobediencia a la autoridad, y me mencionan el Art. 239 del código penal, que por mi ignorancia desconocía, aunque es deber de cada ciudadano conocer cada uno y recordar de memoria los artículos del código penal.
Explico la situación y les digo que ni bien pueda encontrarme con mi hijo me presentaría en el destacamento sin ningún problema, ratificando mi identificación y mi domicilio, como para que no pensaran que era mi intención fugarme en una Chevrolet 89 mas conocida que la ruda, para nunca mas ser visto por la zona. En ese momento por medios radiales se comunican con el jefe del operativo quien llega al lugar en otro patrullero con tres policías más a bordo.
Yo me sentía como en Expreso de medianoche, un traficante de drogas, un asesino, un ladrón, pero en realidad estaba tranquilo porque sabía que mi falta se limitaba a tener el carnet vencido. El jefe del operativo entiende la situación y me permite esperar el arribo del micro pero con la custodia de dos policías. Yo voy hacia los andenes, entre al menos un centenar de personas sorprendidas y asustadas por el operativo al mejor estilo Hollywood, y averiguo que el micro llega en unos diez minutos. Vuelvo y les comunico a mis custodios policiales que me demoraría ese tiempo porque era lo que el micro tardaría.
Es entonces cuando uno de ellos me increpa diciendo a viva voz que me estaba declarando en rebeldía por lo que debía llamar nuevamente pero esta vez al jefe del destacamento quien vendría en persona para que yo le explique porque aun no iba a concurrir al destacamento.
Mientras lo espero decido tomar un café en la confitería de la Terminal y me hubico en una mesa en el interior de la misma. A los pocos minutos veo que un gran despliegue policial se esta produciendo en la puerta, donde ahora si, un gran numero de policías se mezclaban con la gente esperando mi resistencia porque tenía el carnet vencido. Un oficial se acerca a la mesa donde tomaba mi café y le pregunto si todo ese operativo era por mi falta gravísima de tener el carnet vencido.
-Me va tener que acompañar- dijo con tono autoritario el gorrudo.
Y salgo con él de la confitería donde inmediatamente me rodean al menos seis uniformados y camino entre ellos hacia la playa de estacionamiento. Nuevamente me ordenan que en forma inmediata debo ir al destacamento y les pregunto si no podíamos esperar a esta altura unos dos minutos mas para no desencontrarme con mi hijo. A lo que me respondió que no. Que ya mismo debía acompañarlo en calidad de detenido y ya sinceramente pensé en el valor que tiene el carnet de conductor vencido.
Pero accedí al pedido y me subí al patrullero y desde allí pude ver hacia la Terminal como la gente en gran numero presenciaba el espectáculo, de la detención del peligroso delincuente que había cometido el horrible crimen de no darse cuenta que tenia el carnet vencido.
Con las luces y las sirenas de dos patrulleros y una motocicleta soy llevado al destacamento donde me preguntan nuevamente mi nombre y apellido, domicilio y numero de documento. Grande fue mi sorpresa cuando escucho al oficial decir que iba a comunicar del acontecimiento al fiscal Flores con quien habla por te. Y aparentemente este le indica que se me notifique de mi procesamiento por el artículo mencionado.
En ese momento mi hijo era traído con su equipaje en el patrullero también al destacamento el que había sido notificado por dos policías, en cuanto bajó del micro, de que debía acompañarlos, todo esto frente a la misma cantidad de publico presente en la Terminal, entre los que, obviamente por ser una persona que ha vivido siempre en la zona, me conocen y también a mi hijo y que segura y tranquilamente pueden estar pensando en cualquier clase de delito grabe menos en que tenia el carnet vencido.
Así las cosas, me notifican del procesamiento y la causa penal que ahora me inician y que para retirar el vehiculo de la playa de estacionamiento de la Terminal tendría que buscar a alguien con el carnet en condiciones. En esto llega mi hijo…
-¿Que cagada te mandaste?- Preguntó.
- Se me venció el carnet.-
- ¿Y por eso todo este quilombo?
- Parece que es grave che. Me van a procesar-
- No jodas…
El oficial que escuchaba nuestra conversación comenzaba a llenársele de colores la cara.
- No te jodo. Se me venció el carnet y ahora tenemos que pedirle a alguien con uno en condiciones para que nos saque. Estamos los tres presos…
- ¿Quiénes tres?...
- Vos, yo y la chiva en la terminal… No la viste?
- Si, allá estaba, custodiada.
- Puedo usar el teléfono para llamar a alguien que nos venga a buscar?- Pregunte al colorido Oficial.
- No. No se puede usar el teléfono para cosas particulares.- Respondió el Oficial, con la vena yugular que le explotaba en el cuello.
Por suerte mi hijo tenía un celular y llamamos a un amigo de Luis Beltrán para que nos vaya a rescatar del mal trance. Si no hubiera contado con un celular seguramente aun estaríamos caminando por las instalaciones de la rural para ver si alguna vaca tenía el carnet actualizado. En conclusión después de dos horas de idas y venidas podemos recuperar la libertad… los tres.
