jueves, 22 de julio de 2010

PASION DE JUEVES POR LA NOCHE.

En el patio de mi casa tengo una cancha de fútbol, a un costado esta la pileta y al otro una calle por la que de vez en cuando pasa un auto. Un alambrado de cinco hilos separa el terreno del descampado del fondo, allí se ubica siempre un viejo del barrio. Lo vi una noche de mucho frio y me llamo la atención el interés de ver esos partidos de fútbol entre equipos de barrio, que movilizaba a ese viejo a sentarse en sus talones con su gorra con orejeras y el sobretodo con la solapa levantada abrochado hasta el cuello. Seguramente es jubilado, no tendrá nada que hacer y se acerca cada vez que juegan los muchachos. Primero pensamos que sería casualidad, pero al tercer jueves en que lo vieron detrás del alambrado ya pasaron a considerarlo hinchada propia. Porque el viejo bien podría ver los otros partidos que se juegan casi todos los días, pero se queda allí, con los brazos cruzados, observándolos a ellos.
Es el único hincha legítimo que tienen, al margen de algunos pibes chicos del barrio que corren a buscar la pelota cuando el Seba tiene un ataque Palermista y la tira a la mierda.
--Ojo con la pileta y la calle – les advierto siempre.
--No te preocupes… ya conocemos el paño –me tranquilizan-. Y es verdad, andan todo el día vagueando por la zona.
--¿No vino la hinchada? Preguntan todos al llegar nomás, buscando al viejo. ¿No vino la barra brava?
Y se ríen. Pero el viejo no falta desde hace varios jueves, firme detrás del alambrado, casi elegante, con un cierto refinamiento en su postura, alternando las manos en el alambre para mantener el equilibrio mientras la otra se refugia en el bolsillo del saco. Nadie lo conocía, no era amigo de ninguno de los muchachos.
--La vieja no lo debe soportar en la casa y lo manda para acá -bromeó alguno-.
--Por ahí es amigo del Norby —dijo otro. Pero saben que el viejo hincha para ellos de alguna manera, moderadamente, porque lo vieron aplaudir un par de partidos atrás, cuando le ganaron a los de Lucas Alegre.
Y ahí, detrás del alambrado fue a tirarse el Nico cuando decidió dejar su lugar al Lauti, que estaba de suplente, al sentir que no le darían las patas para trabajar en la Cope al día siguiente. Casi las doce de la noche y el viejo ahí, fiel, a unos metros, mirando el partido. Cuando el Lauti entró a la cancha, casi a desgano, aprovechando para desperezarse, levanto el brazo avisando que entraba, el Nico se derrumbo cerca del viejo pero de este lado del alambre, el viejo no había cruzado jamás una palabra con nadie del equipo.
El Nico pudo apreciar entonces que tendría unos setenta años, era flaquito, bastante alto, pulcro y con sombra de barba. En una mano tenía una pequeña radio y en la otra mano sostenía un cigarrillo con plácida distinción sujetándose del alambre.
--¿Está escuchando a Camoi, maestro? —medio le gritó el Nico cuando recuperó el aliento, pero siempre recostado en el piso. El viejo giró para mirarlo. Negó con la cabeza y se quitó el auricular de la oreja.
No sonrio y pareció que la cosa quedaba ahí. El viejo volvió a mirar el partido, que estaba áspero y empatado.
--Música- dijo después, mirándolo de nuevo.
--Algún tanguito? —probó el Nico.
--Un concierto. Hay un buen programa de música clásica a esta hora.
El Nico frunció el entrecejo. Ya tenía una buena anécdota para contarles a los muchachos y la cosa venía lo suficientemente interesante como para continuarla. Se levantó resoplando, se bajó las medias y caminó despacio hasta pararse al lado del viejo.
--Pero le gusta el fútbol —le dijo—. Por lo que veo.
El viejo aprobó enérgicamente con la cabeza, sin dejar de mirar el curso de la pelota, que iba y venía por el aire, rabiosa.
--Lo he jugado. Y, además, está muy emparentado con el arte —dictaminó después—. Muy emparentado.
El Nico lo miró, curioso. Sabía que seguiría hablando, y esperó.
--Mire usted nuestro arquero -efectivamente el viejo señaló a El Guille, que estudiaba el partido desde su arco, las manos en la cintura, todo un costado de la camiseta cubierto de tierra-. La continuidad de la nariz con la frente. La expansión pectoral. La curvatura de las nalgas. La tensión en los abdominales… -se quedó un momento en silencio, como para que el Nico apreciara aquello que él le mostraba-. Bueno.... Eso, eso es la escultura...
El Nico adelantó la mandíbula y osciló levemente la cabeza, aprobando dubitativo.
--Vea usted -el viejo señaló ahora hacia el arco contrario, al que estaba por llegar un córner- el relumbrón intenso de las camisetas nuestras, amarillo furioso y una mancha naranja por el sudor. El contraste con el rojo y blanco de las camisetas rivales, el verde del pasto con el brillo del rocío. El contraste de las luces y las sombras del patio. Entrecierre los ojos y aprécielo así.... Bueno.... Eso, eso es la pintura.
Aún estaba el Nico con los ojos entrecerrados cuando al viejo agregó.
--Observe, observe usted esa carrera intensa entre el delantero de ellos y el defensor nuestro. El salto al unísono, el giro en el aire, la voltereta elástica, el braceo amplio en busca del equilibrio.... Bueno.... Eso, eso es la danza....
El Nico procuraba estimular sus sentidos, pero sólo veía que los rivales se venían con todo, porfiados, y que la pelota no se alejaba del área defendida por el Guille.
--Y escuche usted, escuche usted.... —lo acicateó el viejo, curvando con una mano el pabellón de la misma oreja donde había tenido el auricular de la radio y entusiasmado tal vez al encontrar, por fin, un interlocutor válido—.... la percusión grave de la pelota cuando bota contra el piso, el chasquido de la suela de los botines sobre el césped, el fuelle de la respiración agitada, el coro desparejo de los gritos, las órdenes, los alertas, los insultos de los muchachos.... Bueno.... Eso, eso es la música....
El Nico asintió con la cabeza. Los muchachos no iban a creerle cuando él les contara aquella charla insólita con el viejo, luego del partido, si es que les quedaba algo de ánimo, porque la derrota estaba al caer sobre ellos como un ave oscura e implacable.
--Y vea usted a ese delantero.... -señaló ahora el viejo a Lucas Alegre, casi metiéndose en la cancha, algo más alterado-.... ese delantero de ellos que se revuelca por el suelo como si lo hubiese picado una tarántula, moviendo exageradamente los cabellos, distorsionando el rostro, bramando falsamente de dolor, reclamando picarescamente justicia.... Bueno.... Eso, eso es el teatro.
El Nico se tomó la cabeza.
--¿Qué cobró? —balbuceó indignado.
--¿Cobró penal? —abrió los ojos el viejo, incrédulo. Dio un paso al frente, trepándose apenas al alambre-. ¿Qué cobrás? -gritó después, desaforado-. ¿Qué cobrás la reputísima madre que te parió?
El Nico lo miró atónito. Ante el grito del viejo parecía haberse olvidado repentinamente del penal injusto, de la derrota inminente y del mismo frio de la noche. El viejo estaba lívido mirando al área, pero enseguida se volvió hacia el Nico tratando de recomponerse, algo confuso, incómodo.
--... ¿Y eso? -se atrevió a preguntarle el Nico, señalándolo.
--Y eso.... -vaciló el viejo, acomodandose levemente la gorra-...Eso es el fútbol.

sábado, 7 de noviembre de 2009

REGALO DE CUMPLEAÑOS PARA MI HIJA.

Solo cosas buenas tengo que agradecerte como padre.. Te quiero con todo el corazón.. y te deseo solo buenas cosas para hoy y siempre..
Debes saber que seguiremos juntos el camino, vos un poco delante mió. Pero sabes que siempre estaré cerca por si me necesitas.
Que el camino salga a tu encuentro.
Que el viento siempre esté detrás tuyo y la lluvia caiga suave sobre tus campos.
Que vivas por el tiempo que vos quieras, y que siempre quieras vivir plena y apasionadamente.
Recuerda siempre olvidar las cosas que te entristecieron, pero nunca olvides recordar aquellas que te alegraron.
Que el día más triste de tu futuro no sea peor que el día más feliz de tu pasado.
Recuerda siempre olvidar a los amigos que resultaron falsos, pero nunca olvides recordar a aquellos que permanecieron fieles.
Recuerda siempre olvidar los problemas que ya pasaron, pero nunca olvides recordar las bendiciones de cada día.
Que nunca se caiga el techo encima tuyo y que los amigos reunidos debajo de él nunca se vayan.
Que siempre tengas palabras cálidas en un anochecer frío, una luna llena en una noche oscura, y que el camino siempre se abra en tu puerta.
Que vivas cien años, con un año extra para arrepentirte.
Que tus bolsillos estén pesados y tu corazón ligero.
Que la buena suerte te persiga, y cada día y cada noche tengas muros contra el viento, un techo para la lluvia, bebidas junto al fuego, risas para que te consuelen de aquellos a quienes amas, y que se colme tu corazón con todo lo que desees.
Que veas a los hijos de tus hijos, que el infortunio te sea breve y te deje rica en conocimientos.
Que no conozcas nada más que la felicidad.
Te reconozco como una persona alegre –o sea, naturalmente dotada de buenas ondas- y considero que nadie puede reprocharte amarretismo, debes saber que te bastará proponértelo para que tu alegría se reproduzca en otras personas.
Donar alegría es uno de los más baratos gestos de generosidad, pero, aun así, se trata de una actitud humanamente rara, con muy pocos cultores. La alegría es contagiosa, se reproduce de la nada y no hay individuo que se haya visto privado de ella por el hecho de haberla despilfarrado. En serio, vos podes comprobar que cuanta más alegría despilfarres, más rápido ha de incrementarse tu capital de buenas ondas.
Desde luego, la alegría de buena calidad es difícil de conseguir, tal vez porque eso de regalarla sin esperar recompensa sólo está en la mente y en la naturaleza de seres humanos como vos, bastante raros. El mercado pone a disposición de los consumidores toda clase de alegrías de rezago, gruesas y chapuceras, pero las que verdaderamente halagan el espíritu suelen escasear tanto como cualquiera de los sentimientos importantes.
Declárate desconfiada de las personas apasionadamente inclinadas a la amargura.
La distribución de alegrías de buena leche es escasa por distintas razones: porque no se cultivan y porque, a diferencia de las tristezas, no tienen prestigio ni ratings. Ningún artista o escritor que ha inspirado sonrisas mereció la fama de los que hicieron sufrir o llorar, y ningún político alcanzo alguna cumbre sin apelar al ceño fruncido, al discurso duro y al dedo acusador siempre apuntando.
Es lamentable, pero también la angustia es contagiosa. Y, debe uno reconocerlo, sabe ingeniárselas para cosechar socios y simpatizantes.
Debes saber que compartir un dolor es dividirlo y compartir una alegría es multiplicarla. Olvidar cosas malas, también es tener buena memoria.
La mayor parte de las veces recibiremos de las otras personas lo que les damos y por eso debes tener cuidado. Recuerda siempre que sembrar es opcional, pero la cosecha es obligatoria, por eso debes tener cuidado con lo que siembras.
Me he propuesto ser feliz, porque se que no hay nada mejor para los hijos que recordar padres felices.
En cuanto a las decisiones que vas a tomar, debes saber que el que no está dispuesto a perderlo todo, no está preparado para ganar.
La pobreza no es una virtud, salvo que favorezca tu libertad. El conquistador por cuidar su conquista, se convierte en esclavo de lo que conquistó. Es decir, que jodiendo se jodió.
Espero haberte enseñado que la vida es el presente, por eso siempre te exijo que seas feliz hoy.
Pero no hay que ser pobre para alegrar al Barba, porque él no tiene problemas sociales. Por eso el sol y la lluvia son para todos. Dichoso el que no cambia el sueño de su vida por el pan de cada día.
Lo mejor de uno son los otros. Esa gente que le pone alas a nuestra vida, imagen, que te transforma en lo que somos, inmensamente ricos, en la condición que sea y donde sea. Siempre, con lo que tengas, se puede, se debe empezar de nuevo. Tenemos el deber de ser felices.
El Barba no nos va a preguntar que hicimos con la guita, sino qué hicimos con la alegría, inevitable para vivir. La vida es hambre o comilona. Vos elegís.