Cuando llego a casa comienza a sonar el teléfono, muchos de mis amigos querían saber que era lo que me había pasado, con la lógica preocupación que produce este tipo de despliegues policiales y en el cual yo estaba involucrado, pero nadie sabía que se me había vencido el carnet. Agradecí la preocupación y lamente haberlos inquietado con mi carnet vencido.
Uno piensa… bueno, aquí termina la historia. Pero no. Error.
Como a los dos meses me citan a declarar en los tribunales penales.
Parece que la justicia también andaba sobrada de tiempo y personal y se dedicaron a investigar porque se me había vencido el carnet.
- ¿Sabe usted que esta procesado por infracción al artículo tal y tal del código penal, etc, etc. ¿Y que tiene derecho a que lo acompañe un abogado de su elección y si no tiene uno el estado se lo provee?...- Dijo la gordita que me atendió, disfrazada de abogada pero que apenas termino 5to, picoteando en una PC desvencijada por el traqueteo de tanto papel gastado al pedo.
- Yo no tengo recursos para un abogado que me defienda del carnet vencido.- Respondí- Así que nómbreme uno nomás…
- Bueno va a tener que ir a tal dirección en el segundo piso arriba del Banco Patagonia y pregunte por el Dr. Fulano de Tal que yo lo voy a llamar para que lo atienda.
A pata, el tipo salio pateando piedritas, o sea yo, a ver a mi abogado que no conocía, pero como era gratis, me causaba mucha gracia, con todo lo que he pagado de honorarios de estos cuervos por fin tenia uno gratis. Y andaba con tiempo para defenderme del carnet vencido.
Subí las escaleras y le di unos golpes a la puerta que me había indicado la gordita.
Me atiende la secretaria de la secretaria de mi abogado, que estaba para atender la puerta y cebar mates, pero disfrazada de abogada.
Le dije quien era y a lo que venia y dijo que enseguida me atiende el Dr.
Te hacen esperar un poco, como para disimular que están al cuete y al rato me hace pasar.
Me indicó por donde tenia la oficina el Dr. Y entré.
- Buenos días Dr.
- Pase, tome asiento- indicándome la silla y revolviendo los papeles amarillos de viejos que tenia cosidos con hilo choricero sobre el escritorio.
Me acomode y escuche que ya estaba al tanto del problema y haciéndose el simpático me dijo…
- Bueno este tema se puede resolver fácilmente.
- Me parece bien- dije yo, pensando que por fin alguien la tiene clara.
- Con cien litros de Gas Oil, nos olvidamos del tema y no te quedan antecedentes.
- Bueno- le dije- el tema es que yo uso una camioneta naftera. ¿No habrá una posibilidad que en vez de Gas Oil sea nafta?. Aunque sea común no importa…
- No, usted no entiende –me dijo- Usted es el que tiene que pagar cien litros de Gas Oil.
Entonces me puse serio. Estos tipos chuparon algo fuerte a la mañana temprano, pensé. Y allí nomás, haciéndome el caliente le dije que yo no tenia nada que pagar porque no había cometido ningún delito como para una condena semejante y que mas vale que me defendiera como corresponde porque para eso era mi abogado defensor, que no se abusara de mi pobreza porque había recurrido al defensor del estado, porque estaba dispuesto a vender lo que sea para pagar un abogado que le hiciera juicio a él, por incompetencia, si no me defendía como corresponde de mi carnet vencido.
Pidió que me tranquilizara y pregunto si quería declarar, de lo contrario podía negarme, que él me recomendaba no hacerlo y con eso no pasaba nada. Yo, la verdad, no entendía nada. ¿Porque no iba a declarar si tenia razón? Además lo que yo quería era declarar, así le daba trabajo a la gordita y de paso aprovechaba el viaje a Choele, ya que estaba. Me ordeno entonces que volviera al 30 y si tenía ganas de declarar que declare.
A pata, el tipo salio pateando piedritas, o sea yo, de vuelta al 30.
Pregunte por la gordita y me hicieron pasar a una oficina. Me senté al lado de la vieja computadora donde había estado antes y al ratito apareció la gordita.
- ¿Va a declarar?- preguntó.
- Si. –le dije y acomodándome en la silla, saque un cigarrillo y le pedí un cenicero.
- ¿Va a declarar? – Volvió a preguntar la gordita, mirando el reloj que marcaba casi el mediodía y ella seguramente quería tomarse el piojo a seguir descansando en la casa.- ¿El abogado le aconsejo que declare?- indagó.
- No. El me aconsejo que no lo hiciera, pero yo tengo ganas de declarar y voy a declarar – porque se me da la gana pensé, pero no iba a buscar bronca con la gordita que cumplía ordenes.
Cuando dispuso la vieja computadora, me aviso que empiece a declarar lo que había ocurrido la fatídica noche del carnet vencido. Me recomendó que lo hiciera despacio así podía escribir todo como yo lo contara.