Querida hija mía, ojala mis viejos me hubieran regalado el día de mi cumpleaños, un día de sus vidas, espero que lo hayas disfrutado tanto como yo lo hice, me siento orgulloso de quien sos.
Te quiero mucho.Tu Padre.

sábado, 31 de octubre de 2009

El Carnet Vencido.

Mi hijo Toni estaba viajando desde Bahía Blanca y me pidió que lo fuera a buscar a la terminal de Choele Choel, distante unos diez kilómetros de mi pueblo.
Como a las 20 hs, monte en mi chiva vieja y salí. Ya llegando a Choele, a la altura de la calle Avellaneda por la ruta 250, me detiene un control policial en operativo. Se acerca un uniformado y me solicita la licencia de conducir y la documentación del vehiculo, llámese Tarjeta Verde.
Se lo entrego y me comunica que se encuentra vencido el carnet desde el 16 de noviembre del año pasado, es decir, que no tenia carnet, según me dijo el policía actuante, porque tener el carnet vencido equivale a no tenerlo.
La verdad no me había percatado del detalle por varios motivos. En principio se podría decir que soy de poco salir y luego cuando lo hago, lo mas lejos que voy es hasta Choele por algún tramite o como en esta oportunidad, a dejar o buscar a mis hijos en la terminal y este tipo de operativos son bastante esporádicos y mas de una vez no me detienen por ser un viejo conocido de la zona.
Lamentando el incidente, le solicito que me haga la correspondiente infracción, reconociendo que el carnet estaba vencido y de esa manera poder continuar con mi cometido de buscar a mi hijo a la terminal.
Fue entonces cuando el policía me dice que debo ir hasta el destacamento que se encuentra vecino a la Sociedad Rural a unos cinco kilómetros de donde nos encontrábamos. Inmediatamente le dije que si, que pasaba por la terminal a buscar a mi hijo y de allí al destacamento. Dijo que no había ningún problema, y arranco.
Un patrullero me sigue, y pienso que casualmente iba para el mismo lugar que yo, llegando a la terminal enciende la sirena y veo que por la Calle Kennedy, venían dos patrulleros más y una moto patrulla, todos con sus respectivas sirenas y luces encendidas. Ingreso a la playa de estacionamiento de la terminal y veo con asombro que todo ese despliegue policial también ingresa detrás. Estaciono y me bajo tratando de ver que es lo que estaba pasando porque no es muy común, digamos mas bien extraordinario, que se produzca una persecución policial de tal envergadura en la zona.
Es entonces cuando me sorprendo rodeado de al menos tres patrulleros y una motocicleta sumando en total unos ocho policías uniformados, armados y mostrando una hostilidad insospechada hacia mi persona.
Pregunto que paso, que fue lo grave de mis actos?.
A lo que me responden que estaba incurriendo en una resistencia y desobediencia a la autoridad, y me mencionan el Art. 239 del código penal, que por mi ignorancia desconocía, aunque es deber de cada ciudadano conocer cada uno y recordar de memoria los artículos del código penal.
Explico la situación y les digo que ni bien pueda encontrarme con mi hijo me presentaría en el destacamento sin ningún problema, ratificando mi identificación y mi domicilio, como para que no pensaran que era mi intención fugarme en una Chevrolet 89 mas conocida que la ruda, para nunca mas ser visto por la zona. En ese momento por medios radiales se comunican con el jefe del operativo quien llega al lugar en otro patrullero con tres policías más a bordo.
Yo me sentía como en Expreso de medianoche, un traficante de drogas, un asesino, un ladrón, pero en realidad estaba tranquilo porque sabía que mi falta se limitaba a tener el carnet vencido. El jefe del operativo entiende la situación y me permite esperar el arribo del micro pero con la custodia de dos policías. Yo voy hacia los andenes, entre al menos un centenar de personas sorprendidas y asustadas por el operativo al mejor estilo Hollywood, y averiguo que el micro llega en unos diez minutos. Vuelvo y les comunico a mis custodios policiales que me demoraría ese tiempo porque era lo que el micro tardaría.
Es entonces cuando uno de ellos me increpa diciendo a viva voz que me estaba declarando en rebeldía por lo que debía llamar nuevamente pero esta vez al jefe del destacamento quien vendría en persona para que yo le explique porque aun no iba a concurrir al destacamento.
Mientras lo espero decido tomar un café en la confitería de la Terminal y me hubico en una mesa en el interior de la misma. A los pocos minutos veo que un gran despliegue policial se esta produciendo en la puerta, donde ahora si, un gran numero de policías se mezclaban con la gente esperando mi resistencia porque tenía el carnet vencido. Un oficial se acerca a la mesa donde tomaba mi café y le pregunto si todo ese operativo era por mi falta gravísima de tener el carnet vencido.
-Me va tener que acompañar- dijo con tono autoritario el gorrudo.
Y salgo con él de la confitería donde inmediatamente me rodean al menos seis uniformados y camino entre ellos hacia la playa de estacionamiento. Nuevamente me ordenan que en forma inmediata debo ir al destacamento y les pregunto si no podíamos esperar a esta altura unos dos minutos mas para no desencontrarme con mi hijo. A lo que me respondió que no. Que ya mismo debía acompañarlo en calidad de detenido y ya sinceramente pensé en el valor que tiene el carnet de conductor vencido.