Me hice hacia atrás cruzando las piernas, le di una pitada a mi cigarro y empecé…
- Resulta… que yo estaba en mi casa en Beltrán, cuando suena el teléfono. Atiendo y era mi hijo que esta estudiando en Bahía Blanca junto con su hermana y que como tenia unos días libres se venia a casa, por lo que me solicito que lo fuera a buscar a la terminal…
- No son necesarios los detalles.- dijo molesta la gordita.
Pensó que yo le estaba tomando el pelo, entonces le exprese que en realidad yo quería contarle como se sucedieron las cosas para que el juez entienda cuando lea el expediente que yo no iba a buscar un cargamento de drogas a la terminal, no pensaba fugarme, que no tenia intención de causar tantas molestias a la policía y menos a la justicia y mucho menos me había dado cuenta que tenia el carnet vencido.
La cuestión que después de una hora y media termine con mi declaración y la gordita la imprimió para que la firmara.
- Listo –dijo acercándome las cinco hojas de mi declaración- está tal y como usted lo declaró…
- Bueno pero yo acostumbro leer antes de firmar, así que si me disculpa quiero ver que todo este como corresponde a los hechos.
La gordita volvió a mirar el reloj y me apiade de ella y firme al pie de cada hoja.
- Esto es todo –pregunte-
- Si. Después lo va a citar seguramente el juez para que ratifique o rectifique su declaración.
La salude y me fui.
Ahora ustedes piensan… acá termina la historia. Pero no. Error.
Después de dos o tres meses, nuevamente recibo una citación al 30. El día y hora establecido, me presento y me comunican que el fiscal Flores me va a atender en unos minutos. Ya saben, la maniobra de siempre, te acomodas, esperas y cuando ya disimularon bastante, te hacen pasar.
- Buen día Dr.
-Buen día Norberto. Acá tengo el expediente del tema tuyo. Yo creo que con cien litros de Gas Oil arreglamos todo para que no te queden antecedentes. –comento como para que agarre viaje y terminar con el tema ridículo en que lo habían metido, según él, los milicos boludos.
- Yo ya le dije a mi abogado defensor que mi camioneta es naftera y si lo quieren arreglar así que me conformo con nafta común, que la chiva no es delicada.
- Pará que vos no estas entendiendo. El que tendría que poner el Gas Oil sos vos. –como si yo no me hubiera dado cuenta como venia la mano.
Me hacía pero no era.
- ¿Ya me condenaron entonces?. –pregunte-
- No. Esta citación es para que ratifiques o rectifiques todo lo declarado. –mientras iba pasando las cinco hojas de mi escueta declaración.
Le iba a pedir la declaración para revisarla nuevamente y después me dio lastima, ya había visto pasar mi firma en cada una de las hojas y simplemente me limite a decirle que ratificaba todo lo dicho.
- Bueno –dijo Flores- estos pelotudos encima han declarado que rectifican todo lo dicho. Si serán boludos.
Y agrego otros adjetivos, con los que yo estaba totalmente de acuerdo, pero no se lo dije.
Dado por finalizado el acto me despido deseándole buena suerte y que fue un gusto saludarlo.
Después de al menos tres años recibo una notificación del 30 en la que por motivos de caducidad de la causa se me exime de culpa y cargo en los autos caratulados Norberto Pirri s/infracción al art 239 del código penal bla bla.
Esta es la anécdota hasta aquí para todos aquellos que piensan que la policía y la justicia realmente no se ocupan de las cosas importantes que suceden en el Valle Medio.
Deben saber, que es tan vertiginosa en la resolución de los casos de asesinatos, robos a mano armada, tráfico de drogas y otros crímenes menores, que aun les queda tiempo y recursos para destinar varios efectivos y unidades móviles en la captura, detención y posterior procesamiento, a un vecino común sin antecedentes que tiene el carnet vencido. La justicia Señores… anda sobre ruedas, lo que quiere decir que además de ciega, es paralítica
viernes, 30 de octubre de 2009
No creas que siempre lo ves todo...
A veces la apariencia no es todo.
Me levante del banco, estire la chaqueta de mi uniforme de soldado y estudie a la muchedumbre que hormigueaba en el Centro Cívico de Bariloche observando el mejor ángulo para la foto. Buscaba a la chica cuyo corazón conocía, pero cuya cara no había visto jamás, la chica con una rosa en el pelo. Mi interés en ella había empezado trece meses antes en una biblioteca de Bariloche. Al tomar un libro de un estante, me sentí intrigado, no por las palabras del libro, sino por las notas escritas a lápiz en el margen.
Uno escuchó muchas veces anécdotas de la colimba y seguramente muy pocas tienen que ver con mujeres, normalmente uno se acuerda de aquel cabo o sargento que nos pegara un buen baile por dormir en la guardia o por no hacer como corresponde el cuerpo a tierra sobre el barro que deja la nieve.
Recuerdo haber estado tres días en el calabozo de la guardia por quedarme a pasar el primero de año en Las Grutas, pero la playa estaba hermosa y el sol doraba mi piel mientras hacia fiaca panza arriba y miraba las minas que pasaban, unas mas buenas que otras, cruzaba seriamente por mi mente la posibilidad de hacerme desertor.