Pero accedí al pedido y me subí al patrullero y desde allí pude ver hacia la Terminal como la gente en gran numero presenciaba el espectáculo, de la detención del peligroso delincuente que había cometido el horrible crimen de no darse cuenta que tenia el carnet vencido.
Con las luces y las sirenas de dos patrulleros y una motocicleta soy llevado al destacamento donde me preguntan nuevamente mi nombre y apellido, domicilio y numero de documento. Grande fue mi sorpresa cuando escucho al oficial decir que iba a comunicar del acontecimiento al fiscal Flores con quien habla por te. Y aparentemente este le indica que se me notifique de mi procesamiento por el artículo mencionado.
En ese momento mi hijo era traído con su equipaje en el patrullero también al destacamento el que había sido notificado por dos policías, en cuanto bajó del micro, de que debía acompañarlos, todo esto frente a la misma cantidad de publico presente en la Terminal, entre los que, obviamente por ser una persona que ha vivido siempre en la zona, me conocen y también a mi hijo y que segura y tranquilamente pueden estar pensando en cualquier clase de delito grabe menos en que tenia el carnet vencido.
Así las cosas, me notifican del procesamiento y la causa penal que ahora me inician y que para retirar el vehiculo de la playa de estacionamiento de la Terminal tendría que buscar a alguien con el carnet en condiciones. En esto llega mi hijo…
-¿Que cagada te mandaste?- Preguntó.
- Se me venció el carnet.-
- ¿Y por eso todo este quilombo?
- Parece que es grave che. Me van a procesar-
- No jodas…
El oficial que escuchaba nuestra conversación comenzaba a llenársele de colores la cara.
- No te jodo. Se me venció el carnet y ahora tenemos que pedirle a alguien con uno en condiciones para que nos saque. Estamos los tres presos…
- ¿Quiénes tres?...
- Vos, yo y la chiva en la terminal… No la viste?
- Si, allá estaba, custodiada.
- Puedo usar el teléfono para llamar a alguien que nos venga a buscar?- Pregunte al colorido Oficial.
- No. No se puede usar el teléfono para cosas particulares.- Respondió el Oficial, con la vena yugular que le explotaba en el cuello.
Por suerte mi hijo tenía un celular y llamamos a un amigo de Luis Beltrán para que nos vaya a rescatar del mal trance. Si no hubiera contado con un celular seguramente aun estaríamos caminando por las instalaciones de la rural para ver si alguna vaca tenía el carnet actualizado. En conclusión después de dos horas de idas y venidas podemos recuperar la libertad… los tres.
Cuando llego a casa comienza a sonar el teléfono, muchos de mis amigos querían saber que era lo que me había pasado, con la lógica preocupación que produce este tipo de despliegues policiales y en el cual yo estaba involucrado, pero nadie sabía que se me había vencido el carnet. Agradecí la preocupación y lamente haberlos inquietado con mi carnet vencido.
Uno piensa… bueno, aquí termina la historia. Pero no. Error.
Como a los dos meses me citan a declarar en los tribunales penales.
Parece que la justicia también andaba sobrada de tiempo y personal y se dedicaron a investigar porque se me había vencido el carnet.
- ¿Sabe usted que esta procesado por infracción al artículo tal y tal del código penal, etc, etc. ¿Y que tiene derecho a que lo acompañe un abogado de su elección y si no tiene uno el estado se lo provee?...- Dijo la gordita que me atendió, disfrazada de abogada pero que apenas termino 5to, picoteando en una PC desvencijada por el traqueteo de tanto papel gastado al pedo.
- Yo no tengo recursos para un abogado que me defienda del carnet vencido.- Respondí- Así que nómbreme uno nomás…
- Bueno va a tener que ir a tal dirección en el segundo piso arriba del Banco Patagonia y pregunte por el Dr. Fulano de Tal que yo lo voy a llamar para que lo atienda.
A pata, el tipo salio pateando piedritas, o sea yo, a ver a mi abogado que no conocía, pero como era gratis, me causaba mucha gracia, con todo lo que he pagado de honorarios de estos cuervos por fin tenia uno gratis. Y andaba con tiempo para defenderme del carnet vencido.
Subí las escaleras y le di unos golpes a la puerta que me había indicado la gordita.
Me atiende la secretaria de la secretaria de mi abogado, que estaba para atender la puerta y cebar mates, pero disfrazada de abogada.
Le dije quien era y a lo que venia y dijo que enseguida me atiende el Dr.
Te hacen esperar un poco, como para disimular que están al cuete y al rato me hace pasar.
Me indicó por donde tenia la oficina el Dr. Y entré.
- Buenos días Dr.
- Pase, tome asiento- indicándome la silla y revolviendo los papeles amarillos de viejos que tenia cosidos con hilo choricero sobre el escritorio.
Me acomode y escuche que ya estaba al tanto del problema y haciéndose el simpático me dijo…
- Bueno este tema se puede resolver fácilmente.
- Me parece bien- dije yo, pensando que por fin alguien la tiene clara.
- Con cien litros de Gas Oil, nos olvidamos del tema y no te quedan antecedentes.
- Bueno- le dije- el tema es que yo uso una camioneta naftera. ¿No habrá una posibilidad que en vez de Gas Oil sea nafta?. Aunque sea común no importa…
- No, usted no entiende –me dijo- Usted es el que tiene que pagar cien litros de Gas Oil.
Entonces me puse serio. Estos tipos chuparon algo fuerte a la mañana temprano, pensé. Y allí nomás, haciéndome el caliente le dije que yo no tenia nada que pagar porque no había cometido ningún delito como para una condena semejante y que mas vale que me defendiera como corresponde porque para eso era mi abogado defensor, que no se abusara de mi pobreza porque había recurrido al defensor del estado, porque estaba dispuesto a vender lo que sea para pagar un abogado que le hiciera juicio a él, por incompetencia, si no me defendía como corresponde de mi carnet vencido.
Pidió que me tranquilizara y pregunto si quería declarar, de lo contrario podía negarme, que él me recomendaba no hacerlo y con eso no pasaba nada. Yo, la verdad, no entendía nada. ¿Porque no iba a declarar si tenia razón? Además lo que yo quería era declarar, así le daba trabajo a la gordita y de paso aprovechaba el viaje a Choele, ya que estaba. Me ordeno entonces que volviera al 30 y si tenía ganas de declarar que declare.
A pata, el tipo salio pateando piedritas, o sea yo, de vuelta al 30.
Pregunte por la gordita y me hicieron pasar a una oficina. Me senté al lado de la vieja computadora donde había estado antes y al ratito apareció la gordita.
- ¿Va a declarar?- preguntó.
- Si. –le dije y acomodándome en la silla, saque un cigarrillo y le pedí un cenicero.
- ¿Va a declarar? – Volvió a preguntar la gordita, mirando el reloj que marcaba casi el mediodía y ella seguramente quería tomarse el piojo a seguir descansando en la casa.- ¿El abogado le aconsejo que declare?- indagó.
- No. El me aconsejo que no lo hiciera, pero yo tengo ganas de declarar y voy a declarar – porque se me da la gana pensé, pero no iba a buscar bronca con la gordita que cumplía ordenes.
Cuando dispuso la vieja computadora, me aviso que empiece a declarar lo que había ocurrido la fatídica noche del carnet vencido. Me recomendó que lo hiciera despacio así podía escribir todo como yo lo contara.
Me hice hacia atrás cruzando las piernas, le di una pitada a mi cigarro y empecé…
- Resulta… que yo estaba en mi casa en Beltrán, cuando suena el teléfono. Atiendo y era mi hijo que esta estudiando en Bahía Blanca junto con su hermana y que como tenia unos días libres se venia a casa, por lo que me solicito que lo fuera a buscar a la terminal…
- No son necesarios los detalles.- dijo molesta la gordita.
Pensó que yo le estaba tomando el pelo, entonces le exprese que en realidad yo quería contarle como se sucedieron las cosas para que el juez entienda cuando lea el expediente que yo no iba a buscar un cargamento de drogas a la terminal, no pensaba fugarme, que no tenia intención de causar tantas molestias a la policía y menos a la justicia y mucho menos me había dado cuenta que tenia el carnet vencido.
La cuestión que después de una hora y media termine con mi declaración y la gordita la imprimió para que la firmara.
- Listo –dijo acercándome las cinco hojas de mi declaración- está tal y como usted lo declaró…
- Bueno pero yo acostumbro leer antes de firmar, así que si me disculpa quiero ver que todo este como corresponde a los hechos.
La gordita volvió a mirar el reloj y me apiade de ella y firme al pie de cada hoja.
- Esto es todo –pregunte-
- Si. Después lo va a citar seguramente el juez para que ratifique o rectifique su declaración.
La salude y me fui.
Ahora ustedes piensan… acá termina la historia. Pero no. Error.
Después de dos o tres meses, nuevamente recibo una citación al 30. El día y hora establecido, me presento y me comunican que el fiscal Flores me va a atender en unos minutos. Ya saben, la maniobra de siempre, te acomodas, esperas y cuando ya disimularon bastante, te hacen pasar.
- Buen día Dr.
-Buen día Norberto. Acá tengo el expediente del tema tuyo. Yo creo que con cien litros de Gas Oil arreglamos todo para que no te queden antecedentes. –comento como para que agarre viaje y terminar con el tema ridículo en que lo habían metido, según él, los milicos boludos.
- Yo ya le dije a mi abogado defensor que mi camioneta es naftera y si lo quieren arreglar así que me conformo con nafta común, que la chiva no es delicada.
- Pará que vos no estas entendiendo. El que tendría que poner el Gas Oil sos vos. –como si yo no me hubiera dado cuenta como venia la mano.
Me hacía pero no era.
- ¿Ya me condenaron entonces?. –pregunte-
- No. Esta citación es para que ratifiques o rectifiques todo lo declarado. –mientras iba pasando las cinco hojas de mi escueta declaración.
Le iba a pedir la declaración para revisarla nuevamente y después me dio lastima, ya había visto pasar mi firma en cada una de las hojas y simplemente me limite a decirle que ratificaba todo lo dicho.
- Bueno –dijo Flores- estos pelotudos encima han declarado que rectifican todo lo dicho. Si serán boludos.
Y agrego otros adjetivos, con los que yo estaba totalmente de acuerdo, pero no se lo dije.
Dado por finalizado el acto me despido deseándole buena suerte y que fue un gusto saludarlo.
Después de al menos tres años recibo una notificación del 30 en la que por motivos de caducidad de la causa se me exime de culpa y cargo en los autos caratulados Norberto Pirri s/infracción al art 239 del código penal bla bla.
Esta es la anécdota hasta aquí para todos aquellos que piensan que la policía y la justicia realmente no se ocupan de las cosas importantes que suceden en el Valle Medio.
Deben saber, que es tan vertiginosa en la resolución de los casos de asesinatos, robos a mano armada, tráfico de drogas y otros crímenes menores, que aun les queda tiempo y recursos para destinar varios efectivos y unidades móviles en la captura, detención y posterior procesamiento, a un vecino común sin antecedentes que tiene el carnet vencido. La justicia Señores… anda sobre ruedas, lo que quiere decir que además de ciega, es paralítica