De todos modos no me quejo, pasaron muchas cosas interesantes en ese año.
Mi carácter extrovertido y calentón siempre me destaco del resto de la tropa, eso me trajo algunos bailes extras y algunos beneficios. Al poco tiempo de haber terminado la instrucción en el campo y habernos instalado en el cuartel, me designaron presidente del club de soldados. De nuestro magro, casi ridículo, sueldo de soldado, nos descontaban unas chirolas para el club. Con eso había que comprar desde pelotitas de ping pong hasta algunos libros, que servían en los momentos de ocio. Mi antecesor en el cargo, un colimba de la 59, se destaco por ser muy conservador y cuando me hice cargo del inventario me encontré con unos cuantos mangos depositados en caja de ahorro en un banco de la ciudad.
Hice una lista de las cosas que hacían falta en el club y el resto decidí invertirlo en algunos libros. Mientras seleccionaba los que pudieran ser de interés me detuve en uno que llamo mi atención por aquellas notas en lápiz. La suave letra reflejaba un alma pensativa y una mente lucida. En la primera pagina del libro, descubrí el nombre de la antigua propietaria del libro, Ana Schumm. Invirtiendo tiempo y esfuerzo, conseguí su dirección.
Ella vivía en Buenos Aires. Le escribí una carta presentándome e invitándola a cartearnos, hoy le hubiera pedido el msn o el celu, pero tengan en cuenta que esto fue en la prehistoria, recuerdo haberme sorprendido con un radiograbador, imagínate, dos en uno, increíble proeza de la tecnología.
Durante el año y el mes que siguieron, ambos llegamos a conocernos a través de la correspondencia. Cada carta era una semilla que caía en un corazón fértil; un romance comenzaba a nacer. Le pedí una fotografía, pero ella se rehusó.
Ella pensaba que si realmente estaba interesado en ella, su apariencia no debía importarme.
Yo la imaginaba de distintas maneras, según las cartas que me escribiera y pensaba si algún día la conocería en persona. Seguramente hoy pasan estas situaciones con aquellas personas que se conocen en un chat del Internet. Pero en esos tiempos todo era mas lento, tan lento como el correo, la vida era mas lenta, quizás por eso se tienen mas recuerdos, hoy todo es tan rápido y efímero como el amor mismo. Te ibas a la cama con alguien después de meses de haberte conocido y hoy se van a la cama a conocerse. Algunas veces escuchas que tuvieron sexo pero no daba para preguntarle el apellido.
Cuando finalmente llego el día en que me daban la baja, fijamos nuestra primera cita a las siete de la tarde en el Centro Cívico de Bariloche.
Ella escribió: "Me reconocerás por la rosa roja que llevare puesta en el pelo." Así que a las siete en punto, estaba en el Centro, buscando a la chica cuyo corazón amaba, pero cuya cara desconocía.
Una joven venia hacia mi, y su figura era larga y delgada. Su cabello rubio caía hacia atrás en rizos dorados; sus ojos eran tan azules como flores. Sus labios carnosos y rosados, dejaban ver una dentadura perfecta, enfundada en su traje verde claro, era como la primavera encarnada. Comencé a caminar hacia ella, olvidando por completo que debía buscar una rosa roja en su pelo. Al acercarme, una pequeña y provocativa sonrisa curvo sus labios.
-¿Hola soldado?- murmuro.
Casi incontrolablemente, di un paso para seguirla y en ese momento vi a Ana Schumm. Estaba parada casi detrás de la chica. Era una mujer de más de cincuenta años, con cabello entrecano que asomaba bajo un sombrero gastado. Era bastante rellenita y sus pies, anchos como sus tobillos, lucían unos zapatos de tacón bajo.
La chica del traje verde se alejaba rápidamente. Me sentí como partido en dos, tan vivo era mi deseo de seguirla y, sin embargo, tan profundo era mi anhelo por conocer a la mujer cuyo espíritu me había acompañado tan sinceramente y que se confundía con el mío. Y ahí estaba ella. Su faz pálida y regordeta era dulce e inteligente, y sus ojos grises tenían un destello cálido y amable. No dude más. Mis dedos se apoyaron en las tapas gastadas de color azul del pequeño libro que haría que ella me identificara.
Esto no seria amor, pero seria algo lindo, algo quizás aun mejor que el amor: una amistad por la cual yo estaba y debía estar siempre agradecido. La salude y le extendí el libro a la mujer, a pesar de que sentía que, al hablar, me ahogaba la amargura de mi desencanto.
-Soy Norberto, y usted debe ser Ana Schumm. Estoy muy contento de que pudiera venir a nuestra cita. ¿Puedo invitarla a cenar?...
La cara de la mujer se ensancho con una sonrisa tolerante.
-No se de que se trata todo esto, muchacho –respondió- pero la señorita del traje verde que acaba de pasar me suplico que pusiera esta rosa en mi pelo. Y me pidió que si usted me invitaba a cenar, por favor le dijera que ella lo esta esperando en el restaurante que esta cruzando la calle.
Dijo que era algo así como una prueba.