viernes, 30 de octubre de 2009

No creas que siempre lo ves todo...

A veces la apariencia no es todo.
Me levante del banco, estire la chaqueta de mi uniforme de soldado y estudie a la muchedumbre que hormigueaba en el Centro Cívico de Bariloche observando el mejor ángulo para la foto. Buscaba a la chica cuyo corazón conocía, pero cuya cara no había visto jamás, la chica con una rosa en el pelo. Mi interés en ella había empezado trece meses antes en una biblioteca de Bariloche. Al tomar un libro de un estante, me sentí intrigado, no por las palabras del libro, sino por las notas escritas a lápiz en el margen.
Uno escuchó muchas veces anécdotas de la colimba y seguramente muy pocas tienen que ver con mujeres, normalmente uno se acuerda de aquel cabo o sargento que nos pegara un buen baile por dormir en la guardia o por no hacer como corresponde el cuerpo a tierra sobre el barro que deja la nieve.
Recuerdo haber estado tres días en el calabozo de la guardia por quedarme a pasar el primero de año en Las Grutas, pero la playa estaba hermosa y el sol doraba mi piel mientras hacia fiaca panza arriba y miraba las minas que pasaban, unas mas buenas que otras, cruzaba seriamente por mi mente la posibilidad de hacerme desertor.
De todos modos no me quejo, pasaron muchas cosas interesantes en ese año.
Mi carácter extrovertido y calentón siempre me destaco del resto de la tropa, eso me trajo algunos bailes extras y algunos beneficios. Al poco tiempo de haber terminado la instrucción en el campo y habernos instalado en el cuartel, me designaron presidente del club de soldados. De nuestro magro, casi ridículo, sueldo de soldado, nos descontaban unas chirolas para el club. Con eso había que comprar desde pelotitas de ping pong hasta algunos libros, que servían en los momentos de ocio. Mi antecesor en el cargo, un colimba de la 59, se destaco por ser muy conservador y cuando me hice cargo del inventario me encontré con unos cuantos mangos depositados en caja de ahorro en un banco de la ciudad.
Hice una lista de las cosas que hacían falta en el club y el resto decidí invertirlo en algunos libros. Mientras seleccionaba los que pudieran ser de interés me detuve en uno que llamo mi atención por aquellas notas en lápiz. La suave letra reflejaba un alma pensativa y una mente lucida. En la primera pagina del libro, descubrí el nombre de la antigua propietaria del libro, Ana Schumm. Invirtiendo tiempo y esfuerzo, conseguí su dirección.
Ella vivía en Buenos Aires. Le escribí una carta presentándome e invitándola a cartearnos, hoy le hubiera pedido el msn o el celu, pero tengan en cuenta que esto fue en la prehistoria, recuerdo haberme sorprendido con un radiograbador, imagínate, dos en uno, increíble proeza de la tecnología.
Durante el año y el mes que siguieron, ambos llegamos a conocernos a través de la correspondencia. Cada carta era una semilla que caía en un corazón fértil; un romance comenzaba a nacer. Le pedí una fotografía, pero ella se rehusó.
Ella pensaba que si realmente estaba interesado en ella, su apariencia no debía importarme.
Yo la imaginaba de distintas maneras, según las cartas que me escribiera y pensaba si algún día la conocería en persona. Seguramente hoy pasan estas situaciones con aquellas personas que se conocen en un chat del Internet. Pero en esos tiempos todo era mas lento, tan lento como el correo, la vida era mas lenta, quizás por eso se tienen mas recuerdos, hoy todo es tan rápido y efímero como el amor mismo. Te ibas a la cama con alguien después de meses de haberte conocido y hoy se van a la cama a conocerse. Algunas veces escuchas que tuvieron sexo pero no daba para preguntarle el apellido.

Cuando finalmente llego el día en que me daban la baja, fijamos nuestra primera cita a las siete de la tarde en el Centro Cívico de Bariloche.
Ella escribió: "Me reconocerás por la rosa roja que llevare puesta en el pelo." Así que a las siete en punto, estaba en el Centro, buscando a la chica cuyo corazón amaba, pero cuya cara desconocía.
Una joven venia hacia mi, y su figura era larga y delgada. Su cabello rubio caía hacia atrás en rizos dorados; sus ojos eran tan azules como flores. Sus labios carnosos y rosados, dejaban ver una dentadura perfecta, enfundada en su traje verde claro, era como la primavera encarnada. Comencé a caminar hacia ella, olvidando por completo que debía buscar una rosa roja en su pelo. Al acercarme, una pequeña y provocativa sonrisa curvo sus labios.
-¿Hola soldado?- murmuro.
Casi incontrolablemente, di un paso para seguirla y en ese momento vi a Ana Schumm. Estaba parada casi detrás de la chica. Era una mujer de más de cincuenta años, con cabello entrecano que asomaba bajo un sombrero gastado. Era bastante rellenita y sus pies, anchos como sus tobillos, lucían unos zapatos de tacón bajo.
La chica del traje verde se alejaba rápidamente. Me sentí como partido en dos, tan vivo era mi deseo de seguirla y, sin embargo, tan profundo era mi anhelo por conocer a la mujer cuyo espíritu me había acompañado tan sinceramente y que se confundía con el mío. Y ahí estaba ella. Su faz pálida y regordeta era dulce e inteligente, y sus ojos grises tenían un destello cálido y amable. No dude más. Mis dedos se apoyaron en las tapas gastadas de color azul del pequeño libro que haría que ella me identificara.
Esto no seria amor, pero seria algo lindo, algo quizás aun mejor que el amor: una amistad por la cual yo estaba y debía estar siempre agradecido. La salude y le extendí el libro a la mujer, a pesar de que sentía que, al hablar, me ahogaba la amargura de mi desencanto.
-Soy Norberto, y usted debe ser Ana Schumm. Estoy muy contento de que pudiera venir a nuestra cita. ¿Puedo invitarla a cenar?...
La cara de la mujer se ensancho con una sonrisa tolerante.
-No se de que se trata todo esto, muchacho –respondió- pero la señorita del traje verde que acaba de pasar me suplico que pusiera esta rosa en mi pelo. Y me pidió que si usted me invitaba a cenar, por favor le dijera que ella lo esta esperando en el restaurante que esta cruzando la calle.
Dijo que era algo así como una prueba.