No es difícil entender y admirar la sabiduría de Ana Schumm. La verdadera naturaleza del corazón se descubre en su respuesta a lo que no es atractivo. "Dime a quien amas, y te diré quien eres."
Me levante del banco, estire la chaqueta de mi uniforme de soldado y estudie a la muchedumbre que hormigueaba en el Centro Cívico de Bariloche observando el mejor ángulo para la foto. Buscaba a la chica cuyo corazón conocía, pero cuya cara no había visto jamás, la chica con una rosa en el pelo. Mi interés en ella había empezado trece meses antes en una biblioteca de Bariloche. Al tomar un libro de un estante, me sentí intrigado, no por las palabras del libro, sino por las notas escritas a lápiz en el margen.
Uno escuchó muchas veces anécdotas de la colimba y seguramente muy pocas tienen que ver con mujeres, normalmente uno se acuerda de aquel cabo o sargento que nos pegara un buen baile por dormir en la guardia o por no hacer como corresponde el cuerpo a tierra sobre el barro que deja la nieve.
Recuerdo haber estado tres días en el calabozo de la guardia por quedarme a pasar el primero de año en Las Grutas, pero la playa estaba hermosa y el sol doraba mi piel mientras hacia fiaca panza arriba y miraba las minas que pasaban, unas mas buenas que otras, cruzaba seriamente por mi mente la posibilidad de hacerme desertor.
De todos modos no me quejo, pasaron muchas cosas interesantes en ese año.
Mi carácter extrovertido y calentón siempre me destaco del resto de la tropa, eso me trajo algunos bailes extras y algunos beneficios. Al poco tiempo de haber terminado la instrucción en el campo y habernos instalado en el cuartel, me designaron presidente del club de soldados. De nuestro magro, casi ridículo, sueldo de soldado, nos descontaban unas chirolas para el club. Con eso había que comprar desde pelotitas de ping pong hasta algunos libros, que servían en los momentos de ocio. Mi antecesor en el cargo, un colimba de la 59, se destaco por ser muy conservador y cuando me hice cargo del inventario me encontré con unos cuantos mangos depositados en caja de ahorro en un banco de la ciudad.
Hice una lista de las cosas que hacían falta en el club y el resto decidí invertirlo en algunos libros. Mientras seleccionaba los que pudieran ser de interés me detuve en uno que llamo mi atención por aquellas notas en lápiz. La suave letra reflejaba un alma pensativa y una mente lucida. En la primera pagina del libro, descubrí el nombre de la antigua propietaria del libro, Ana Schumm. Invirtiendo tiempo y esfuerzo, conseguí su dirección.
Ella vivía en Buenos Aires. Le escribí una carta presentándome e invitándola a cartearnos, hoy le hubiera pedido el msn o el celu, pero tengan en cuenta que esto fue en la prehistoria, recuerdo haberme sorprendido con un radiograbador, imagínate, dos en uno, increíble proeza de la tecnología.
Durante el año y el mes que siguieron, ambos llegamos a conocernos a través de la correspondencia. Cada carta era una semilla que caía en un corazón fértil; un romance comenzaba a nacer. Le pedí una fotografía, pero ella se rehusó.
Ella pensaba que si realmente estaba interesado en ella, su apariencia no debía importarme.
Yo la imaginaba de distintas maneras, según las cartas que me escribiera y pensaba si algún día la conocería en persona. Seguramente hoy pasan estas situaciones con aquellas personas que se conocen en un chat del Internet. Pero en esos tiempos todo era mas lento, tan lento como el correo, la vida era mas lenta, quizás por eso se tienen mas recuerdos, hoy todo es tan rápido y efímero como el amor mismo. Te ibas a la cama con alguien después de meses de haberte conocido y hoy se van a la cama a conocerse. Algunas veces escuchas que tuvieron sexo pero no daba para preguntarle el apellido.
Cuando finalmente llego el día en que me daban la baja, fijamos nuestra primera cita a las siete de la tarde en el Centro Cívico de Bariloche.
Ella escribió: "Me reconocerás por la rosa roja que llevare puesta en el pelo." Así que a las siete en punto, estaba en el Centro, buscando a la chica cuyo corazón amaba, pero cuya cara desconocía.
Una joven venia hacia mi, y su figura era larga y delgada. Su cabello rubio caía hacia atrás en rizos dorados; sus ojos eran tan azules como flores. Sus labios carnosos y rosados, dejaban ver una dentadura perfecta, enfundada en su traje verde claro, era como la primavera encarnada. Comencé a caminar hacia ella, olvidando por completo que debía buscar una rosa roja en su pelo. Al acercarme, una pequeña y provocativa sonrisa curvo sus labios.
-¿Hola soldado?- murmuro.
Casi incontrolablemente, di un paso para seguirla y en ese momento vi a Ana Schumm. Estaba parada casi detrás de la chica. Era una mujer de más de cincuenta años, con cabello entrecano que asomaba bajo un sombrero gastado. Era bastante rellenita y sus pies, anchos como sus tobillos, lucían unos zapatos de tacón bajo.