No es difícil entender y admirar la sabiduría de Ana Schumm. La verdadera naturaleza del corazón se descubre en su respuesta a lo que no es atractivo. "Dime a quien amas, y te diré quien eres."

miércoles, 28 de octubre de 2009

Carta de una madre a su hijo.

Desde que se empezaron a conocer mis escritos, a muchos vecinos y amigos, les ha entrado el deseo de que se conozcan sus historias también. Algunos me cuentan episodios realmente increíbles y es verdad que la ficción jamás podrá superar a la realidad. Uno puede tener una brillante imaginación, pero les aseguro, al menos en mi pueblo, hemos superado lo imposible.
Hace un tiempo me encontré con un amigo de la infancia, que por motivos de trabajo se fue de Beltrán, en principio me agradeció por hacerle recordar su infancia y después me dio una carta que recibiera de su madre, como para que yo escribiera una historia. Después de haberla leído creo que hay cosas que no deben modificarse, porque son obras de arte y si las retocas es muy posible que la estropees. Me limito entonces a transcribírselas para que la disfruten.

Querido hijo:
Te pongo estas líneas para que sepas que te escribo. Así que si recibes esta carta es porque te llegó, si no, avísame y te la mando de nuevo. Te escribo despacio porque sé que no puedes leer de prisa.
De todos modos te cuento que nos han cortado el te, pero tu padre recién fue hasta la casa del vecino para llamarte desde allí, pero no te preocupes porque llevo nuestro aparato para que no gaste.
El otro día tu padre leyó que según las encuestas, la mayoría de los accidentes ocurren a un kilómetro de casa, así que nos hemos mudado más lejos. La casa es preciosa; tiene hasta una lavadora que no estoy segura si funciona o no. Ayer metí ropa, tiré de la cadena y no he vuelto a ver la ropa desde entonces, pero bueno.
El tiempo aquí no es tan malo; la semana pasada sólo llovió 2 veces.. La primera vez por 3 días y la segunda por 4.
Con respecto a la chaqueta que querías, tu tío Pepe dijo que si la mandábamos con los botones puestos pesaría demasiado y el envío sería muy caro, así que le quitamos los botones y los pusimos en el bolsillo.
El médico vino a la casa para ver si estábamos bien y me puso un tubito de vidrio en la boca. Me dijo que no la abriera por 10 minutos y tu padre se ofreció a comprarle el tubito. Hablando de tu padre, qué orgullo, te cuento que tiene nuevo trabajo con cerca de 1000 personas a cargo. Lo han ocupado de sereno en el cementerio del pueblo.
Tu hermana Julia, la que se casó con su marido, por fin dio a luz, pero como todavía no sé de qué sexo es, no te sé decir si eres tío o tía. Si el bebé es una niña, tu hermana va a nombrarla como yo. Se nos va a hacer muy rarollamar a su hija 'Mamá'.
Tu padre le preguntó a tu hermana Pilar que si estaba embarazada, ella le dijo que sí, de 5 meses ya; pero ahí tu padre le preguntó que si ella estaba segura que era de ella.. La Pilarica dijo que sí. Moza de hierro tu hermana Pilar, qué orgullo, de tal palo tal astilla.
No sabes lo contento que esta desde que tenemos en la Asociación Española, nuestro propio Circulo Italiano.
Por cierto, que tu primo Paco se casó y resulta que le reza todas las noches a la esposa, porque es virgen.
No se si sabias que tu padrino se ahogó en la cooperativa de vino en un tanque de Reserva Choele Choel, varios hombres trataron de salvarlo, pero él luchó valientemente contra ellos. Tardaron 3 días en apagar el fuego cuando lo cremamos.
Debo decirte que el tío Noé esta cada día mas bruto, lo encontré el otro día y le pregunte como anda eso y de muy mala manera me respondió que no sabe, que el vende YPF
A quien nunca hemos visto más por aquí es al tío Venancio, el que murió el año pasado.
Y tu hermano Juancho no puede ser mas despistado… Cerró el coche y dejó las llaves adentro cuando lo acompañe a comprar una batería porque le dijeron que tenía que traer la vieja. Tuvo que ir hasta la casa a buscar el duplicado para poder sacarme de adentro del auto.
Todos te extrañamos mucho, pero mucho más desde que te fuiste. Tienes que escribirnos contándonos que tal te va con tu nueva novia extranjera, no sabes como nos pusimos de contentos cuando nos dijiste que estabas en la cama con Hepatitis, ¿es acaso griega? pues no nos lo aclaraste aún.
Bueno mi hijo, no te pongo mi dirección en la carta, porque no la sé. Resulta que la última familia gallega que vivió por aquí se llevó los números para no tener que cambiar de domicilio.
Esta carta te la mando por Manolo que va mañana por allí. A propósito, ¿puedes ir a buscarlo a la terminal?
Si ves a Doña Remedios, dale saludos de mi parte; si no la ves, no le digas nada.
Tu madre que te quiere.

Isabel Martines de Hernández

P.D. Te iba a mandar 100 pesos, pero ya he cerrado el sobre.

domingo, 4 de octubre de 2009

Cuando apagas mas de 40 velitas.

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.
No hace tanto mi mujer lavaba los pañales de los chicos. Los colgaba en el tendal junto a otra ropita; los planchaba, los doblaba y los preparaba para que los volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas tengan sus propios hijos se encargaran de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales). ¡Se entregaron con patas y todo a los desechables!
Si, ya sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así andamos aun por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores. Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban como podían con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad.
¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por donde se entra.
Lo más probable es que lo de ahora está bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.
¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo los envases de tergopor del helado para guardar cositas! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!
Es que vengo de un tiempo en que las cosas se compraban para toda la vida.
¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza. Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.
¡Nos están fastidiando!¡¡Yo los descubrí. Lo hacen a propósito!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.
¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las Nike?
¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa?
¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?
¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se desecha y mientras tanto producimos más y más basura.
El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.
El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era chico por mi casa no pasaba el basurero!!¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de 50 años! .Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los chanchos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII). No existía el plástico ni el nylon.
La goma solo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan. Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban.
De por ahí vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el "guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo" pasarse al "compre y tire que ya se viene el modelo nuevo".
Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y la misma camioneta.
Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.
Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?
¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con que se consiguieron?
En casa tenemos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón es para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardamos...
¡¡Como guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡Guardábamos las chapitas de las gaseosas! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela.
¡Tooodo guardábamos!
Las cosas que usábamos: camisas de faroles, ruleros, jeringas y agujas. Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carretéeles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón. Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar.
Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón.
Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor. Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables.
Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del pateé de foad, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que una rosa.
Las cosas no eran desechables. Eran guardables.
¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver!!. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne! Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos.
Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con que intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía "este es un 4 de bastos".Los cajones guardaban pedazos izquierdos de perchas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una percha.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden "matarlos" apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada. Ni a Walt Disney.
Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: "Cómase el helado y después tire la copita", nosotros dijimos que sí, pero, ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas.
Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, los pistones del jeep en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella. Y me muerdo para no comparar valores que se desechan y los que preservábamos. Ah ¡ No lo voy a hacer!
Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable. Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.
Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer.
No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los viejos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.
Esto sólo es un comentario que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva.
Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la bruja me gane de mano y sea yo el entregado.

EL DIA QUE SARA CONOSCA A WALTER

El invierno ya daba sus últimos estertores, cuando Walter entro en aquel restaurante de renombre.
Un viejo cartel de madera en el fondo del local, como un homenaje a su fundador, iluminado apenas con dos faroles de jardín, indicaba que estaba en el lugar correcto.
Le habían dicho que en el restauran del alemán Shulember, encontraría lo ideal para calmar su apetito. Tomo una mesa junto a la ventana y aprovechando la luz natural de aquel día de primavera, se dispuso a hojear detenidamente el menú que estaba dispuesto en cada una de las mesas. Pensó que era el tiempo justo de cambiar su dieta de carnes.
Después de decidir por uno de aquellos manjares de vegetales perfectamente descritos, se quedo mirando el patio donde las rosas multicolores se combinaban con enormes cipreses que daban al lugar una hermosa vista que invitaba a la relajación. Sus cotidianos problemas con los cultivos y el clima que lo tenían preocupado fueron dando paso a una hermosa sensación de paz y tranquilidad.
Se sorprendió cuando una voz femenina lo rescato de sus pensamientos preguntándole si ya tenía decidido su pedido.
Una hermosa mujer de ojos tristes y de sonrisa fingida, parada junto a su mesa, esperaba distraídamente su respuesta mirándolo fijamente a los ojos. Después de tomar nota, la vio dirigirse a donde supuestamente se encontraba la cocina.
Pasaron escasos minutos y no pudo retirar sus ojos de aquella mujer que se acercaba con su comida en una bandeja.
- Mi nombre es Sara –dijo como respondiendo al interrogante de aquella mirada- Si desea algo, por favor, solo llámeme por mi nombre.
Dejo en la mesa lo que traía.
Walter no podía disimular que se sentía atraído por Sara. Bebió un pequeño sorbo de la gaseosa dietética y antes que se retire se animo a pedirle -viendo que era el único cliente del lugar- si podía compartir su mesa, que no estaba acostumbrado a comer solo y que se sentiría muy a gusto si charlaba con él. Sin decir nada, Sara dejo la bandeja en la mesa mas cercana y se sentó. Walter agradeció mientras retomaba el lugar en su silla después de amagar levantarse a modo de cortesía.
- ¿Usted no hace mucho que ha venido al pueblo? –pregunto Sara demostrando algún interés que Walter noto rápidamente.
Pero imaginó que aquel interés seguramente lo tendría con todos los clientes del lugar y que seria parte de las atenciones que lo habían hecho famoso.
Walter contó su historia reciente en el pueblo y se interesó por la vida de Sara.
Eso la sorprendió. A los clientes les gustaba hablar de sus proyectos y su vida pasada.
Ninguno se había interesado por la vida de la mesera. Se sintió alagada.
Cuando llego la hora del postre ya eran amigos. Conocían sus gustos y sus temores, algunos compartidos, como la lectura. Mientras compartían el café comentaron las novelas que estaban leyendo. Y Sara se lo imagino en el claustro junto a la chimenea, acortando las largas noches de invierno.
A la hora de pagar Walter no pudo disimular su perturbación. Dejo el dinero sobre la mesa y se despidió de Sara rápidamente con la promesa de volver otro día porque todo había estado a su gusto, la comida y fundamentalmente la conversación.
Cuando estaba girando sobre sus pasos para irse, Sara le dijo que no era necesaria la propina, que con los trece pesos de la cuenta era suficiente.
No la escucho y se fue. Sara se encogió de hombros y se dispuso a terminar la tarea del día mientras recorría en su memoria las compras para el siguiente. Cuando se percato que era viernes, miro la puerta por donde algunos momentos antes había salido aquel personaje. Después de haberle comentado muchas cosas de su vida, tomo conciencia que ni siquiera sabía su nombre.
Retomo el trabajo pero no pudo quitar de su mente aquel hombre amable con el que se sintió tan importante y su imaginación comenzó a tejer diversas historias posibles que fueran responsables de la superstición del cliente.
No pudo menos que sonreír por las contradicciones de los hombres.
De un golpe desplazo el carro de su vieja Olivetti y continúo transcribiendo el texto que le habían encomendado. El sol se desplomaba detrás de los cipreses, el aroma de las rosas penetraba desde el jardín y se dispuso a tomar un merecido descanso. Estiro sus dedos adoloridos y cerro los ojos.
Walter entro al restauran tomo una mesa junto a la ventana y aprovechando la luz natural de aquel día de primavera, se dispuso a hojear detenidamente el menú que estaba dispuesto en cada una de las mesas…