La chica del traje verde se alejaba rápidamente. Me sentí como partido en dos, tan vivo era mi deseo de seguirla y, sin embargo, tan profundo era mi anhelo por conocer a la mujer cuyo espíritu me había acompañado tan sinceramente y que se confundía con el mío. Y ahí estaba ella. Su faz pálida y regordeta era dulce e inteligente, y sus ojos grises tenían un destello cálido y amable. No dude más. Mis dedos se apoyaron en las tapas gastadas de color azul del pequeño libro que haría que ella me identificara.
Esto no seria amor, pero seria algo lindo, algo quizás aun mejor que el amor: una amistad por la cual yo estaba y debía estar siempre agradecido. La salude y le extendí el libro a la mujer, a pesar de que sentía que, al hablar, me ahogaba la amargura de mi desencanto.
-Soy Norberto, y usted debe ser Ana Schumm. Estoy muy contento de que pudiera venir a nuestra cita. ¿Puedo invitarla a cenar?...
La cara de la mujer se ensancho con una sonrisa tolerante.
-No se de que se trata todo esto, muchacho –respondió- pero la señorita del traje verde que acaba de pasar me suplico que pusiera esta rosa en mi pelo. Y me pidió que si usted me invitaba a cenar, por favor le dijera que ella lo esta esperando en el restaurante que esta cruzando la calle.
Dijo que era algo así como una prueba.
No es difícil entender y admirar la sabiduría de Ana Schumm. La verdadera naturaleza del corazón se descubre en su respuesta a lo que no es atractivo. "Dime a quien amas, y te diré quien eres."
miércoles, 28 de octubre de 2009
Carta de una madre a su hijo.
Desde que se empezaron a conocer mis escritos, a muchos vecinos y amigos, les ha entrado el deseo de que se conozcan sus historias también. Algunos me cuentan episodios realmente increíbles y es verdad que la ficción jamás podrá superar a la realidad. Uno puede tener una brillante imaginación, pero les aseguro, al menos en mi pueblo, hemos superado lo imposible.
Hace un tiempo me encontré con un amigo de la infancia, que por motivos de trabajo se fue de Beltrán, en principio me agradeció por hacerle recordar su infancia y después me dio una carta que recibiera de su madre, como para que yo escribiera una historia. Después de haberla leído creo que hay cosas que no deben modificarse, porque son obras de arte y si las retocas es muy posible que la estropees. Me limito entonces a transcribírselas para que la disfruten.
Querido hijo:
Te pongo estas líneas para que sepas que te escribo. Así que si recibes esta carta es porque te llegó, si no, avísame y te la mando de nuevo. Te escribo despacio porque sé que no puedes leer de prisa.
De todos modos te cuento que nos han cortado el te, pero tu padre recién fue hasta la casa del vecino para llamarte desde allí, pero no te preocupes porque llevo nuestro aparato para que no gaste.
El otro día tu padre leyó que según las encuestas, la mayoría de los accidentes ocurren a un kilómetro de casa, así que nos hemos mudado más lejos. La casa es preciosa; tiene hasta una lavadora que no estoy segura si funciona o no. Ayer metí ropa, tiré de la cadena y no he vuelto a ver la ropa desde entonces, pero bueno.
El tiempo aquí no es tan malo; la semana pasada sólo llovió 2 veces.. La primera vez por 3 días y la segunda por 4.
Con respecto a la chaqueta que querías, tu tío Pepe dijo que si la mandábamos con los botones puestos pesaría demasiado y el envío sería muy caro, así que le quitamos los botones y los pusimos en el bolsillo.
El médico vino a la casa para ver si estábamos bien y me puso un tubito de vidrio en la boca. Me dijo que no la abriera por 10 minutos y tu padre se ofreció a comprarle el tubito. Hablando de tu padre, qué orgullo, te cuento que tiene nuevo trabajo con cerca de 1000 personas a cargo. Lo han ocupado de sereno en el cementerio del pueblo.
Tu hermana Julia, la que se casó con su marido, por fin dio a luz, pero como todavía no sé de qué sexo es, no te sé decir si eres tío o tía. Si el bebé es una niña, tu hermana va a nombrarla como yo. Se nos va a hacer muy rarollamar a su hija 'Mamá'.
Tu padre le preguntó a tu hermana Pilar que si estaba embarazada, ella le dijo que sí, de 5 meses ya; pero ahí tu padre le preguntó que si ella estaba segura que era de ella.. La Pilarica dijo que sí. Moza de hierro tu hermana Pilar, qué orgullo, de tal palo tal astilla.
No sabes lo contento que esta desde que tenemos en la Asociación Española, nuestro propio Circulo Italiano.
Por cierto, que tu primo Paco se casó y resulta que le reza todas las noches a la esposa, porque es virgen.
No se si sabias que tu padrino se ahogó en la cooperativa de vino en un tanque de Reserva Choele Choel, varios hombres trataron de salvarlo, pero él luchó valientemente contra ellos. Tardaron 3 días en apagar el fuego cuando lo cremamos.
Debo decirte que el tío Noé esta cada día mas bruto, lo encontré el otro día y le pregunte como anda eso y de muy mala manera me respondió que no sabe, que el vende YPF
A quien nunca hemos visto más por aquí es al tío Venancio, el que murió el año pasado.
Y tu hermano Juancho no puede ser mas despistado… Cerró el coche y dejó las llaves adentro cuando lo acompañe a comprar una batería porque le dijeron que tenía que traer la vieja. Tuvo que ir hasta la casa a buscar el duplicado para poder sacarme de adentro del auto.
Todos te extrañamos mucho, pero mucho más desde que te fuiste. Tienes que escribirnos contándonos que tal te va con tu nueva novia extranjera, no sabes como nos pusimos de contentos cuando nos dijiste que estabas en la cama con Hepatitis, ¿es acaso griega? pues no nos lo aclaraste aún.
Bueno mi hijo, no te pongo mi dirección en la carta, porque no la sé. Resulta que la última familia gallega que vivió por aquí se llevó los números para no tener que cambiar de domicilio.
Esta carta te la mando por Manolo que va mañana por allí. A propósito, ¿puedes ir a buscarlo a la terminal?
Si ves a Doña Remedios, dale saludos de mi parte; si no la ves, no le digas nada.
Tu madre que te quiere.
Isabel Martines de Hernández
P.D. Te iba a mandar 100 pesos, pero ya he cerrado el sobre.
Hace un tiempo me encontré con un amigo de la infancia, que por motivos de trabajo se fue de Beltrán, en principio me agradeció por hacerle recordar su infancia y después me dio una carta que recibiera de su madre, como para que yo escribiera una historia. Después de haberla leído creo que hay cosas que no deben modificarse, porque son obras de arte y si las retocas es muy posible que la estropees. Me limito entonces a transcribírselas para que la disfruten.
Querido hijo:
Te pongo estas líneas para que sepas que te escribo. Así que si recibes esta carta es porque te llegó, si no, avísame y te la mando de nuevo. Te escribo despacio porque sé que no puedes leer de prisa.
De todos modos te cuento que nos han cortado el te, pero tu padre recién fue hasta la casa del vecino para llamarte desde allí, pero no te preocupes porque llevo nuestro aparato para que no gaste.
El otro día tu padre leyó que según las encuestas, la mayoría de los accidentes ocurren a un kilómetro de casa, así que nos hemos mudado más lejos. La casa es preciosa; tiene hasta una lavadora que no estoy segura si funciona o no. Ayer metí ropa, tiré de la cadena y no he vuelto a ver la ropa desde entonces, pero bueno.
El tiempo aquí no es tan malo; la semana pasada sólo llovió 2 veces.. La primera vez por 3 días y la segunda por 4.
Con respecto a la chaqueta que querías, tu tío Pepe dijo que si la mandábamos con los botones puestos pesaría demasiado y el envío sería muy caro, así que le quitamos los botones y los pusimos en el bolsillo.
El médico vino a la casa para ver si estábamos bien y me puso un tubito de vidrio en la boca. Me dijo que no la abriera por 10 minutos y tu padre se ofreció a comprarle el tubito. Hablando de tu padre, qué orgullo, te cuento que tiene nuevo trabajo con cerca de 1000 personas a cargo. Lo han ocupado de sereno en el cementerio del pueblo.
Tu hermana Julia, la que se casó con su marido, por fin dio a luz, pero como todavía no sé de qué sexo es, no te sé decir si eres tío o tía. Si el bebé es una niña, tu hermana va a nombrarla como yo. Se nos va a hacer muy rarollamar a su hija 'Mamá'.
Tu padre le preguntó a tu hermana Pilar que si estaba embarazada, ella le dijo que sí, de 5 meses ya; pero ahí tu padre le preguntó que si ella estaba segura que era de ella.. La Pilarica dijo que sí. Moza de hierro tu hermana Pilar, qué orgullo, de tal palo tal astilla.
No sabes lo contento que esta desde que tenemos en la Asociación Española, nuestro propio Circulo Italiano.
Por cierto, que tu primo Paco se casó y resulta que le reza todas las noches a la esposa, porque es virgen.
No se si sabias que tu padrino se ahogó en la cooperativa de vino en un tanque de Reserva Choele Choel, varios hombres trataron de salvarlo, pero él luchó valientemente contra ellos. Tardaron 3 días en apagar el fuego cuando lo cremamos.
Debo decirte que el tío Noé esta cada día mas bruto, lo encontré el otro día y le pregunte como anda eso y de muy mala manera me respondió que no sabe, que el vende YPF
A quien nunca hemos visto más por aquí es al tío Venancio, el que murió el año pasado.
Y tu hermano Juancho no puede ser mas despistado… Cerró el coche y dejó las llaves adentro cuando lo acompañe a comprar una batería porque le dijeron que tenía que traer la vieja. Tuvo que ir hasta la casa a buscar el duplicado para poder sacarme de adentro del auto.
Todos te extrañamos mucho, pero mucho más desde que te fuiste. Tienes que escribirnos contándonos que tal te va con tu nueva novia extranjera, no sabes como nos pusimos de contentos cuando nos dijiste que estabas en la cama con Hepatitis, ¿es acaso griega? pues no nos lo aclaraste aún.
Bueno mi hijo, no te pongo mi dirección en la carta, porque no la sé. Resulta que la última familia gallega que vivió por aquí se llevó los números para no tener que cambiar de domicilio.
Esta carta te la mando por Manolo que va mañana por allí. A propósito, ¿puedes ir a buscarlo a la terminal?
Si ves a Doña Remedios, dale saludos de mi parte; si no la ves, no le digas nada.
Tu madre que te quiere.
Isabel Martines de Hernández
P.D. Te iba a mandar 100 pesos, pero ya he cerrado el sobre.
domingo, 4 de octubre de 2009
Cuando apagas mas de 40 velitas.
Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.
No hace tanto mi mujer lavaba los pañales de los chicos. Los colgaba en el tendal junto a otra ropita; los planchaba, los doblaba y los preparaba para que los volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas tengan sus propios hijos se encargaran de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales). ¡Se entregaron con patas y todo a los desechables!
Si, ya sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así andamos aun por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores. Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban como podían con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad.
¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por donde se entra.
Lo más probable es que lo de ahora está bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.
¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo los envases de tergopor del helado para guardar cositas! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!
Es que vengo de un tiempo en que las cosas se compraban para toda la vida.
¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza. Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.
¡Nos están fastidiando!¡¡Yo los descubrí. Lo hacen a propósito!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.
¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las Nike?
¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa?
¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?
¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se desecha y mientras tanto producimos más y más basura.
El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.
El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era chico por mi casa no pasaba el basurero!!¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de 50 años! .Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los chanchos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII). No existía el plástico ni el nylon.
La goma solo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan. Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban.
De por ahí vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el "guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo" pasarse al "compre y tire que ya se viene el modelo nuevo".
Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y la misma camioneta.
Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.
Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?
¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con que se consiguieron?
En casa tenemos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón es para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardamos...
¡¡Como guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡Guardábamos las chapitas de las gaseosas! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela.
¡Tooodo guardábamos!
Las cosas que usábamos: camisas de faroles, ruleros, jeringas y agujas. Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carretéeles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón. Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar.
Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón.
Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor. Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables.
Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del pateé de foad, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que una rosa.
Las cosas no eran desechables. Eran guardables.
¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver!!. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne! Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos.
Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con que intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía "este es un 4 de bastos".Los cajones guardaban pedazos izquierdos de perchas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una percha.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden "matarlos" apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada. Ni a Walt Disney.
Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: "Cómase el helado y después tire la copita", nosotros dijimos que sí, pero, ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas.
Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, los pistones del jeep en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella. Y me muerdo para no comparar valores que se desechan y los que preservábamos. Ah ¡ No lo voy a hacer!
Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable. Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.
Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer.
No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los viejos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.
Esto sólo es un comentario que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva.
Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la bruja me gane de mano y sea yo el entregado.
No hace tanto mi mujer lavaba los pañales de los chicos. Los colgaba en el tendal junto a otra ropita; los planchaba, los doblaba y los preparaba para que los volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas tengan sus propios hijos se encargaran de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales). ¡Se entregaron con patas y todo a los desechables!
Si, ya sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así andamos aun por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores. Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban como podían con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad.
¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por donde se entra.
Lo más probable es que lo de ahora está bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.
¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo los envases de tergopor del helado para guardar cositas! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!
Es que vengo de un tiempo en que las cosas se compraban para toda la vida.
¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza. Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.
¡Nos están fastidiando!¡¡Yo los descubrí. Lo hacen a propósito!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.
¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las Nike?
¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa?
¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?
¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se desecha y mientras tanto producimos más y más basura.
El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.
El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era chico por mi casa no pasaba el basurero!!¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de 50 años! .Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los chanchos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII). No existía el plástico ni el nylon.
La goma solo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan. Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban.
De por ahí vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el "guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo" pasarse al "compre y tire que ya se viene el modelo nuevo".
Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y la misma camioneta.
Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.
Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?
¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con que se consiguieron?
En casa tenemos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón es para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardamos...
¡¡Como guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡Guardábamos las chapitas de las gaseosas! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela.
¡Tooodo guardábamos!
Las cosas que usábamos: camisas de faroles, ruleros, jeringas y agujas. Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carretéeles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón. Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar.
Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón.
Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor. Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables.
Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del pateé de foad, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que una rosa.
Las cosas no eran desechables. Eran guardables.
¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver!!. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne! Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos.
Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con que intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía "este es un 4 de bastos".Los cajones guardaban pedazos izquierdos de perchas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una percha.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden "matarlos" apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada. Ni a Walt Disney.
Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: "Cómase el helado y después tire la copita", nosotros dijimos que sí, pero, ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas.
Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, los pistones del jeep en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella. Y me muerdo para no comparar valores que se desechan y los que preservábamos. Ah ¡ No lo voy a hacer!
Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable. Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.
Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer.
No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los viejos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.
Esto sólo es un comentario que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva.
Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la bruja me gane de mano y sea yo el entregado.
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